La sífilis forjó la
personalidad de Hitler, Beethoven y Van Gogh
No es fácil aceptar que los exquisitos movimientos del Himno a la Alegría de 'la novena' de Beethoven o la explosión de color de los cuadros de van Gogh podrían estar 'inspirados’ por los síntomas de una enfermedad venérea como la sífilis. Pero quizá suscite menos recelos admitir que esta patología sea la responsable del carácter iracundo y paranoico de
Hitler.
La escritora Deborah Hayden sostiene en su libro
'Genialidad, locura y los misterios de la sifilis' que detrás de las peculiares
personalidades de destacadas figuras de la historia se encuentra un trastorno
cuyo nombre se evitaba nombrar. Esta autora estadounidense critica a los
historiadores y biógrafos por haber subestimado el impacto de esta enfermedad
en la construcción de la historia de la humanidad.
Hayden aclara que la enfermedad no explica el genio de Beethoven ni la crueldad
de Hitler. Lo único que hace la infección por Treponema pallidum, la
bacteria responsable de la sífilis, es acentuar o distorsionar los talentos y
las inclinaciones innatas de estos personajes. En las fases iniciales, los
síntomas son dolores óseos, jaquecas, visión borrosa y vómitos. Sin embargo,
con el paso del tiempo la enfermedad penetra en el sistema nervioso central y
altera el comportamiento de los infectados. En esa fase, los sifilíticos
experimentan episodios de depresión, de ira y de paranoia seguidos de momentos
de gran euforia y de exaltación de la creatividad. Sus efectos son
similares a los de algunas drogas alucinógenas, los pacientes
“disfrutan” de periodos en los que perciben la realidad como una
explosión de luz y de colores brillantes.
¿Pintaría Goya su oscuro cuadro “Saturno devorando a sus
hijos” sumergido en las horas tenebrosas de la sífilis? ¿El
superhombre de Nietzsche será fruto de los periodos de expansión mística que
proporciona la treponema? Hayden responde que sí. La genialidad concedida por
la treponema se extiende, según la autora, a personajes como Joyce, Flaubert,
Schubert u Oscar Wilde.
Puesto que según la tesis de Hayden, lo que hace la sífilis es realzar las
características ya presentes, su efecto no sólo activa un torrente de
creatividad. Cuando ha penetrado en las profundidades de la mente también puede
encender la crueldad o la megalomanía que personajes como Hitler, Iván el
terrible o Al Capone llevaban dentro.
Hayden explica en su libro que el Fuhrer podría haber contraído la enfermedad
en su juventud, transmitida por una prostituta. Aunque existen diferentes
opiniones relativas a si los problemas de salud del dictador nazi se debían a
la sífilis o a otra patología. Lo que parece claro es que Hitler tenía cierta
fijación por esta enfermedad venérea a la que consideraba un mal judío.
En la actualidad, los antibióticos han relegado estos síntomas a un recuerdo
histórico. Sin embargo, en el siglo XVI la sífilis llegó a convertirse en un
autentico azote. Se consideraba el mal innombrable, la marca vergonzante de los
placeres carnales porque su transmisión se produce fundamentalmente por vía
sexual. Todavía a comienzos del siglo XX, alrededor del 15% de la población
adulta de las grandes ciudades padecía sífilis.
Fuente: El Mundo