Buscan inhibir hormonas que participan de estas afecciones.
Los adictos no son los únicos que sufren la falta de fuerza de
voluntad. La presión alta puede ser controlada con drogas convencionales, pero
para algunos pacientes esto significa diez píldoras caras todos los días.
Y en cuanto comienzan a dar resultados piensan que no necesitan tomarlas más. Un
tercio de los pacientes no toma las drogas prescriptas.
Una inyección cada unos pocos meses les haría la vida mucho más simple. En este
caso, el objetivo de la vacuna no es un virus invasor, sino una hormona que
ayuda a controlar el grosor de los capilares.
Al reducir los niveles de esta hormona (la angiotensina), ayuda a relajar los
vasos sanguíneos y a reducir la presión sanguínea.
El primer estudio en humanos de esta vacuna, realizado sobre 72 pacientes, dio
lugar a una disminución modesta de la presión sanguínea de los sujetos, pero
teóricamente mayores dosis e inoculaciones más frecuentes producirían mayor
cantidad de anticuerpos y, por lo tanto, un efecto aún mayor.
En California, Estados Unidos, los investigadores están llevando a cabo estudios
en animales para regular el apetito a partir de una hormona llamada grelina,
para lograr una terapia inmunológica para combatir la obesidad.
Opiniones en contra
Ambos proyectos se encontraron con espectadores no convencidos. Las hormonas son
parte de un complejo sistema de señales, y nadie está seguro de qué pasará si
estas moléculas son el objetivo de nuestro sistema inmunológico.
La angiotensina, por ejemplo, también ayuda a regular los niveles de sal y agua
del nuestro organismo. Neutralizar un par de moléculas no sería un problema en
general, pero si el paciente está deshidratado, es necesario que la angiotensina
haga su trabajo. Y si el sistema para conservar el agua y la sal no funciona,
puede sobrevenir una falla renal o incluso la muerte.
Sin embargo, las vacunas serán muy útiles, según declaró el doctor Hans Herlitz,
médico especializado en hipertensión de la Universidad Hospital Sahlgrenskade de
Gotenburgo, Suecia.
No son balas mágicas que curarán instantáneamente la drogadicción o la obesidad,
tampoco las prevendrán. Sin embargo, dado que los tratamientos contemporáneos
son muy limitados, es necesario encontrar nuevas soluciones.
La segunda revolución de la vacuna no erradicará las enfermedades mortales. Pero
tal vez ayude a bajar la tasa de mortalidad a causa de problemas que, de otro
modo, se convertirán en los mayores asesinos del siglo XXI.
Fuente: New Scientist
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Año IX, N° 146, Septiembre 2008