China: crece el miedo por la neumonía
La amenaza de la infección por la nueva enfermedad conocida como síndrome respiratorio agudo y severo (SARS) se ha convertido repentinamente en el único tema de conversación en esta ciudad de 14 millones de habitantes, donde en un solo día se registraron 103 nuevos casos (tres de ellos mortales).
Trabajadores y estudiantes universitarios se amontonaban en las estaciones de trenes en busca de pasajes que les permitan volver a sus provincias de origen, mientras miles de residentes acudían a los supermercados para comprar grandes cantidades de alimentos, empujados por las recientes cuarentenas impuestas por las autoridades sanitarias de esa ciudad.
La Organización Mundial de la Salud (OMS), con sede en Ginebra, agregó el miércoles último a Pekín -junto con la provincia china de Shangxi y la ciudad canadiense de Toronto- a su lista de lugares que deben ser evitados por los viajeros. Previamente, sólo Hong Kong y la provincia china de Guangdong, donde la enfermedad fue detectada por primera vez el año pasado, integraban la lista.
Los expertos en salud advirtieron que cientos de nuevos casos de SARS parecen inevitables, en la medida en que el gobierno se retrasó en tomar medidas que contuvieran el brote infeccioso que trató de mantener oculto hasta hace unas semanas.
"Pekín perdió todo marzo en la lucha contra el SARS, y éstas son las consecuencias", dijo Henk Bekedam, jefe de la oficina de la OMS en esta ciudad. "Ahora están trabajando muy duro para tratar de controlarla, pero la enfermedad se ha difundido más de lo que se creía, y no está claro si su resolución está a la vista."
Una de las principales medidas de control fue la suspensión de las clases en todas las escuelas primarias y secundarias de Pekín por dos semanas, medida que quizás haya sido prudente, pero que por ahora sólo ha añadido una buena cuota de ansiedad en la población. Tal es así que muchos padres no permiten a sus hijos salir de sus hogares.
Días atrás, ante los rumores de que los comercios de la ciudad cerrarían o que los barrios en donde habían sido detectados casos de SARS serían puestos en cuarentena, muchos habitantes de Pekín corrieron a los comercios a comprar grandes cantidades de arroz, comidas instantáneas y vegetales. Mientras, la televisión estatal intentaba convencer a la población de que los comercios estaban bien abastecidos y así seguirían.
El exodo
Cientos de hombres de negocios, trabajadores y estudiantes universitarios originarios de las provincias chinas, la mayoría ataviada con barbijos, atestaron las estaciones ferroviarias y de autobuses, sintiendo que estarían más seguros en cualquier otra parte, e ignorando los pedidos oficiales de evitar los viajes hacia el interior de China por el peligro a seguir diseminando la enfermedad por todo el país.
Song Yang, estudiante universitario de primer año, estaba en la estación a punto de partir a su hogar en la provincia de Jilin. "No tendremos clase durante un mes, y Pekín es ahora un lugar peligroso", comentó.
Los pasos tomados por las autoridades sanitarias chinas en dirección a empezar a difundir información sobre la enfermedad que fue ocultada durante meses no han aliviado el temor en torno del SARS, y muchos aún desconfían de las declaraciones gubernamentales.
Un trabajador de la construcción llamado Li también emprendía el regreso a su hogar en el interior del país: "He estado en Pekín durante cuatro años, pero ahora necesito volver a casa y esperar a que esto termine".
Fuente: The New York Times