Depresión: Lo que toda mujer debe saber La depresión es una enfermedad incapacitante. Ocurre tanto en mujeres
como en varones, pero la tasa de incidencia en la mujer es casi el doble que en
el hombre.1
Actualmente, se siguen realizando estudios para investigar si las
características particulares de la mujer--factores biológicos, ciclo de vida,
aspectos psicosociales--pueden ser causas de la alta incidencia de depresión en
las mujeres. La depresión afecta a cada persona de una manera diferente. Muchas
personas solamente manifiestan algunos de los síntomas, los que pueden variar en
severidad y duración. Para algunos, los síntomas se manifiestan en episodios
cortos; para otros, los síntomas pueden durar por mucho tiempo si no se obtiene
tratamiento. Tener algunos síntomas de depresión no significa que una persona
está deprimida clínicamente. Por ejemplo, es normal que quien haya perdido un
ser querido se sienta triste y no muestre interés en las actividades cotidianas.
Si estos síntomas persisten por un período largo, entonces se puede sospechar
que la tristeza se ha convertido en depresión. De igual manera, vivir con el
estrés de la posibilidad de perder el empleo, de exceso de trabajo, o de
problemas económicos o familiares, puede causar irritabilidad y "bajas" en el
estado de ánimo. Hasta cierto punto, sentirse así es simplemente parte de la
vida. Pero si la persona siente estas cosas por mucho tiempo y con mayor
intensidad, y llega a afectarse también su vida cotidiana, entonces lo que
parecía ser un cambio en estado de ánimo puede haberse convertido en una
condición clínica. Si de tres a cinco o más de los siguientes síntomas persisten por más de 2
semanas (1 semana en el caso de la manía), o si interfieren con el trabajo o la
vida familiar, el paciente debe obtener una evaluación diagnóstica exhaustiva.
Esta evaluación debe incluir un examen físico completo y la historia familiar.
No todas las personas con depresión manifiestan todos estos síntomas. La
severidad de los síntomas varía de persona a persona. Existe un mayor riesgo de padecer de depresión clínica cuando hay una
historia familiar de la enfermedad, lo que indica que se puede haber heredado
una predisposición biológica. Este riesgo es algo mayor para las personas con
trastorno bipolar. Sin embargo, no todas las personas que tienen una historia
familiar tendrán la enfermedad. Además, la depresión grave también puede ocurrir
en personas que no tienen ninguna historia familiar de la enfermedad. Esto
sugiere que hay factores adicionales que pueden causar la depresión, ya sean
factores bioquímicos, o ambientales que producen estrés, y otros factores
psicosociales. Se ha demostrado que la bioquímica del cerebro juega un papel significativo
en los trastornos depresivos. Se sabe, por ejemplo, que las personas con
depresión grave típicamente tienen desequilibrios de ciertas substancias
químicas en el cerebro, conocidas como neurotransmisores. Además, los patrones
de sueño, que se ven afectados por la bioquímica del organismo, son generalmente
diferentes en las personas que tienen trastornos depresivos. La depresión puede
ser inducida o aliviada con ciertos medicamentos, y algunas hormonas pueden
alterar los estados de ánimo. Lo que aún no se sabe es si el "desequilibrio
bioquímico" de la depresión tienen un origen genético o es producido por estrés,
por un trauma, o por una enfermedad física u otra condición ambiental. Los siguientes se han definido como factores que contribuyen a la depresión:
la pérdida de un ser querido, problemas en una relación, problemas económicos, o
un cambio significativo en la vida. A veces el comienzo de la depresión ha sido
asociado con el de una enfermedad física aguda o crónica. Además,
aproximadamente una tercera parte de las personas con cualquier tipo de
trastorno depresivo también exhiben de alguna manera un trastorno de alcoholismo
o farmacodependencia.7
Las personas con ciertas características tales como pesimismo, baja
autoestima, sensación de falta de control sobre las circunstancias de la vida y
tendencia a la preocupación excesiva son más propensas a padecer de depresión.
Estos atributos pueden resaltar el efecto de las situaciones de estrés o
interferir con la capacidad de enfrentarlas o reponerse de las mismas. La
crianza y las expectativas relacionadas con el sexo femenino pueden contribuir
al desarrollo de estos rasgos. Aparentemente, los patrones de pensamiento
negativo típicamente se establecen en la niñez o adolescencia. Algunos expertos
han sugerido que la crianza tradicional de las niñas puede fomentar estos rasgos
y posiblemente es un factor determinante en la alta incidencia de depresión en
la mujer. El número de mujeres que sufren de depresión grave y
distimia es el doble que el de los hombres. Esta proporción de dos a
uno no depende de factores raciales o culturales ni de la situación económica.
