No todos los dispositivos para infantes asmáticos son tan eficaces como deberían. Esta es, al menos, la conclusión que se deriva de un estudio que acaba de ver la luz en el último número de la revista 'Respiratory Care.'
Es la enfermedad crónica más frecuente en los niños y sólo en
EEUU causa casi tres millones de visitas al médico y 200.000 hospitalizaciones
cada año. Sin embargo, no todos los dispositivos necesarios (inhaladores) para
que estos menores reciban su medicación antiasmática son tan eficaces como
deberían. Esta es, al menos, la conclusión que se deriva de un estudio que acaba
de ver la luz en el último número de la revista 'Respiratory Care.' «El interés
por estos aparatos ha ido en aumento y su perfeccionamiento ha supuesto que su
eficacia sea un 30% superior a la de los aerosoles», explica Israel Amirav, del
departamento de Pediatría del Hospital Safed de Israel, en un editorial que
acompaña al trabajo.
Pese a esta realidad, el estudio que compara la eficacia de siete cámaras de uso
frecuente entre los niños determina que las de mascarilla rígida con demasiado
espacio muerto (volumen de la máscara que, al llenarse de aire, causa pérdida de
la medicación) impiden que el menor reciba la dosis necesaria de medicamento.
«Con algunas de las cámaras la cantidad de producto que llega a los pulmones
decrece considerablemente por su tamaño, rigidez y porque no se ajustan como
deberían a la cara», insisten los autores del estudio, pertenecientes a la
Facultad de Medicina Wake Forest en Virginia (EEUU).
Las mejores
La conclusión procede de la comparación de distintos inhaladores (Aerochamber,
Optichamber, Easivent, BreatheRite, Ace, Pocket Chamber) usados en lactantes.
También se comprobó cómo la presión, la forma de sujetar el dispositivo contra
la cara influye en la cantidad de producto se inhala. Para ello, los
investigadores usaron un maniquí. Se analizó asimismo cuál era la calidad de la
máscara a la hora de ajustarse al rostro, mediante el uso de fotografías
digitales. Los datos constatan que existen variaciones en la cantidad de espacio
muerto entre los distintos inhaladores que oscilan entre los 20 ml y los 100 ml.
Cuanto mayor sea éste, menor dosis de medicación llega a los pulmones. «Sólo las
cámaras Aerochamber, Optichamber y Vortex poseen un espacio lo suficientemente
pequeño como para que la mascarilla se llene de aire con la respiración normal
de un bebé de seis meses».
Para José Ramón Villa, jefe del Servicio de Neumofisiología del Hospital Niño
Jesús de Madrid, «es cierto que no es lo mismo una cámara que otra. Al igual que
con los aerosoles se pierde hasta el 50% del producto, con los inhaladores
sucede lo mismo, aunque en menor cantidad, en función de las variables que se
han medido en este trabajo».
De plástico
No obstante, este especialista insiste en que hay otros factores que afectan a
la eficacia de estos dispositivos. «La calidad de las válvulas y sobre todo el
material con el que está fabricado. Los de plástico producen carga
electroestática. Esto quiere decir que las partículas del medicamento se quedan
adheridas a las paredes del mismo y no llegan a ser inhaladas, cosa que no
sucede con los de metal».
También la forma en la que se presiona el dispositivo contra el rostro del menor
influye en la cantidad de producto que llega a los pulmones. Y, asimismo, la
limpieza de estos aparatos. Deben meterse en agua jabonosa y nunca secarlos.
Aclararlos, curiosamente, eleva la carga electroestática. Para el neumólogo
español, las tres mejores cámaras del mercado español son Aerochamber,
Neurochamber y Babychamber.
Fuente: El Mundo (España)
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Año VII, N° 116, Marzo 2006