Se detectó que un paciente con un infarto cerebral dejó súbitamente de fumar. Los investigadores analizaron otros casos y localizaron la zona responsable del cambio. Las terapias que modulen esa parte del cerebro podrían ayudar a los fumadores.
Una zona cerebral relacionada con las emociones, llamada
ínsula, podría estar vinculada con la adicción al tabaco. Los autores de un
nuevo trabajo señalan que los fumadores que tienen dañada esta región del
cerebro dejan el cigarrillo de forma fácil y rápida y sin ganas de volver a
consumir.
La idea de esta posible relación nació del caso concreto de un paciente, explica
el ensayo aparecido en la revista 'Science'. Este hombre sufrió un infarto
cerebral que dañó la ínsula. A partir de entonces, como él mismo señaló, su
"cuerpo perdió las ganas de fumar" y dejó los 40 pitillos que acostumbraba a
encender cada día.
A partir de este caso, los expertos, procedentes, entre otros, de la Universidad
de California del Sur (EEUU), decidieron analizar a 69 pacientes que habían
sufrido una lesión cerebral. Todos ellos habían sido fumadores de por lo menos
cinco cigarrillos diarios durante dos años y 19 de tenían dañada la ínsula.
Según la investigación, esta parte cerebral parece que traduce determinadas
señales en impulsos que se sienten subjetivamente, como la necesidad de consumir
una droga. "Se ha propuesto que funciona en los sentimientos emocionales
conscientes", apunta el documento.
Cuando se trata de luchar contra una adicción, una de las etapas más complicadas
pasa por combatir las ganas de consumir. En este sentido, los autores se
sorprenden de la facilidad que encontraron los pacientes con la ínsula dañada
para dejar el tabaco, sin tentación de volver a encender un pitillo. De 19
pacientes, 12 lograron poner fin a su adicción rápidamente y sin ganas de volver
y uno de ellos lo dejó aunque con más dificultades.
"Los resultados indican que los fumadores que tienen afectada la ínsula son muy
propensos a dejar de fumar fácil e inmediatamente y permanecer abstinentes.
Además [...] cuentan con más probabilidades de no seguir experimentando el
impulso consciente de fumar después de haberlo dejado", comentan los autores.
Además, el documento destaca que "los impulsos subjetivos (como las ganas de
fumar) son un importante factor a la hora de mantener la adicción de fumar" pero
que podrían no ser el único. Y añade la posibilidad de que otras regiones del
cerebro "desempeñen un papel independiente o acumulativo en la adicción al
pitillo".
Quedaría por ver, comentan los expertos, si el daño en la ínsula también puede
anular la tendencia automática de fumar. Y si los que lo padecen esta lesión,
aunque ya no tengan ganas de consumir, sí siguen obteniendo satisfacción de la
nicotina. "El placer y los impulsos podrían ser facetas disociadas de la
recompensa de fumar", apuntan.
Los investigadores también intentaron comprobar si este daño cerebral afectaba a
otros comportamientos, como las ganas de comer, pero no encontraron este tipo de
relación. Por eso, el ensayo comenta que quizás la ínsula se relacione más con
los hábitos aprendidos que con los impulsos necesarios para sobrevivir. La
alimentación al ser fundamental para la supervivencia podría estar asociada con
otras áreas cerebrales.
"La ínsula también lleva a cabo muchas funciones de un día normal por eso
quisiéramos estar seguros de que solo interferimos en las funciones que afectan
a los malos hábitos como fumar pero no a algo vital como el comer", añaden los
científicos.
Lejos de dañar intencionadamente esta parte del cerebro, para eliminar las ganas
de fumar, el ensayo muestra que "las terapias que modulen el funcionamiento de
la ínsula podrían ser eficaces a la hora de ayudar a que los fumadores abandonen
el hábito".
El control del papel que desempeñan las terapias actuales sobre esta región
cerebral o el diseño de nuevas terapias farmacológicas, que actúen en "los
receptores neurotransmisores que se expresan en la ínsula", son algunas
potenciales vías de acción, basadas en los datos obtenidos por este trabajo.
"Parte del sentimiento de tener ganas de fumar podría tener que ver con pensar
en cómo el consumo traerá placer al cuerpo. Sabemos que los sustitutos
sensoriales funcionan. Y podría lograrse también estimulando la ínsula", comenta
a elmundo.es Nasir Naqvi, uno de los autores del estudio.
Fuente: Elmundo.es
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Año VIII, N° 127, Febrero 2007