La lactancia materna reduce el riesgo de obesidad
Un estudio publicado esta semana en la revista 'The Lancet' evidencia que los niños que reciben lactancia materna tienen menos riesgo de ser obesos que los alimentados con fórmulas preparadas.
El trabajo, realizado en Escocia, evaluó 52.394 bebés, comparando aquellos que habían sido alimentados con lactancia materna exclusivamente con los que habían recibido sólo fórmulas preparadas (se excluyeron los que recibieron ambos tipos de alimentación) durante los primeros meses de vida. El análisis final se realizó sobre 32.200 niños.
Se definió la obesidad en función del índice de masa corporal (IMC), considerándose obesos a los 40 meses aquellos niños que estaban en el percentil 98 o superior (IMC más 2,06 veces la desviación estándar). Se consideraron los datos de referencia de 1990 para Gran Bretaña.
La prevalencia de la obesidad fue del 8,5%, siendo significativamente más baja entre los niños alimentados con lactancia materna (OR 0,75 IC 95% 0,70-0,85). No hubo diferencias entre niños y niñas. Cuando se ajustó por potenciales confusores como el estatus socioeconómico, el sexo, o el peso al nacer, las diferencias se mantuvieron (OR 0,72 IC 95% 0,65-0,79). El peso al nacer se asoció también con la prevalencia de obesidad a los 40 meses. No hubo interacciones entre el tipo de alimentación y el estatus socioeconómico o el peso al nacer.
Los autores del trabajo comentan las limitaciones de su estudio, ya que sólo se utilizaron los datos demográficos de los pacientes.Sin embargo, la mayoría de los trabajos publicados han demostrado que el principal confusor en estudios de obesidad es el nivel socioeconómico, dato del que disponían y que fue incluido en el análisis.
La alimentación materna reduce el riesgo de obesidad en los niños, un hallazgo que viene a sumarse a la larga lista de argumentos en favor de la lactancia materna. Es más, como la obesidad infantil se ha asociado con la obesidad en la edad adulta, el efecto podría tener una mayor transcendencia sanitaria y social.
The Lancet Junio 2002; 359: 2003-4.
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