Se basa en la aplicación alternada de frío y calor en los brazos en pacientes que sufrieron un infarto cerebral.
Un tratamiento experimental que emplea estímulos termales para
rehabilitar miembros superiores en pacientes que han sufrido un accidente
cerebrovascular (ACV) ha sido seleccionado como uno de los diez avances más
importantes en cardiología realizados de 2005, según la prestigiosa Asociación
Americana del Corazón, de los Estados Unidos.
La técnica, que logró una recuperación sensorial y motora en manos y brazos
paralizados de pacientes víctimas de ACV, consiste en combinar ciclos de calor y
frío sobre los miembros afectados mediante la utilización de dispositivos
termales.
"A través de este tipo de estímulos aumentamos la movilidad y la actividad en
los músculos de los miembros superiores, logrando también prevenir la aparición
de dolores en los hombros y una futura dislocación", declaró en la presentación
del estudio su autor, el doctor Fu-Zen Shaw, de la Universidad Nacional Chiao
Tung, de Hsinchu, Taiwan.
Según el investigador, existen algunas técnicas de rehabilitación que ayudan a
la recuperación motora de brazos y manos deteriorados en pacientes víctimas de
ACV, pero las mismas acarrean varias desventajas, como su alto costo, largo
tratamiento, o, directamente, su inaplicabilidad en cierto tipo de pacientes.
Del estudio participaron 46 pacientes que habían sufrido un ACV; algunos de
ellos fueron sometidos a la terapia estándar de la rehabilitación más el
estímulo termal, mientras que el resto recibió una rehabilitación convencional.
Una sesión termal del estímulo consistía en brindar calor-frío y frío-calor de
dos ciclos de 20 minutos cada uno, que se alternaban cinco días a la semana
durante un mes y medio.
Cada funda termal fue envuelta en dos toallas y puesta sobre las manos y muñecas
de los pacientes. El paquete caliente era de 75° centígrados y el paquete frío
estaba levemente debajo de cero grados. Las toallas envueltas protegieron la
conducción termal para evitar daño instantáneo sobre la piel.
Los pacientes comenzaron a mover la mano de su miembro deteriorado lejos del
calor o del frío cuando se sentían incómodos.
El equipo utilizó seis criterios para determinar mejoras o cambios en las
sensaciones que experimentaban los pacientes: midió la capacidad de girar la
muñeca, de agarrar con fuerza, de generar flexión de la muñeca y de establecer
una escala de la función motora conocida como etapa de Brunnstrom.
Después de seis semanas de tratamiento, los pacientes que recibieron el
tratamiento termal presentaban una recuperación mayor en cuatro de los seis
criterios evaluados, así como una mayor capacidad para agarrar con fuerza y
tener más movilidad, comparada con los pacientes que no había recibido
estimulación termal.
"No vimos ningún efecto nocivo después del estímulo termal. Es más, se trata de
una técnica simple, de fácil uso y barata que genera cambios positivos en un
corto plazo", agregó Shaw.
Fuente: La Nación
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Año VII, N° 115, Febrero 2006