La misma proporción existe en otros diez países del mundo.11
El mismo número de hombres y mujeres padecen de trastorno
bipolar (maniaco-depresión), pero las mujeres típicamente tienen más
episodios depresivos y menos episodios de manía. Asimismo, un número mayor de
mujeres padece de una variedad de ciclos rápidos del trastorno bipolar, que
puede ser más resistente al tratamiento estándar.5
Se sospecha que una variedad de factores únicos en la vida de la mujer juegan
un papel muy importante en la depresión. La investigación hoy en día se
concentra en entender estos factores, que incluyen: factores reproductivos,
hormonales, genéticos o biológicos; el maltrato y la opresión; factores
interpersonales; y ciertas características psicológicas y de personalidad. Aun
así, las causas específicas de la depresión en la mujer no son claras, ya que
muchas mujeres que han sido expuestas a estos factores no sufren de depresión.
Lo que sí está claro es que independientemente de los factores que contribuyen a
la misma, la depresión es una enfermedad para la cual disponemos de varios
tratamientos eficaces. Los investigadores se están concentrando en las siguientes áreas al estudiar
la depresión en la mujer: Antes de la adolescencia, casi no hay diferencia en la incidencia de
depresión entre los niños y las niñas. Pero entre las edades de 11 y 13 años hay
un alza precipitada en la incidencia de depresión en las niñas. Al llegar a los
15 años, las mujeres tienen una probabilidad dos veces mayor que los varones de
haber experimentado un episodio depresivo serio.2
Esto ocurre en un momento durante la adolescencia en el que los roles y las
expectativas cambian drásticamente. Los factores de estrés durante la
adolescencia incluyen la formación de una identidad, la sexualidad en
desarrollo, la separación del adolescente de los padres, y la toma de decisiones
por primera vez. Todo esto se suma a otros cambios físicos, intelectuales y
hormonales. Estos factores de estrés son generalmente diferentes para los
varones, y en las mujeres pueden estar relacionados con la mayor incidencia de
depresión. Hay estudios que demuestran que durante el bachillerato las niñas
tienen tasas de incidencia más altas de depresión, trastornos de ansiedad,
trastornos de alimentación, y trastornos de desajuste emocional que los varones.
Los hombres, por otro lado, presentan una tasa más alta de trastornos de
comportamiento disruptivo.6
El estrés en general puede contribuir a la depresión en las personas que
estan predispuestas biológicamente a la enfermedad. Algunos investigadores
proponen la teoría de que la alta incidencia de depresión en la mujer no se debe
a una mayor vulnerabilidad, sino a las situaciones de estrés que muchas mujeres
enfrentan. Estos factores de estrés incluyen las responsabilidades primordiales
en el hogar y el trabajo, ser madre soltera, el cuidado de los niños y padres
ancianos. No se entiende todavía del todo de que manera estos factores afectan
específicamente a la mujer. Tanto en las mujeres como en los hombres, la incidencia de depresión grave es
mayor para los separados y divorciados, y menor para los casados; pero mayor
para las mujeres en ambos casos. La calidad de un matrimonio, sin embargo, puede
contribuir significativamente a la depresión. Se ha demostrado que la falta de
una relación de intimidad y confianza, en combinación con problemas maritales
graves, están relacionados con la depresión en la mujer. De hecho, se demostró
que las tasas de incidencia de depresión más altas son en las mujeres con
matrimonios infelices. Estos incluyen el ciclo menstrual, el embarazo, el puerperio, la
infertilidad, la menopausia y, a veces, la decisión de no tener hijos. Estos
acontecimientos causan fluctuaciones en el estado de ánimo y en algunas mujeres
incluye la depresión. Los investigadores han confirmado que las hormonas afectan
las substancias químicas del cerebro que controlan las emociones y los estados
de ánimo. No se conoce hasta el momento, sin embargo, ningún mecanismo biológico
específico que explique la acción de las hormonas en este proceso. Muchas mujeres experimentan ciertos cambios físicos y de comportamiento
asociados con las distintas fases del ciclo menstrual. En algunas mujeres, estos
