El ministro de Sanidad, Philippe Douste-Blazy, señala que "hay unos 150.000 enfermos al año que son desenchufados" de los respiradores artificiales que los mantienen con vida.
Los principales partidos franceses aprobarán hoy en común una
ley que regulará los casos de enfermos terminales que desean poner fin a su
vida. Sin aprobar la eutanasia activa, el Gobierno conservador galo ha buscado
una salida legal que permitirá "dejar morir" a los enfermos que así lo deseen y
que sean mantenidos en vida artificialmente.
El ministro de Sanidad, Philippe Douste-Blazy, reconoció a principios de esta
semana que "hay unos 150.000 enfermos al año que son desenchufados" de los
respiradores artificiales que los mantienen con vida. Una cifra que se repite
cada año, "fuera de cualquier marco legal". "Hay que acabar con esta
hipocresía", dijo.
Si hoy se aprueba la ley, como es previsible, cuando un paciente en estado grave
"decida limitar o interrumpir el tratamiento, el médico deberá respetar su
voluntad después de haberle informado de los riesgos de su decisión". Los
enfermos deberán estar "en grado avanzado o terminal de una afección grave e
incurable", según estipula la norma.
La ley no despenalizará la eutanasia ni cubrirá legalmente el suicidio asistido,
pero sí recogerá el deber médico de "respetar la voluntad del paciente" si éste
desea que cese el "tratamiento" que recibe. "Ni statu quo ni eutanasia, este
texto de progreso, aceptado tanto por las iglesias, como por la Comisión
Nacional Consultiva de Derechos Humanos y la Academia de Medicina propone una
tercera vía, una vía francesa", defiende el ministro de Sanidad.
Si el enfermo está inconsciente, la decisión podrá ser tomada "de forma
colegial" por el equipo médico, junto a la opinión de persona de confianza o los
allegados del paciente. Las personas podrán dejar escrita su decisión por
anticipado, pero sólo será válida si ha sido firmada tres años antes de quedar
en estado de inconsciencia.
"Los actos de prevención, investigación o cura, cuando sean inútiles,
desproporcionados o no tengan otro efecto que el solo mantenimiento artificial
de la vida, pueden ser suspendidos o no ser adoptados", añade el proyecto de
ley.
El texto, sin embargo, no colma las aspiraciones de los grupos pro eutanasia,
que aspiraban a que se legislase la posibilidad de dar fin activamente a la vida
de un enfermo incapacitado, aunque su estado vital no sea "grave y terminal",
como requiere el proyecto de ley.
Marie Humbert, una madre que decidió, de acuerdo con el médico que trataba a su
hijo, Frédéric Chaussoy, inyectar una sustancia letal a su hijo, de 23 años, que
había pedido incluso al presidente Jacques Chirac su derecho a morir, ha
recogido más de 100.0000 firmas en favor de la eutanasia.
Fuentes: EFE, Jano on Line
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Año V, N° 101, Diciembre 2004