La arginina es un aminoácido que ha sido empleado en pacientes con patologías vasculares debido a su capacidad de reducir la rigidez de los vasos sanguíneos.
El uso de suplementos del aminoácido L-arginina después de un
infarto de miocardio no mejora ciertas funciones y medidas cardiacas y podría
estar asociado con un mayor riesgo de mortalidad, según un estudio de las
Instituciones Médicas Johns Hopkins en Baltimore (Estados Unidos) que se publica
en la revista Journal of the American Medical Association(JAMA).
Los expertos explican que la L-arginina es un suplemento dietético muy utilizado
y publicitado como beneficioso para los pacientes con hipertensión, angina,
insuficiencia cardiaca y disfunción sexual. Estudios anteriores sugieren que la
L-arginina tiene la capacidad de reducir la rigidez de los vasos sanguíneos o
rigidez vascular.
Los científicos dirigieron un ensayo clínico para evaluar si la administración
de L-arginina a pacientes después de un primer infarto de miocardio durante un
periodo de seis meses podría disminuir la rigidez vascular y mejorar la cantidad
de sangre que el ventrículo izquierdo del corazón bombea en cada contracción,
medida conocida como fracción de eyección.
En el estudio participaron 153 pacientes de los que 77 tenían 60 años o más que
entraron en el estudio entre febrero del año 2002 y junio del 2004. Los
pacientes fueron asignados de forma aleatoria a recibir L-arginina, una dosis de
3 gramos tres veces al día, o placebo durante seis meses.
Los investigadores descubrieron que los 6 meses de L-arginina añadida a las
medicaciones estándar posteriores al infarto no redujeron las medidas de rigidez
vascular, las de fracción de eyección o mejoraron los resultados clínicos.
Por el contrario, señalan, los investigadores notaron un posible aumento del
riesgo de muerte en los pacientes más mayores después del infarto mientras
tomaban la L-arginina en comparación con aquellos que tomaban placebo, lo que
llevó a finalizar el estudio antes de tiempo. Se produjo la muerte de seis
pacientes, el 8,6 por ciento, en el grupo de la L-arginina durante los seis
meses de duración del estudio frente a ningún fallecimiento del grupo placebo.
Según los científicos, estos resultados suponen amplias consecuencias de salud
pública dada la cada vez mayor disponibilidad y uso de la L-arginina entre
pacientes con y sin enfermedades cardiovasculares.
Según los investigadores, no debe proporcionarse terapia con L-arginina a
pacientes después de un infarto de miocardio, ya que ni altera las medidas de
rigidez vascular ni mejora la fracción de eyección. La terapia de L-arginina,
prosiguen los autores, en los pacientes más mayores con aterosclerosis difusa
podría empeorar los resultados clínicos.
Fuente: JAMA
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Año VII, N° 115, Febrero 2006