cambios son severos, ocurren regularmente, e incluyen estados de depresión,
irritabilidad, y otros cambios emocionales y físicos. Estos cambios, conocidos
como síndrome premenstrual o trastorno disfórico
premenstrual, típicamente comienzan luego de la ovulación y
gradualmente se intensifican hasta que comienza la menstruación. Los científicos
están explorando cómo el ciclo de altas y bajas, en la concentración del
estrógeno y otras hormonas, pueden afectar los procesos químicos del cerebro
relacionados específicamente con los trastornos depresivos.10
Las fluctuaciones en el estado de ánimo durante el
puerperio pueden variar desde "bajas" pasajeras del estado de ánimo que
ocurren inmediatamente después del parto, hasta episodios de depresión grave que
se transforman en depresiones severas, discapacitantes y psicóticas. Hay
estudios que sugieren que las mujeres que experimentan depresión grave luego del
parto a menudo han tenido episodios previos de depresión, aunque éstos pueden no
haber sido diagnosticados y la paciente no haber recibido tratamiento. El embarazo (si es deseado) raramente es un
factor contribuyente a la depresión, y el aborto no parece aumentar la
incidencia de la depresión. Las mujeres que tienen problemas de infertilidad
pueden experimentar extrema ansiedad o tristeza, pero no se ha determinado si
esto contribuye al aumento de la incidencia de la depresión. Además, la etapa de
ser madre puede ser una de alto riesgo para la depresión por el estrés y las
exigencias que conlleva. La menopausia, en general, no representa un
aumento en el riesgo de la depresión. De hecho, hay estudios que han demostrado
que la depresión durante la menopausia, aunque anteriormente se consideró como
un trastorno específico, no es diferente a la de otras edades. Las mujeres más
propensas a sufrir de depresión durante esta etapa son aquellas con un historial
de episodios depresivos previos. En cuanto a la depresión en general, la tasa prevalente de depresión entre
las mujeres de origen africano e hispano sigue siendo el doble de la de los
hombres del mismo origen. Hay ciertos factores, sin embargo, que indican que la
depresión grave y la distimia probablemente se diagnostican con menos frecuencia
en las mujeres afroamericanas y con un poco más frecuencia en las hispanas que
en las mujeres caucásicas. La información de prevalencia para otros grupos
raciales y étnicos no es definitiva. Los síntomas se pueden presentar de manera distinta, y esto puede influir el
que se reconozca y diagnostique la depresión en las minorías. Por ejemplo, los
afroamericanos son más propensos a quejarse de síntomas somáticos, como el
cambio de apetito y los malestares y dolores en el cuerpo. Además, la manera en que las personas perciben los síntomas de la depresión
depende de su cultura. Tales factores deben ser considerados al trabajar con
mujeres de distintos orígenes étnicos. Hay estudios que demuestran que las mujeres que fueron acosadas o maltratadas
sexualmente en su niñez tienden más a sufrir de depresión clínica en algún
momento de su vida en comparación con las que no tuvieron esa experiencia.
Además, varios estudios muestran una mayor incidencia de depresión entre las
mujeres que fueron violadas en la adolescencia o en la edad adulta. Estas
observaciones son muy importantes, ya que más mujeres que hombres han sido
víctimas del abuso sexual en la niñez. Las mujeres que han sido víctimas de
otras formas comunes de maltrato, como el maltrato físico o el acoso sexual en
el trabajo, pueden también tener una mayor incidencia de depresión. El maltrato
puede llevar a la depresión porque baja la autoestima y causa tristeza,
culpabilidad y aislamiento social. Es posible que existan factores de riesgo
para la depresión de tipo biológico y ambiental, como la crianza en una familia
disfuncional. Se necesita más investigación para entender si la victimización
está específicamente ligada a la depresión. Las mujeres y los niños representan el setenta y cinco porciento de la
población que vive en situación de pobreza en los EE.UU. La pobreza trae consigo
muchos factores de estrés como el aislamiento, la incertidumbre, los
acontecimientos negativos frecuentes y el poco acceso a los recursos de ayuda.
