Si va fumando en un coche con niños en Nueva York, próximamente podría estar cometiendo un delito que le podría salir muy caro: de 200 a 2.000 dólares puede costarle la ofensa.
Esto será así si se aprueba la propuesta de ley que ha
presentado esta semana el concejal demócrata de Nueva York James Gennaro, que
prohíbe fumar dentro de un vehículo en donde viajen menores de 18 años.
La normativa surge de una medida que adoptó hace dos meses el condado
neoyorquino de Rockland. Y aunque en la ciudad de los rascacielos cada vez se ve
menos a aquellos que tienen que salir a la calle para poder disfrutar de un
cigarrillo, la nueva medida ha vuelto a desatar el debate entre los grupos anti
y pro tabaco.
El concejal Gennaro cree que si una persona fuma, indirectamente hace fumar a la
de al lado. "Si alguien se come una hamburguesa yo no me veo afectado por el
colesterol que ella consuma, pero sí me voy a ver perjudicado por el humo del
cigarrillo de otra persona", ha afirmado el político demócrata. El concejal
apoya su propuesta con estadísticas y estudios que demuestran el alto nivel de
toxinas en un lugar tan cerrado como un coche.
La medida puede ser comparable con la prohibición de no fumar en espacios
públicos que en 2003 hizo el alcalde Michael Bloomberg. Dicha regulación, a
pesar del rechazo inicial, fue bien acogida por muchos neoyorquinos. Incluso un
año después, muchos fumadores agradecieron el hecho de que la normativa les
ayudase a dejar de fumar.
Estudios del Departamento de Salud también respaldaron la reglamentación, ya que
el nivel de cotinina" -un indicador del nivel de exposición al humo del tabaco-
cayó un 47,4% después de la prohibición entre los no fumadores.
'Ciencia basura'
Gary Nolan, director regional del Club Americano de Fumadores, rebate las
estadísticas y los estudios respecto a los daños a terceros del humo. "Para mí
este asunto es ciencia basura", ha asegurado. En opinión del acérrimo defensor
del tabaco, se trata de información seleccionada específicamente por el gobierno
federal para sacar conclusiones rotundas sobre la cuestión.
Sin embargo, las cifras parecen indicar todo lo contrario. Aproximadamente 3.000
personas no fumadoras mueren cada año de cáncer de pulmón, según un informe de
la Agencia de Protección del Medio Ambiente.
Nolan insiste en que se trata de un asunto de violación de la privacidad. "Es
una forma inadecuada de ejercer la ley. El Gobierno no tiene derecho a decirle a
los padres cómo deben criar a sus hijos", afirma.
Guste a quien guste, las medidas cada vez tienen más acogida en Estados Unidos.
Según Kathleen Dachille, directora del Centro de Recursos Legales para la
Regulación del Tabaco de la Universidad de Maryland, por lo menos dos estados
-Arkansas y Louisiana- ya aprobaron medidas similares. Además la normativa se
encuentra en estudio en otros estados como Arizona, California, Georgia,
Illinois, Massachusetts, Michigan, Pennsylvania y Virginia.
La Casa Blanca entra en juego
La Comisión Presidencial sobre el Cáncer que asesora al presidente de Estados
Unidos, George W. Bush, ha recomendado que el gobierno federal debería aumentar
los impuestos al tabaco y sus derivados y regular rígidamente la venta y
mercadeo de ese material adictivo. Ambas recomendaciones contradicen la política
presidencial.
La Casa Blanca considera contraproducente encarecer los impuestos de forma
punitiva para financiar un aumento del gasto público. Además, otorgar a la
Agencia de Alimentos y Medicinas la autoridad para regular el consumo del tabaco
podría dar a los consumidores la impresión de que el gobierno aprueba un
producto que es nocivo, sostuvo el gobierno.
El informe de la comisión destacó que en 2007 ocurrió el mayor descenso de las
muertes causadas por cáncer. Sin embargo, más de medio millón de estadounidenses
morirán este año de cáncer, y casi dos tercios de esas muertes podrían haber
sido evitadas mediante un cambio en el estilo de vida. La comisión dijo que las
gestiones para reducir el cáncer quedan en ocasiones comprometidas por las
políticas gubernamentales que disminuyen la disponibilidad de alimentos sanos y
limitan la educación física.
Entre los cambios sugirió que los legisladores no acepten contribuciones
electorales de las empresas tabacaleras, prohibir que se fume en todas las
instalaciones federales y aumentar el impuesto federal al tabaco, en la
actualidad de 39 centavos por cajetilla.
Fuente: DPA
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Año VIII, N° 134, Septiembre 2007