Introducción
Los niños son capaces de controlar sus expresiones faciales de dolor cuando se
les pide que lo hagan, pero tienen mayor capacidad de ocultar el dolor existente
que de simular un dolor inexistente.
Métodos
Se compararon los esfuerzos de los niños para ocultar o exagerar sus expresiones
faciales de dolor con sus expresiones genuinas durante una prueba de dolor
inducido por frío (cold pressor test). Se solicitó a 50 niños sanos de entre 8 y
12 años (25 varones) que sumergieran sus manos en agua fría y agua cálida,
mientras se les indicaba qué debían expresar en su cara. Se utilizó agua a 10 °C
para las expresiones genuinas y suprimidas, y agua a 30 °C para la expresión
simulada. La actividad facial fue filmada y codificada usando el Sistema de
Codificación de Acción Facial de forma de obtener mediciones detalladas y
objetivas. Posteriormente se solicitó a los padres que identificaran
correctamente cada una de las 4 situaciones a partir de las filmaciones, las que
se les exhibieron 2 veces.
Resultados
Las expresiones simuladas de dolor tuvieron acciones faciales más frecuentes y
más intensas que las expresiones genuinas de dolor, indicando que los niños no
fueron totalmente capaces de simular expresiones de dolor. En cambio, las
expresiones suprimidas no mostraron diferencias en comparación con las acciones
faciales en condiciones normales, indicando que los niños suprimen con éxito las
expresiones de dolor. Los padres identificaron correctamente las 4 situaciones
con una frecuencia significativamente mayor a la esperada por azar. Por lo
general tuvieron bastante éxito en detectar la simulación de dolor, pero
experimentaron dificultades para diferenciar entre las otras condiciones.
Conclusión
Estos resultados indican que los niños son capaces de controlar sus expresiones
faciales de dolor cuando se les pide que lo hagan, pero tienen mayor capacidad
de ocultar el dolor existente que de simular un dolor inexistente.