La tristeza y la falta de entusiasmo son comunes entre las personas de ingresos
bajos y entre aquéllas que no tienen apoyo social. Pero las investigaciones no
han establecido todavía si la depresión es más prevalente entre las personas que
enfrentan estos factores ambientales de estrés. Hace algún tiempo, se pensaba que las mujeres eran particularmente
susceptibles a la depresión cuando los hijos se iban de la casa y ellas
enfrentaban el "síndrome del nido vacío", sintiendo una pérdida profunda de
propósito e identidad. Sin embargo, los estudios científicos no demuestran un
aumento de depresión en las mujeres en esta etapa de la vida. Al igual que en los grupos más jóvenes, más mujeres que hombres padecen de
depresión en la vejez. Similarmente, en todas las edades, el no estar casado
(incluyendo la viudez) es un factor de riesgo para la depresión. Lo más
importante es que la depresión no se debe considerar como una consecuencia
normal de los problemas físicos, sociales y económicos que se enfrentan en la
tercera edad. De hecho, hay estudios que muestran que la mayoría de las personas
adultas se sienten satisfechas con su vida. Aproximadamente 800,000 personas quedan viudas cada año. En su mayoría estas
personas son mujeres de mayor edad, y presentan un cuadro de síntomas depresivos
bien variado. La mayoría no necesita tratamiento, pero aquellas con tristeza
moderada o severa parecen mejorarse al asistir a grupos de apoyo o recibir otros
tratamientos psicosociales. Sin embargo, una tercera parte de las personas
viudas, sean hombres o mujeres, tienen un episodio de depresión grave en el
primer mes luego de la muerte del cónyuge, y la mitad de éstas permanecen
clínicamente deprimidas por un año. Estos trastornos depresivos responden al
tratamiento con antidepresivos, pero todavía se está investigando cuándo es el
mejor momento para comenzar la terapia y cómo se deben combinar los medicamentos
con tratamientos psicosociales.
4,8
Hasta la depresión grave responde muy bien al tratamiento. De hecho, parte de
la sensación de desamparo que acompaña la depresión grave es pensar que la
condición que uno tiene es "incurable". A las personas que así piensen se les
debe proporcionar la información disponible sobre la eficacia de los
tratamientos modernos de una manera que se reconozca el escepticismo que
sienten. Al igual que con cualquier otra enfermedad, mientras más pronto se
comienza el tratamiento, más eficaz puede ser y es más alta la probabilidad de
prevenir recaídas graves. Claro está, el tratamiento no elimina los inevitables
factores de estrés de la vida, ni las altas y bajas. Pero ayuda muchísimo a la
capacidad de enfrentar esos desafiós y logra que se disfrute más de la vida. El primer paso en el tratamiento de la depresión debe ser un examen físico
completo para asegurarse que no existe ninguna condición física que cause los
síntomas depresivos. Ciertos medicamentos tienen efectos secundarios que son
iguales a los síntomas de la depresión, por lo que se debe informar al médico
sobre cualquier medicamento que el paciente esté tomando. Si no se descubre
causa física alguna de la depresión, entonces el médico debe conducir una
evaluación psicológica o remitir el paciente a un profesional de la salud
mental. Los tratamientos más comúnmente usados para la depresión son los
antidepresivos, la psicoterapia, o una combinación de ambos. La naturaleza y
severidad de la depresión, y hasta cierto punto la preferencia individual,
determinarán cuál de estas opciones de tratamiento es la apropiada. Para la
depresión leve o moderada, uno o ambos de estos tratamientos pueden ser
beneficiosos. Mientras que para la depresión grave o discapacitante se
recomienda como primer paso el uso de medicamentos.3
En el tratamiento combinado, los medicamentos pueden aliviar los síntomas
rápidamente, mientras que la psicoterapia le enseña a la persona maneras más
eficaces de enfrentar los problemas. Existen varios tipos de antidepresivos que se usan en el tratamiento de los
trastornos depresivos. Entre estos se encuentran medicamentos nuevos,
principalmente los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina
(ISRS), los antidepresivos tricíclicos y los inhibidores de la monoamina oxidasa
(IMAO). Los ISRS y demás medicamentos nuevos que afectan los neurotransmisores,
como la dopamina o noradrenalina, generalmente tienen menos efectos secundarios
que los antidepresivos tricíclicos. Cada uno toma distintas rutas químicas al
cerebro que están relacionadas con los estados de ánimo.
