En el rincón de los deseos humanos hay uno que todos
compartimos. Olvidar a placer los hechos o las personas que nos han causado
sufrimiento. Apartar a voluntad el recuerdo que maldecimos para aquietar el
dolor que penetra en nuestro presente. La íntima esperanza sería gozar de una
memoria selectiva, de una capacidad de olvidar deliberadamente.
En realidad, el pasado acaba convirtiéndose en una construcción subjetiva de
conceptos, una película de gran imaginación creativa que rellena las lagunas que
surgen a base de embellecedoras florituras o sobrecargada victimización. ¿Merece
el pasado tanto crédito como para permitirle que nos persiga hasta el presente
siendo que es, a fin de cuentas, la resultante de una mejor o peor memoria,
aderezada con juicios personales, miedo, culpa y lo que debería haber sido y no
fue? ¿Tanto poder hay que adjudicar al pasado? ¿Realmente habrá que hacer
esfuerzos para recordar? ¿Cómo podemos saber si lo que recordamos es real? ¿Cómo
saber si no son falsos los recuerdos? ¿No sería mejor vivir con plenitud el
presente y tratar de olvidar tristes evocaciones? Estas preguntas están causando
controversia entre los estudiosos de la psicología y la neurología.
Cierto es que algunos recuerdos traumáticos del pasado pueden atormentar a
algunas personas que no pueden desvincularse de la emoción que sintieron durante
el evento. Son los que sufren el llamado estrés postraumático. Hay soluciones
terapéuticas en las que rememorar puede producir un reprocesamiento del trauma y
una atenuación de las emociones asociadas. La emoción unida al hecho traumático
ha quedado grabada en la memoria como una muesca en un disco rayado que hay que
reparar reviviendo el evento en la sesión de terapia.
Olvidar es útil y necesario
Es imposible hablar del recuerdo sin mencionar la contraparte, el olvido. Parece
ser que olvidamos mucho más de lo que recordamos. El olvido no es algo negativo
y es un fenómeno completamente natural. Si se recordara cada minuto de cada hora
de cada día durante la vida entera, sin tener en cuenta la relevancia del
recuerdo, estaríamos buscando continuamente lo importante en medio de
menudencias.
El olvido se define como la pérdida de información en el tiempo. En la mayoría
de las situaciones, recordamos mejor la información poco después de recibirla
que tiempo después. Con el paso del tiempo, se pierde parte de la información.
Es un hecho frecuente que falle la memoria cuando se necesita, lo cual es una
molestia, no hay duda. No obstante, el olvido permite poner al día y actualizar
el contenido de la memoria. Cuando recibimos un nuevo número de teléfono,
tenemos que olvidar el anterior para recordar el nuevo. Si aparcamos el coche
todos los días en un gran aparcamiento, tendremos que recordar dónde aparcamos
hoy y no ayer o anteayer. Por eso, el olvido tiene una función útil y
adaptativa.
El proceso
Durante el último siglo han surgido y se han ido perfeccionando muchas
explicaciones teóricas sobre cómo se producen la memoria y el olvido.
Como resumen de ellas, se sabe que a veces el olvido ocurre porque algo de la
información que nos entra no llega nunca a alcanzar el almacén de la memoria a
largo plazo; en otras ocasiones, esta sí llega, pero se disipa antes de fijarse;
otras veces, simplemente se desdibuja por falta de uso en el tiempo; es posible
que estemos programados para borrar datos que no son relevantes para nuestra
vida.
