Según un estudio, el PET podría utilizarse también para dectectar metástasis en la axila. Hasta ahora se emplea el ganglio centinela para determinar si el cáncer se ha extendido.
La incorporación de la Medicina Nuclear y las pruebas de
imagen al diagnóstico de cáncer parece imparable. Un nuevo estudio publicado en
'Archives of Surgery' indica que la Tomografía por Emisión de Positrones,
más conocida como PET, podría ayudar a determinar si las células malignas de un
cáncer de mama se han extendido ya a los ganglios de la axila.
Según el doctor Francisco Lomeña, ex presidente de la Sociedad Española de
Medicina Nuclear y especialista del Hospital Clínic de Barcelona, esta prueba no
se utiliza actualmente de forma rutinaria con este fin, aunque sí para valorar
la sospecha de recaída en mujeres que ya han tenido un cáncer de mama.
Sin embargo, admite Lomeña, cada vez van apareciendo más publicaciones
científicas, aún en fase experimental, que han abierto el debate sobre si debe
emplearse el PET para estudiar la extensión inicial del tumor, es decir, para
valorar si afecta o no a los ganglios axilares.
La nueva investigación, dirigida por la doctora Alice Chung, del Centro Médico
Cedars-Sinai, en Los Angeles (EEUU), evaluó el uso de esta técnica en 51 mujeres
con cáncer de mama invasivo diagnosticado mediante biopsia. Antes de la cirugía
o de comenzar las sesiones de quimioterapia se les hizo un PET para comprobar si
la enfermedad afectaba ya a los ganglios de la axila, uno de los factores
pronóstico más útiles en este tipo de cáncer.
Esta prueba funciona inyectando en el organismo un trazador radioactivo junto
con un material similar a la glucosa, una sustancia que absorben en mayor medida
las células malignas que el resto de tejidos sanos. Según la proporción
existente entre la glucosa que captan los ganglios y el resto del cuerpo, los
investigadores establecieron un valor estándar (una cifra conocida en términos
médicos como SUV) que marca el umbral a partir del cuál puede considerarse que
el ganglio está afectado.
Cada centro establece su propio valor según una fórmula matemática que tiene en
cuenta la dosis de glucosa inyectada, la cantidad captada por la lesión y el
peso o superficie corporal del paciente. En este caso, y con un SUV de 2.3, el
estudio mediante PET llevado a cabo en Los Angeles fue capaz de identificar el
60% de metástasis en los ganglios, mientras que su especificidad fue del 100%
(no se identificó falsamente ninguna metástasis que no existiese).
Un valor en cada centro
Lomeña corrobora la explicación de los autores de que cada centro "debe
establecer sus valores", e insiste en que disponer de un valor numérico siempre
permite mayor objetividad que "las estimaciones subjetivas que pueda tener cada
especialista respecto a la cantidad de trazador que ha captado una lesión
maligna".
"Si estos valores estándar se validan en cada centro, podrían llegar a
predecir con un 100% de fiabilidad la afectación de los ganglios", apunta
por su parte el equipo de la doctora Chung. "Estos descubrimientos permitirían
obviar la necesidad de otros procedimientos como el ganglio centinela", añaden.
"[La evidencia] que había hasta ahora", explica el especialista español a
elmundo.es, "era abrumadora a favor del ganglio centinela, pero con la
incorporación de nuevos tomógrafos de mayor calidad, y de máquinas que combinan
la tecnología del PET y el TAC cada vez se plantea más si debe utilizarse o no".
En su opinión, si entre el diagnóstico del cáncer de mama y la intervención
mediante el ganglio centinela se hiciese un PET para comprobar si las células
malignas se han extendido, "tendríamos a un porcentaje de mujeres que podemos
excluir de la operación y la prueba quirúrgica sólo habría que hacérsela a
quienes den positivo en la prueba", concluye.
Como concluye el artículo, su propósito no es que se utilice el PET para
identificar la presencia de metástasis en la axila, sino concienciar a los
especialistas de que si se emplea rutinariamente la prueba antes de la cirugía
podría llegar a obtenerse un valor de referencia en cada centro. "Si éste se
valida", apuntan, "se podrá llegar a identificar con una precisión del 100% la
presencia de células malignas en los nódulos".
Fuente:
Arch Surg. 2006;141:783-789.
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Año VII, N° 122, Septiembre 2006