Los antidepresivos no son adictivos. Aunque algunas personas se sienten
mejor en las primeras semanas del tratamiento, los antidepresivos tienen que
tomarse con regularidad por al menos 4 semanas, en algunos casos por 8, antes de
que su efecto terapéutico sea completo. Para ser eficaces y prevenir una
recaída, los medicamentos tienen que tomarse durante 6 a 12 meses, siguiendo
cuidadosamente las instrucciones del médico. La administración de medicamentos
debe vigilarse de cerca para asegurar que el paciente esté tomando la dosis más
eficaz y para minimizar los efectos secundarios. En el caso de las personas que
han tenido ya varios episodios de depresión, la manera más eficaz de prevenirlos
es mediante tratamiento con antidepresivos a largo plazo. El médico que receta el medicamento le dará al paciente la información sobre
los posibles efectos secundarios y, en el caso de los IMAO, sobre las
restricciones de la dieta y de otros medicamentos. Además, hay que tomar en
cuenta cualquier otro medicamento recetado o de venta libre, o suplementos
alimentarios que el paciente esté tomando, porque algunos de estos pueden causar
una reacción negativa al tomarse juntos con un antidepresivo. También pueden
haber restricciones durante el embarazo. Para el trastorno bipolar, el tratamiento preferido por muchos años ha sido
el litio. Este puede ser muy eficaz para regular las fluctuaciones de ánimo que
son típicas de este padecimiento. Su uso debe ser cuidadosamente vigilado porque
un pequeño cambio puede tornar una dosis eficaz en una dosis tóxica. Sin
embargo, el litio no se debe usar si la persona tiene una enfermedad de la
tiroides o el hígado, si padece del corazón o si sufre de epilepsia.
Afortunadamente, se han encontrado otros medicamentos que ayudan a controlar las
fluctuaciones en el estado de ánimo. Entre estos hay dos anticonvulsivantes que
controlan el ánimo, la carbamacepina (Tegretol®) y el ácido valproico
(Depakote®). Estos dos medicamentos han sido ampliamente aceptados en la
práctica clínica, y el ácido valproico ha sido aprobado por la Administración de
Alimentos y Medicamentos de los EE.UU. (FDA) como el principal tratamiento de la
manía aguda. Los médicos deben supervisar cuidadosamente el tratamiento para
niñas que toman ácido valproico, porque algunos estudios indican que éste puede
interferir con la función de las hormonas en las adolescentes. Otros
anticonvulsivantes que se usan hoy en día son la lamotrigina (Lamictal®) y la
gabapentina (Neurontin®). Sus posiciones en la jerarquía de tratamientos del
trastorno bipolar siguen bajo estudio. La mayoría de las personas que sufren del trastorno bipolar toman más de un
medicamento. Además del litio y/o un anticonvulsivante, a menudo toman otro
medicamento para aliviar los síntomas de agitación, ansiedad, insomnio o
depresión. Algunos estudios indican que cuando un antidepresivo se toma sin
tomar otro medicamento que estabilice el estado de ánimo, se aumenta el riesgo
de que se induzca un estado de manía o de hipomanía. También hay un riesgo mayor
de que la persona desarrolle un trastorno bipolar de ciclo rápido. Es de vital
importancia para el paciente encontrar la mejor combinación posible de estos
medicamentos y esto requiere una vigilancia muy de cerca por parte del médico.
En los últimos años, ha surgido un gran interés en el uso de hierbas para el
tratamiento de la depresión y la ansiedad. La hierba de San Juan, o Corazoncillo
(Hypericum perforatum) es una hierba que se usa mucho como tratamiento
para la depresión leve o moderada en Europa y que recientemente ha llamado la
atención del público estadounidense. La planta, que es un pequeño y atractivo
arbusto de flores amarillas, se ha usado por muchos siglos en remedios caseros y
naturales. En Alemania actualmente se usa el Hypericum más que cualquier
otro antidepresivo en el tratamiento de la depresión. Sin embargo, los estudios
científicos que se han realizado sobre su uso han sido a corto plazo y se han
basado en un número de dosis diferentes. En respuesta al interés en la hierba de San Juan, los Institutos Nacionales
de la Salud de EE.UU. (NIH) están conduciendo un estudio de 3 años,
auspiciado por tres de sus miembros: el Instituto Nacional de la Salud Mental,
el Instituto Nacional para la Medicina Complementaria y Alternativa, y la
Oficina de Suplementos Alimentarios. El diseño del estudio incluye a 336
pacientes con depresión grave, asignados al azar a uno de tres tratamientos, los
cuales duran 8 semanas. Una tercera parte de los pacientes recibirá una dosis
fija de la hierba de San Juan, una tercera parte tomará un medicamento ISRS de
uso común para la depresión, y la otra tercera parte tomará un placebo (una
pastilla de aspecto exactamente igual a la de ISRS y la de la hierba, pero sin
ingrediente activo alguno). Se les dará seguimiento adicional por 18 semanas a
los participantes que muestren mejoría. Al concluir el estudio de 3 años, se
analizarán y publicarán los resultados. La FDA emitió un Aviso de Salud Pública el 10 de febrero de 2000. En éste,
indicó que la hierba de San Juan parece tener efecto sobre una vía metabólica
que utilizan muchos fármacos recetados para el tratamiento de condiciones tales
como enfermedades del corazón, depresión, convulsiones, algunos tipos de cáncer
y el rechazo de trasplantes. Por lo tanto, los proveedores de servicios de salud
(médicos, farmacéuticos) deben advertir a sus pacientes sobre esta posible
interacción entre medicamentos. Antes de tomar cualquier complemento de hierbas,
los pacientes deben consultar con su médico o proveedor de servicios de salud.