Borrado por desuso
Esta es una de las teorías más antiguas sobre el olvido (Ebbinghaus) y afirma
que olvidamos cuando no utilizamos la información. Con el paso del tiempo, si
los recuerdos no son evocados o usados ocasionalmente, tienden a desvanecerse
gradualmente hasta desaparecer por completo. La teoría ha sido reformulada más
recientemente por Bjork y Bjork, quienes consideran que el olvido es algo útil y
adaptativo. Proponen que el recuerdo que no es relevante para los planes de una
persona en tiempo presente pierde su fuerza de recuperación, es decir, es más
difícil a acceder a él. No obstante, afirman que la información que no se usa
sigue almacenada de alguna forma en la mente. El fallo en esta teoría es que se
ha demostrado que incluso los recuerdos que no han sido evocados pueden ser
notablemente estables en la memoria a largo plazo.
Cruce de antiguos y recientes
Esta teoría sobre el olvido surgió como alternativa a la explicación del olvido
por desuso. Sostiene que olvidamos la información porque otros recuerdos
dificultan o interfieren con su recuperación del almacén de memoria.
Es más probable que ocurra la interferencia cuando los recuerdos son muy
similares a los de la antigua información.
Algunas veces son los recuerdos nuevos los que dificultan la recuperación de los
pasados (interferencia retroactiva), y otras veces los viejos recuerdos
interfieren en la recuperación de los más recientes (interferencia proactiva).
Sólo los detalles necesarios
También suelen olvidarse aquellas cosas que nunca entraron en la memoria a largo
plazo. Son los fallos de fijación o codificación. Existe un experimento conocido
en el que los investigadores solicitan a los participantes que identifiquen la
moneda correcta de entre un grupo de monedas incorrectas. Pongamos un euro, por
ejemplo: un euro correcto de entre una serie de euros incorrectos. Si intentamos
dibujar una moneda de euro de memoria y comparamos el dibujo con un euro real,
veremos que probablemente nos acordamos del tamaño y el color, pero no
recordamos los detalles menores. La razón por la que esto sucede es que fijamos
solamente los detalles necesarios para distinguir el euro de otras monedas que
tenemos grabadas en la memoria.
Olvidos motivados
En ocasiones, el olvido es algo activamente buscado, especialmente el de los
recuerdos traumáticos de experiencias pasadas. Existen dos formas de olvido
motivado: la supresión, una forma consciente de olvidar, y la represión, una
forma especialmente explicada por el psicoanálisis en la que el olvido no es
consciente.
No todos los psicólogos coinciden en el concepto de recuerdo reprimido. Uno de
los problemas que surgen es que es difícil, por no decir imposible, estudiar
científicamente si un recuerdo ha sido reprimido. Como la actividad de ensayar y
recordar es algo importante para el fortalecimiento de la memoria, y los
recuerdos dolorosos no suelen ser objeto de estas actividades, no es extraño que
se puedan desvanecer con el tiempo.
Recordar para olvidar
Si nos fuera posible seleccionar los recuerdos que convendría hacer desvanecer,
por ejemplo en el ámbito de una terapia, habría que priorizar las memorias
traumáticas que aún causan temor y que persisten en la memoria de un modo total
o parcial, causando pesadillas, imágenes intrusas del pasado o reacciones
fisiológicas de ansiedad. Estos son los contenidos de la memoria que hay que
volver a procesar para que se puedan borrar. Por eso, muchas personas que sufren
trastorno por estrés postraumático sólo pueden sentirse mejor al volver a
recrear la penosa situación que vivieron y las emociones que sintieron en aquel
momento. De este modo, la muesca en el disco rayado puede volver a repararse.
Una importante razón para recordar lo que sucedió es la reducción del miedo
unido al hecho. Los recuerdos del trauma no son peligrosos para nadie aunque
puedan sentirse así. La confrontación con el recuerdo en un entorno seguro –como
escribir sobre él, describirlo en voz alta, dibujarlo– contribuye a trabajar o
procesar el suceso traumático. También actúa reintegrándolo al pasado. La
práctica de evitar el recuerdo continuamente, junto a los sentimientos de dolor,
miedo, rabia, depresión, vergüenza y autoflagelación relacionada, lo mantiene
vigente en el presente. A través del proceso de recordar, es posible entender lo
que ocurrió. Sentir rabia por lo que pasó. Recordar, pero sintiendo que no hay
peligro, otorga una sensación de control sobre la experiencia y el terror
experimentado.
