Los investigadores creen que aldeanos medievales trajeron consigo la enfermedad al regreso de alguna ciudad a la que habían ido a comerciar.


El examen de varios esqueletos exhumados en el cementerio de un pueblo medieval del norte de Inglaterra pone asimismo en tela de juicio la extendida creencia de que el aire fresco y la vida en el campo constituyen un remedio eficaz contra la enfermedad.

Las deformaciones de los restos óseos encontrados en la aldea de Wharram Percy en Yorkshire Wolds indican que sus habitantes estaban infectados por la misma cepa de esa enfermedad que los de los insalubres núcleos urbanos durante la Edad Media.

La aldea en cuestión, que sobrevivió desde antes de la conquista de Inglaterra por los normandos en 1066 hasta la llegada de la peste negra en el siglo catorce, dista más de 48 kilómetros de la ciudad de York.

Según el biólogo Simon Mays, de la organización English Heritage, citado por el diario "The Daily Telegraph", hasta ahora se creía que la cepa de bacilo de la tuberculosis encontrada en esos esqueletos era distinta de la que había hecho estragos en algunas ciudades muy pobladas durante la Edad Media y que había pasado del ganado al hombre.

Sorprendentemente, sin embargo, se trata de la misma variante, lo que, según el científico, resulta altamente interesante ya que la tuberculosis es una enfermedad que se asocia normalmente con el hacinamiento de las personas, que facilita el contagio.

La idea comúnmente aceptada de que la vida en espacios abiertos con mucho aire fresco como los de esa región rural del norte de Inglaterra prevenía el contagio parece errónea a la luz de esos trabajos científicos ya que la tuberculosis estaba entonces tan extendida en el campo como en las ciudades.

Según Michael Taylor, del Imperial College, de Londres, que examinó el DNA de los esqueletos de Wharram Percy, hasta ahora era creencia general que el ganado nos había transmitido la tuberculosis, pero en realidad pudo haber sido a la inversa.

Fuente: EFE


Año VI, N° 102, Enero 2005