La psicoterapia es otra opción disponible de tratamiento en los casos de
depresión leve a moderada. Las terapias a corto plazo (de 10 a 20 semanas) han
sido muy eficaces para tratar varios tipos de depresión. Las terapias de
"conversación" ayudan a los pacientes a entender y aprender a resolver sus
problemas mediante una charla con el terapeuta. Las terapias de "conducta"
enseñan a los pacientes nuevos comportamientos para llevar una vida mejor y les
ayudan a "desaprender" patrones de conducta dañinos. La investigación ha
mostrado que dos psicoterapias a corto plazo, la interpersonal y la
cognitiva-conductual, son útiles para algunas formas de depresión. La terapia
interpersonal se enfoca en cambiar las relaciones interpersonales que causan o
intensifican la depresión. La terapia cognitiva-conductual se concentra en
cambiar los patrones negativos de pensamiento y la reacción o comportamiento que
pueden contribuir a la depresión. La terapia electroconvulsivante (TEC o "Electro-shock") es útil para las
personas cuya depresión es severa o ha llegado a un punto en que su vida
peligra, o para aquellas personas que no pueden tomar antidepresivos.3
Esto se aplica en particular para las personas clasificadas como suicidas, con
agitación severa, pensamientos psicóticos, pérdida excesiva de peso o
físicamente débiles como resultado de una condición física. A través de los
años, la TEC ha mejorado mucho. Antes del tratamiento, que se administra bajo
anestesia de corta duración, el paciente recibe una dosis de relajante muscular.
Se colocan electrodos en puntos específicos de la cabeza y éstos emiten impulsos
eléctricos. Este estímulo causa un episodio convulsivo breve (aproximadamente 30
segundos) en el cerebro. El paciente no percibe el estímulo eléctrico de manera
consciente. Para que la TEC rinda el máximo beneficio terapéutico se requieren
varias sesiones, usualmente programadas a razón de tres por semana. La depresión puede regresar, aunque el tratamiento haya sido exitoso. Los
estudios indican que cuando esto ocurre, hay ciertas estrategias muy útiles. A
menudo se puede evitar un nuevo episodio depresivo cuando se continúa el
antidepresivo en la misma dosis que detuvo con éxito el episodio anterior. Para
aquellos pacientes que no toman medicamento, la psicoterapia interpersonal una
vez al mes puede alargar los periodos entre episodios depresivos. Para poder disfrutar de los beneficios del tratamiento, hay que primero
reconocer las señales de la depresión. El próximo paso es ser evaluado por un
profesional capacitado. Aunque la depresión puede ser diagnosticada y tratada
por médicos de cabecera, a menudo éstos remiten el paciente a un psiquiatra,
psicólogo, trabajador social clínico, u otro profesional de la salud mental. El
tratamiento es un trabajo de equipo entre el paciente y el proveedor de
servicios de salud. La mujer que toma decisiones basándose en la información al
día, conoce las opciones disponibles de tratamiento y habla de sus inquietudes
con el médico. Si no se ven resultados positivos luego de 2 a 3 meses de tratamiento, o si
los síntomas se intensifican, hable con su médico para cambiar la estrategia de
tratamiento. Puede también ser necesaria la opinión de otro profesional de la
salud o salud mental. Una vez más, he aquí el camino a la cura: La depresión le hace sentirse fatigada, como que no vale nada, desamparada y
sin esperanza. Algunas personas cuando se sienten así quieren darse por
vencidas. Es importante que sepa que estos sentimientos negativos son parte de
la depresión y se irán a medida que vaya surtiendo efecto el tratamiento. Además del tratamiento profesional, hay otras cosas que puede hacer para
sentirse mejor. Para algunas personas, participar en grupos de apoyo es muy
útil. Asimismo, le puede ser de gran ayuda pasar tiempo con otras personas y
