El Dr. Xavier Montalbán, investigador del Instituto de investigación del Hospital Vall d'Hebron de Barcelona y director de la Unidad de Neuroinmunología de este hospital, ha dirigido un estudio sobre la esclerosis múltiple y ha participado en un estudio multicéntrico europeo, constando entre los autores de dos artículos publicados en "The New England Journal of Medicine" que reúnen las conclusiones.
Conocer la progresión de la enfermedad, saber si un síndrome
aislado progresará o evaluar la respuesta a un tratamiento, es complejo en la
esclerosis múltiple. Medir los anticuerpos antimielina había sido hasta ahora
uno de los parámetros que se habían empleado. Sin embargo, "este estudio
concluye que no existe asociación entre la progresión de la enfermedad y la
detección de anticuerpos antimielina y, por lo tanto, cambia la perspectiva y
los parámetros bajo los que se había evaluado la progresión de la Esclerosis
Múltiple", comenta el Dr. Montalbán.
El estudio realizado en el Hospital Vall d'Hebron ha analizado la presencia de
anticuerpos anti-MOG y anti-MBP en 463 pacientes de este centro que han
experimentado un primero y único episodio sugestivo de esclerosis múltiple y que
en los estudios de diagnóstico por la imagen mostraron como máximo dos lesiones
también sugestivas de esta enfermedad. Se ha medido los anticuerpos anti-MOG (glicoproteína
de la mielina de los oligodendrocitos) y anti-MBP (proteína básica de la
mielina) en pacientes que participaban a un ensayo clínico con interfern
beta-1b, valorando la progresión de la enfermedad según unos criterios
diagnósticos o bien cambios de progresión en las imágenes cerebrales.
El otro estudio, elaborado por varios centros europeos, hizo lo mismo en una
población diferente, en este caso con 462 pacientes. Ambos trabajos han llegado
a las mismas conclusiones: no existe ningún tipo de asociación entre la
presencia de los anticuerpos mencionados y la aparición de la enfermedad.
Cuando el año 2003 se publicaron los estudios que apuntaban a la existencia de
esta relación entre la presencia de anticuerpos, el diagnóstico y la evolución
de la enfermedad, los laboratorios empezaron a implantar la técnica y los
pacientes a pedirla. Por lo tanto, tuvo unas claras repercusiones clínicas.
Las conclusiones del estudio confirman que el riesgo de desarrollar una
esclerosis múltiple clínica definitiva no aumenta en las muestras que contienen
anticuerpos. De hecho se ha comprobado que el riesgo disminuye en los pacientes
que tienen anticuerpos anti-MOG y en los que no tienen anticuerpos anti-MBP (Ig
M), mientras que el riesgo no aumenta en ninguno de los dos grupos: anti-MOG ni
anti-MBP si lo que detectamos son Ig G. Por lo tanto el uso de estos anticuerpos
no nos ayudan al pronóstico de las fases iniciales de la esclerosis múltiple.
Fuente: New England Journal of Medicine 2007;356:371-378
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Año VIII, N° 127, Febrero 2007