El riesgo de divorcio se incrementa si uno de los miembros de la pareja sufre cáncer de testículos o de cuello de útero, pero otros tipos de la enfermedad no tienen efecto sobre la continuidad de la relación, dijeron el jueves investigadores noruegos.


Con la mayoría de las formas de cáncer, el esposo sano apoya a su pareja durante la enfermedad, según un estudio presentado en la Conferencia Europea del Cáncer en Barcelona.

La investigación comparó los índices de 215.000 supervivientes de cáncer con los de otra parejas sin enfermedad durante un periodo de 17 años.

El cáncer de testículos y de cuello de útero parecía llevar a una mayor posibilidad de matrimonios rotos, según el estudio.

Las mujeres con cáncer de cérvix tenían casi un 70 por ciento más de riesgo de divorcio a los 20 años, un nivel que cayó a un 19 por ciento a los 60 años. Para los cánceres de testículo, la tasa de divorcio era del 34 por ciento a los 20 y del 16 por ciento a los 60, añadió.

La razón podría ser porque ambas enfermedades afectan a la intimidad y resultan en una caída de actividad sexual, dijo Astri Syse, del Registro de Cáncer de Noruega, que encabezó el trabajo.

El virus que causa el cáncer de cuello de útero a menudo se transmite por contacto sexual y eso podría despertar sospechas de infidelidad. La edad es otro factor influyente, porque las separaciones son más frecuentes cuando los integrantes son más jóvenes y no han forjado lazos fuertes, dijo Syse.

"Los problemas sexuales o el debilitamiento de las recompensas emocionales de la unión son particularmente devastadores al principio de una relación y la carga de cuidar a alguien es más difícil de aceptar a una edad en la que la enfermedad no se espera", dijo.

El estudio halló que el divorcio es menos probable cuando el cáncer se ha extendido o en tipos de cáncer que tengan una mala prognosis.

Esto podría ser porque dejar a una pareja enferma está mal considerado socialmente o porque una muerte inminente haría innecesario el divorcio, dijo Syse.


Fuente: Europa Press


   Año VIII, N° 135, Ocrubre 2007