Según se publica en el último número de Archives of Internal Medicine, existe una asociación entre los síntomas depresivos y el posterior desarrollo de diabetes de tipo 2 en mayores de 65 años.
Si bien esta relación ya se había observado anteriormente, con
el fin de darle validez científica un equipo de la Facultad de Medicina Feinberg,
de la Universidad de Chicago, ha realizado un estudio teniendo en cuenta
parámetros objetivos.
Han contado con 4.681 participantes mayores de 65 años, no diagnosticados de
diabetes antes de 1989. En la investigación tuvieron en cuenta diez síntomas
depresivos, como la irritabilidad, la anhedonia, la dificultad de concentración
o de conciliar el sueño, cada uno de los cuales tenían que valorar los
participantes una vez al año durante la posterior década. Atribuían una
puntuación de 1 a 30, y consideraban las mayores de ocho como casos de patología
depresiva.
Paralelamente, recogieron los datos objetivos que indicaban los nuevos casos de
diabetes tipo 2 en los individuos. Al finalizar el estudio han observado que
entre los participantes con una puntuación mayor de ocho se daban
significativamente muchos más casos de diabetes. Para comprender el mecanismo
causal, Mercedes R. Carnethon, coordinadora del proyecto, ajustó los resultados
al nivel de proteína C reactiva, indicador del nivel de inflamación, que suele
estar elevado en pacientes depresivos. La asociación entre depresión y diabetes
seguía siendo significativa.
Resistencia insulínica
Carnethon ha explicado estos resultados mediante el estudio de la secreción de
cortisol, ya que esta hormona se eleva en pacientes depresivos y reduce la
sensibilidad a la insulina, lo cual es un factor predisponente de diabetes.
El equipo ha relacionado el hecho de que en los depresivos la secreción de
insulina en el páncreas es menor, lo que hace que los niveles de glucosa en la
sangre sean elevados, pero no pueda ser utilizada en órganos periféricos.
"Cuando se sufre depresión el organismo intenta mantener glucosa en el torrente
sanguíneo, ya que la necesita para producir energía de modo inmediato", ha
señalado Carnethon. Este mecanismo bloquea la acción de la insulina, con lo que
el paciente puede incluso seguir produciendo glucosa al no ser capaz de
utilizarla pues su organismo piensa que no está presente en cantidad suficiente.
Los resultados tienen varios puntos de interés. Por un lado, revelan la
importancia de tratar los síntomas depresivos en mayores.
Así se atacaría de modo indirecto no sólo al estado de ánimo, sino al desarrollo
de diabetes. Por otro lado, esta investigación, aplicada a la población más
joven, haría posible una mejor prevención de la diabetes y se evitarían algunos
casos.
Por último, el estudio muestra una prevalencia de la patología depresiva mucho
mayor de la esperada en este subtipo de la población.
El diagnóstico riguroso de esta patología mediante parámetros objetivos como los
aquí utilizados podría mejorar la calidad de vida de muchas personas mayores,
consideradas con frecuencia como simples víctimas de la vejez.
Fuente: Diario Médico
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Año VIII, N° 130, Mayo 2007