Las terapias basadas en recuperar el recuerdo deben administrarse con ciertas
salvedades. Donald Meichenbaum, uno de los fundadores de la psicología cognitivo
conductual, advierte sobre algunos puntos:
-Recordar es un proceso reconstructivo, no una reproducción literal de una
experiencia pasada. Se olvida más que lo que se recuerda.
-Los recuerdos pueden estar influidos y distorsionados por el curso del tiempo.
-Al reconstruir la memoria no se reproducen todos los detalles.
-En ocasiones, es posible estar seguro de recuerdos inexactos y erróneos.
-No es necesario recordar todo sobre un suceso traumático exactamente como
sucedió. Lo que es importante es recobrar información para volver a procesar la
memoria. Sólo hay que situar el recuerdo y sus emociones, sensaciones corporales
y pensamientos acompañantes en el pasado, que es donde deben estar.
Memoria selectiva
No todos los recuerdos del pasado son traumáticos, mucho son simplemente tristes
o cargados de resentimiento. No siempre una evocación negativa nos remueve el
cuerpo/mente como para iniciar una terapia. Los malos recuerdos pueden ser
reconvertidos y reinterpretados de forma que contribuyan al crecimiento
personal. Una persona saludable es aquella que es consciente de que ocurren
infortunios en la vida de todos. Sabe mantener el equilibrio al hallar los
beneficios y el significado que estos puedan revelar. Despliega habilidades para
afrontar la adversidad de un modo realista aprovechándola para el propio
crecimiento.
Una primera forma de ayudarse a sí mismo a borrar los malos recuerdos sería
aprovechar los propios mecanismos de la memoria y el olvido; sólo habría que
utilizarlos a nuestro favor:
• Dejar de recrear los malos recuerdos mediante conversaciones, pensamientos
victimizadores, de modo que vayan decayendo por desuso.
• Permitir el paso a las nuevas experiencias del presente con el fin de que
sustituyan las tristes experiencias anteriores.
• No investigar ni intentar rememorar los detalles de los recuerdos para que no
se fijen en la memoria a largo plazo.
• Y por último, decidir conscientemente lo que se desea o no olvidar.
Otra técnica propuesta por Babette Rothschild en su libro The Body Remembers
(2000) es el aprendizaje de la conciencia dual (dual awareness). La finalidad de
esta técnica es observar y trabajar sobre el recuerdo mientras la persona se
reafirma que está segura en el momento presente. Esto contribuye a ver la
experiencia pasada desde la persona que observa y la persona que experimenta.
Ejercicio:
1. Recuerde algún acontecimiento pasado que le afecte negativamente. Algo que le
ponga ansioso o le provoque malestar. ¿Qué nota en su cuerpo? ¿Qué les pasa a
sus músculos? ¿Cómo respira? ¿Se altera el corazón? ¿Le cambia la temperatura?
2. Ahora vuelva a concentrarse en el sitio donde se encuentra ahora. Fíjese en
el color de las paredes, la alfombra, la temperatura, los olores. ¿Ha cambiado
la respiración a medida que cambia el tema de atención?
3. Ahora trate de mantener la concentración en el momento presente mientras
evoca ese recuerdo desagradable. ¿Puede lograr mantener la conciencia del lugar
donde está físicamente mientras rememora?
4. Termine el ejercicio manteniendo su conciencia enfocada en el entorno actual.
Lo único real es el presente. Muchas veces la elección de estar plenamente en el
ahora es lo único que se necesita para recobrar la serenidad y tan sólo se
requiere optar por ello. Elegir el presente es la opción de renovarse día a día,
resetearse cada mañana para ver el mundo siempre nuevo, salido de fábrica, y
como algo eterno que estaba antes y estará después de nosotros.