En la mayor parte de los casos, la amigdalectomía no está indicada

Aunque la práctica habitual sugiere que los niños con dos o tres infecciones de amígdalas o vegetaciones al año pueden beneficiarse de la tonsilectomía, ni siquiera criterios de mayor gravedad justifican esta cirugía, según un estudio del Hospital Infantil de Pittsburg (Pensilvania) publicado en la edición de julio de ‘Pediatrics’.


«El modesto beneficio que la extracción de amígdalas y vegetaciones puede reportar a los niños que padecen cuadros moderados de faringoamigdalitis, no justifica ni los riesgos inherentes, ni la morbilidad, ni el coste de las operaciones», dice Jack L. Paradise, coautor del estudio.

Los mismos científicos ya llevaron a cabo un estudio previo que demostraba la eficacia de la tonsilectomía para pacientes afectados por episodios más severos. En esta ocasión, han analizado además los efectos de la intervención en niños con patologías menos graves que los del primer ensayo pero que sí entraban dentro de los parámetros generales así como los beneficios añadidos que podría proporcionar la extracción de las vegetaciones conjuntamente con las amígdalas (adenotonsilectomía).

Para ello llevaron a cabo dos ensayos paralelos controlados entre 328 niños de 3 a 15 años con un historial previo de episodios recurrentes de infecciones de garganta. Se emplearon criterios menos estrictos que en el ensayo anterior en relación con la frecuencia de los episodios, el historial clínico de los niños o el grado de documentación. «Estos criterios tan estrictos eran, sin embargo, más rigurosos que los empleados en las actuales guías oficiales, que señalan literalmente ‘3 o más infecciones de amígdalas y vegetaciones al año pese a la adecuada terapia médica’ como indicador para poder proceder a la intervención», critican los autores.

Los investigadores dividieron a los niños entre los que no tenían adenoiditis obstrucitiva ni otitis media persistente (177) y los que presentaban «una o más de estas condiciones». A su vez, los repartieron aleatoriamente entre los que se sometieron a tonsilectomía, adenotonsilectomía y un tercer subgrupo de control.

Después de tres años de seguimiento, la incidencia de las infecciones de garganta entre los grupos sometidos a cirugía era significativamente más baja; sin embargo, entre el grupo de control las tasas también eran bajas (oscilando entre 0’16 y 0’43 episodios al año). Las diferencias entre unos y otros no eran significativas en ninguno de los casos. La extracción de las vegetaciones al tiempo que las amígdalas tampoco resultó ser más eficaz que la tonsilectomía sólo. Asimismo, de los 203 niños operados, 16 (7,9%) tuvieron problemas post-operatorios de diversa gravedad.

Por todo ello, los autores son concluyentes: «En circunstancias normales, ni los criterios empleados en el estudio ni los que rigen las guías oficiales son lo suficientemente rigurosos para usar en la práctica clínica». Y añaden que «deberían aplicarse criterios más estrictos a la hora de decidir la conveniencia o no de extraer las amígdalas; y tener en cuenta, además, la posibilidad de ampliarlos espontáneamente en cada caso y tomar decisiones individualizadas para cada paciente».





Pediatrics 2002; 110 (1): 7-15