Hemos sabido por diversas fuentes de los problemas de la
actriz Winona Ryder con la justicia. Una actriz de éxito, con todos los medios a
su alcance para vestirse bien y con todos los lujos, fue, repetidamente
sorprendida robando en tiendas de moda. Su problema encaja exactamente dentro de
lo que en los manuales de clasificación psiquiátrica se denomina cleptomanía, un
trastorno psicológico que se engloba en los llamados Trastornos del Control de
los Impulsos.
Según la definición de la Real Academia Española, una persona impulsiva se
describiría como alguien que “llevado de la impresión del momento, habla o
procede sin reflexión ni cautela”. El impulsivo tiene una gran dificultad para
resistir un deseo o motivación, siendo incapaz de tener en cuenta si sus
acciones son perjudiciales para sí o para otros. Además, su conducta impulsiva
le permite experimentar placer, gratificación inmediata o liberación de la
tensión en el momento de realizarla. Otra de las características es que una vez
realizado el acto impulsivo, haya o no arrepentimiento, autorreproche o culpa,
invariablemente el individuo afirma no poder refrenar el impulso que le arrastra
a la acción.
La búsqueda de la satisfacción inmediata.
El que tiene dificultad para controlar sus impulsos, se ve incapaz de dejar de
hacer algo que desea hacer, aunque sepa que no debe hacerlo o resulte peligroso
para sí mismo o para los demás. Simplemente no puede postergar el placer. Las
conductas impulsivas muchas veces se transforman en conductas de riesgo ya que
son seguidas de consecuencias placenteras inmediatas, mientras que los efectos
negativos suelen sobrevenir a largo plazo. Cuando estas consecuencias negativas
se manifiestan, es probable que el impulsivo ni las tenga en cuenta ni las
aproveche para la próxima ocasión, ya que otro de sus rasgos característicos es
la incapacidad de aprender de la experiencia.
Una conducta normal y adaptativa supone elegir responsablemente, ponderando un
equilibrio entre el “quiero, puedo y debo”. El impulsivo se rige simplemente por
el “quiero hacer”.
Algunos investigadores del ámbito de las ciencias sociales, sugieren que nuestra
sociedad ha propiciado estas disfunciones con el aprendizaje de la violencia, la
inmediatez de la satisfacción, la incapacidad para tolerar las frustraciones y
el predominio de “lo quiero todo y ya” generando personalidades inestables
incapaces de pensar por sí mismas, a la espera de que otro les ponga freno, como
cuando eran niños.
Intolerancia a la frustración.
Los impulsivos no soportan de buen grado las privaciones, la tardanza en lograr
los objetivos o la frustración en la consecución de sus deseos. Confunden deseos
con necesidades.
Sus ideas más arraigadas son las siguientes:
1. Tienen derecho a obtener y exigir todo lo que desean.
2. Las circunstancias no deben presentar muchas dificultades y la vida ha de ser
fácil y sin obstáculos.
3. Las dificultades, demoras o inhibiciones son imposibles de sobrellevar.
En el caso de que la vida no se acomode a su manera de ver las cosas pueden ser
personas constantemente frustradas, amargadas, malhumoradas y deprimidas. Una
adecuada capacidad para controlar los impulsos implica que la persona utilice su
potencial de reflexión como intermediaria entre sus anhelos y las limitaciones
de la realidad, las costumbres, los deseos de los demás, las prohibiciones y las
leyes para poder resistirse a sus arrebatos y aguardar sus satisfacciones.
Enfermedad o personalidad.
Si bien la clasificación de los trastornos de la impulsividad solo abarca estas
disfunciones que hemos descrito, es innegable que la dificultad para resistir
los impulsos y la precipitación en la acción, están presentes en muchas otras
patologías psiquiátricas. La impulsividad patológica está presente en el
alcoholismo, abuso de sustancias psicoactivas, compras compulsivas, trastornos
de la conducta alimentaria, conductas auto agresivas y suicidas y las parafilias
en las conductas sexuales.
Se considera que la tendencia a la patología impulsiva está más ligada a una
personalidad disfuncional que a una enfermedad concreta.
Existe, concretamente un trastorno de la personalidad llamado Trastorno Límite
de la Personalidad que se distingue por las acciones impulsivas, la
inestabilidad en el estado de ánimo y las relaciones interpersonales caóticas.
Estas personas se comportan de manera impulsiva en áreas que tienen un gran
potencial autodestructivo como son el consumo de drogas, el alcoholismo, las
conductas sexuales de riesgo, las auto lesiones, las conductas suicidas, el
apetito voraz, la cleptomanía y todo el abanico de comportamientos peligrosos
para el afectado y para su entorno.
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Clasificación de los trastornos del control de los impulsos 1. Trastorno explosivo. |
Moderar los impulsos.
Si bien es cierto que la tendencia a la impulsividad es más un rasgo de la
personalidad que una enfermedad en sí, no cabe duda que un entorno favorable
puede fortalecer el hábito, mientras que una adecuada educación moderaría la
predisposición.
Algunos estudios han demostrado que en situaciones de estrés, la persona puede
cambiar sus prioridades a la hora de actuar. Sus planes y objetivos a largo
plazo, por ejemplo, la dieta, pueden irse al traste por la necesidad apremiante
de mejorar el estado de ánimo. De este modo, la auto terapia del estado de ánimo
se sitúa en primer lugar antes que cualquier propósito a medio y largo plazo
para mantener la salud. Lo mismo puede pasar con el hábito de fumar. La
necesidad inmediata de sentirse bien estando bajo un estado de estrés prevalece
sobre la motivación. Por tanto vemos que las conductas impulsivas se dan en
personas predispuestas en situaciones de estrés, que no toleran la frustración y
que no pueden prescindir de una gratificación inmediata.
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Pautas preventivas de conductas impulsivas
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