participar en actividades que le hagan sentirse bien, como ejercicios sencillos
o yoga. No se exija demasiado al principio. Sentirse mejor toma tiempo. Si no sabe dónde ir para obtener ayuda, pida ayuda a su médico, ginecólogo, o
en la clínica de salud. Puede además consultar las Páginas Amarillas de
la guía telefónica y obtener números de teléfono y direcciones bajo las
secciones "salud mental", "salud", "servicios sociales", "prevención de
suicidio", "servicios de intervención en crisis", "líneas de ayuda",
"hospitales" o "médicos". En momentos de crisis, el médico de la sala de
emergencia del hospital puede darle ayuda a corto plazo para un problema
emocional y le puede decir dónde y cómo obtener ayuda adicional. La lista a continuación muestra las personas y lugares en los que puede
obtener o ser referido a servicios de diagnóstico y tratamiento. 1 Blehar MC, Oren DA. Gender differences in depression.
Medscape Women's Health, 1997;2:3. Revisado de: Women's increased
vulnerability to mood disorders: Integrating psychobiology and epidemiology.
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onset of the gender difference in lifetime rates of major depression.
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4 Lebowitz BD, Pearson JL, Schneider LS, Reynolds CF,
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bipolar illness. Journal of Clinical Psychiatry (supplement 15),
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depression and other DSM-III-R disorders in high school students. Journal of
Abnormal Psychology, 1993;102:133-44. 7 Regier DA, Farmer ME, Rae DS, Locke BZ, Keith SJ, Judd
LL, and Goodwin FK. Comorbidity of mental disorders with alcohol and other drug
abuse: Results from the epidemiologic catchment area (ECA) study. Journal
of the American Medical Association, 1993;264:2511-8. 8 Reynolds CF, Miller MD, Pasternak RE, Frank E, Perel
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bereavement-related major depressive episodes in later life: A controlled study
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psychotherapy. American Journal of Psychiatry, 1999;156:202-8. 9 Robins LN and Regier DA (Eds). Psychiatric
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Cross-national epidemiology of major depression and bipolar disorder.
Journal of the American Medical Association, 1996;276:293-9.
National Institute of Mental Health (NIMH)
La vida está llena de altas y bajas. Pero cuando las "bajas"
duran demasiado o afectan su capacidad para desempeñarse en su rutina diaria, es
posible que usted tenga una enfermedad común, pero muy seria: depresión. La
depresión clínica afecta su estado de ánimo, su condición mental y física, y su
comportamiento. En EE.UU. se han realizado estudios que demuestran que cada año
aproximadamente 19 millones de personas--uno de cada diez adultos--sufren de
depresión. Casi un 60% de esas personas no obtienen la ayuda que necesita.9
Con tratamiento, se alivian los síntomas en más de un 80% de los casos. Sin
embargo, como a menudo pasa desapercibida, la depresión sigue siendo una causa
de sufrimiento innecesario.
Tipos de Depresión
Síntomas de la depresión y la manía
Depresión
Manía
Causas de la depresión
Factores genéticos
Factores bioquímicos
El ambiente y otros factores de estrés
Otros factores psicológicos y sociales
El riesgo de sufrir depresión es mayor para la mujer que para el
hombre
Las variadas dimensiones de la depresión en la mujer
Adolescencia
Edad adulta: Relaciones interpersonales y roles en el trabajo
Acontecimientos relacionados con la sexualidad femenina
Consideraciones culturales
Victimización
Pobreza
La depresión en la tercera edad
Existe el tratamiento para la depresión
Tratamientos para la depresión
Medicamentos
Hierbas medicinales
Psicoterapia
Terapia electroconvulsivante
Tratamientos para la depresión recurrente
El camino a la cura
Dónde buscar ayuda
Referencias