Los científicos han detectado signos que apuntan a procesos evolutivos recientes en el código genético humano y parecen indicar que la dieta y los cambios de hábitat han tenido efectos duraderos en la estructura hereditaria.
En uno de los primeros estudios pormenorizados del genoma del
hombre, los investigadores descubrieron más de setecientas pequeñas alteraciones
genéticas que, según se cree, se han producido en los cinco mil o diez mil
últimos años.
El estudio, informó el diario británico "The Guardian" , indica que los
científicos hallaron que más de 700 de esas alteraciones son relativamente
recientes.
Esos cambios ocurrieron en un período en el que los humanos fueron avanzando
hacia el norte desde las regiones próximas al ecuador terrestre y comenzaron a
desarrollar la agricultura para garantizar su alimentación.
Entre los cambios más sorprendentes experimentados está el de cinco genes
relacionados con el color de la piel: en latitudes más septentrionales, donde la
intensidad solar es más débil que en la línea ecuatorial, una coloración más
pálida permite a la piel producir más vitamina D.
Ese avance hacia el norte ha tenido otras implicaciones para nuestra salud:
mientras el código genético de los africanos examinados revela la existencia de
un gen que hace que el metabolismo retenga la sal que se perdería en la
sudoración, los europeos y los asiáticos tienen una variante que permite liberar
más sal y pueden actuar como defensa frente a la hipertensión.
Según Jonathan Pritchard, de la Universidad de Chicago (EE.UU.), que estudió los
datos de 209 individuos del Este de Asia, Europa y Africa, "se han producido
muchos cambios recientes, el advenimiento de la agricultura, nuevos hábitats y
condiciones climáticas y cambios en la dieta".
"Estamos utilizando esos datos en busca de señales que apunten a una adaptación
muy reciente a dichos cambios", explica el científico.
El gen de la leche
El estudio revela también la emergencia de un gen que se da actualmente en un 90
por ciento de los europeos y que les permite digerir la leche hasta la edad
adulta, algo que se considera consecuencia de la intensificación de la
ganadería.
De aquí a otros mil años ese gen se dará prácticamente en todos los humanos, con
independencia de donde vivan, opinan los expertos.
Según la Dieta del ADN, tus genes te dicen qué comer
Varias son las páginas de internet que dedican su espacio para hablar sobre las
distintas dietas, entre ellas, la del "ADN".
Los exámenes de ADN se han usado para todo tipo de cosas: resolver crímenes,
detectar defectos congénitos en fetos y pronosticar la predisposición a
enfermedades en el ser humano. Sin embargo, lo nuevo en ADN se relaciona con la
pérdida de peso, según reza una página especializada en cirugías estéticas.
Los expertos que apoyan esta dieta, dicen que uno debería comer de acuerdo a su
código genético, no sólo para perder peso sino para prevenir enfermedades.
En cambio, los opositores, rechazan la idea de que este método le pueda decir a
una persona qué comer o no a través de su ADN. Aunque, ellos mismos también
opinan que dentro de 10 o 15 años con el ADN se podrá brindar un análisis
nutricional completo, entre otras cosas.
¿En qué consiste la dieta? Existen cerca de seis compañías que en los Estados
Unidos ofrecen este tipo de dieta.
El programa consiste en comprar un kit para extraer el ADN de la persona, que
consta entre otros elementos, de un hisopo con el que se extrae una muestra de
la parte interior del "cachete" de la boca.
La muestra se envía al laboratorio y una computadora buscará las "variaciones o
cambios" de 19 específicos genes que determinarán el tipo de dieta a seguir.
Por ejemplo, existe una variación en el gen llamado MTR que se ha asociado con
enfermedades coronarias, por lo que el análisis sugerirá que el afectado consuma
más vitamina B de lo normal para reducir esos riesgos.
Pero, como todavía esta dieta se encuentra "en pañales" y su costo es de 400
dólares, la recomendación más sensata sigue siendo llevar un programa de comidas
saludable, balanceado y una vida activa.
Fuente: EFE
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Año VII, N° 118, Mayo 2006