¿Beber o no beber?

Coincidiendo con la publicación de un nuevo trabajo sobre los beneficios de beber alcohol tres o cuatro veces a la semana para reducir el riesgo de infarto, el 'New England Journal of Medicine' publica un editorial que trata de dilucidar dónde radican realmente los beneficios del alcohol.

No es la primera vez que los científicos se detienen a estudiar la llamada 'paradoja francesa': el bajo índice de enfermedades cardiovasculares que se registra en uno de los países donde más vino tinto se consume, Francia. Los indicios apuntan además que el vino no es el único brebaje 'cardiosaludable', algo que pone en cuestión dicha teoría. 

En concreto, el trabajo que publica esta semana el 'NEJM' concluye que el consumo de alcohol, exclusivamente en hombres, al menos tres veces a la semana puede reducir el riesgo de padecer un infarto de miocardio, independientemente del tipo de bebida, y de la proporción de alcohol con las comidas. Esta investigación, llevada a cabo por el centro médico Beth Israel Deaconess de Boston, concluye que incluso un pequeño aumento del consumo puede repercutir positivamente en la salud coronaria de los sujetos.

El editorial, firmado por I. J. Goldberg, de la Universidad de Columbia, reconoce que la mayor parte de estudios epidemiológicos al respecto no ha podido eliminar completamente los factores confusores que diferencian a los distintos grupos de bebedores (consumo de cigarrillos, prevalencia de diabetes, actividad física, consumo de grasas saturadas e insaturadas). 

Pese a ello, las evidencias biológicas apuntan efectivamente a que determinadas sustancias en las bebidas alcohólicas pueden disminuir los niveles de inflamación y oxidación, al tiempo que eleva el colesterol de alta densidad. Sin embargo, Goldberg recuerda que los ensayos con animales no han demostrado que la bebida logre una efectiva reducción de la ateroesclerosis. 

En este sentido, señala que «no existe suficiente información para animar a los pacientes que no toman alcohol a que empiecen a hacerlo». En su opinión, mientras que los efectos positivos no están aún plenamente demostrados, los efectos tóxicos «sí que están firmemente establecidos». El autor recuerda además que, pese a que los trabajos al respecto han demostrado una reducción de las enfermedades cardiovasculares, no se ha establecido aún la posible reducción de la mortalidad a consecuencia del consumo de alcohol por lo que reclama nuevos estudios al respecto antes de que los médicos modifiquen sus recomendaciones. 

Y expresa con un ejemplo muy gráfico su opinión al respecto: «Si el alcohol fuese una sustancia recién descubierta, ninguna compañía farmacéutica lo desarrollaría para tratar las enfermedades del corazón». 

Sin embargo, reconoce que, con los resultados actuales en la mano, se puede recomendar a pacientes con enfermedades cardiovasculares, y sometidos a un tratamiento médico adecuado, un consumo moderado de alcohol como terapia médica, ya que efectivamente se ha demostrado una reducción de los riesgos cardiovasculares asociada a la bebida. 

NEJM 2002; 348: 109-18 y 16