Podría constituirse en una importante medida de prevención del Sida.


La circuncisión masculina puede ser un método útil para la reducción de la transmisión de virus del sida de la mujer al varón, aunque siempre que se contemple dentro de un programa de prevención más global en el que el uso del preservativo sigua siendo fundamental, debido a que reduce la transmisión del virus del sida en más de un 60%, de acuerdo con una investigación que se ha presentado en el III Congreso Internacional sobre Patogénesis y Tratamiento del Sida (IAS-2005) que se celebra en Río de Janeiro.

Según señaló el Dr. Bertran Auvert, de la Agencia Nacional Francesa para la Investigación del Sida, y principal coordinador de la investigación realizada sobre 3.273 jóvenes de entre 18 y 24 años, “la circuncisión evitaría 6 o 7 contagios de cada 10”. Sin embargo y a pesar de la contundencia de estos datos, los representantes de ONUSIDA advirtieron que todavía habría que esperar los resultados de otros dos estudios que se realizan sobre 8.000 individuos, uno en Kenia y otro en Uganda, para recomendar la circuncisión como una estrategia preventiva de salud pública. “Si consideramos que la protección se produce únicamente en los varones, es posible que aparezca un cierto relajamiento en el uso de preservativos y podríamos encontrarnos con un incremento mayor en el contagio en las mujeres”, afirmó Charles Glick, de ONUSIDA.

Los resultados demostraron que el número de infecciones en aquellos individuos que habían sido circuncidados era tres veces más bajo que el de aquellos que no fueron sometidos a la intervención. Debido a estos datos, el Comité de Seguimiento y Seguridad de Datos de Sudáfrica, país en el que se ha llevado a cabo la investigación, decidió suspender el trabajo tras un seguimiento de 21 meses y ofrecer a los sujetos no circuncidados la posibilidad de beneficiarse de la circuncisión. “Si los estudios de Kenia y Uganda confirman estos resultados tendríamos una nueva estrategia de prevención”, afirmó el Dr. Auvert.

Las razones biológicas por las que la circuncisión masculina podría reducir el riesgo de transmisión del VIH son variadas: “es posible que se reduzca la capacidad del virus de penetrar en la piel del pene o que, debido a que en la piel que se elimina residen numerosos tipos de células inmunológicas (como las células de Langhermans), que son receptores dianas para el virus del sida, se limite su capacidad de contagio”, explicó Auvert. Además, comentó que los sujetos circuncidados experimentan algunos cambios en sus hábitos sexuales.

La reintroducción de la circuncisión en África, donde solamente un 20% de los varones se circuncidan actualmente, contaría con la aprobación de las autoridades sanitarias de estos países y de los propios implicados. Según un estudio realizado en Botswana, el 80% de los varones no circuncidados estaría dispuesto a serlo si se confirman estas primeras evidencias. Auvert indicó que en una encuesta realizada en el lugar en donde se practicó el ensayo, “casi un 70% de los encuestados estaría dispuesto a ser circuncidado si se confirman los resultados”.

Ahora bien, algunos podrían calificar este sistema de prevención de irresponsable, debido a que únicamente protege a los varones y deja al descubierto a las mujeres. Desde ONUSIDA se cree que es prematuro recomendar la práctica de la circuncisión como un sistema de prevención del sida y aunque se hiciera, “siempre se debería de hacer dentro de un programa en el que se incluyan otras variantes, como el uso de preservativos”, comentó Glick.

Además, el riesgo de contagio en la vida real es mucho más elevado del de los estudios clínicos; por ello, las autoridades sanitarias necesitarían definir cual es la mejor vía para usar la circuncisión en la práctica clínica, siempre teniendo en cuenta que su protección no es del 100%. “Todo ello se debería de hacer en el contexto de una campaña de prevención en la población general en la que se incluya la información, la educación y la promoción del uso del condón”, señaló Catherine Hawkins, de ONUSIDA.


Fuente: Doyma


Año VI, N° 109, Agosto 2005