La Hemorragia Digestiva Está Aumentando Entre la Población Anciana
Aunque la mortalidad por enfermedad péptica se ha reducido dramáticamente, la incidencia de hemorragia digestiva continúa creciendo entre los pacientes mayores. Investigadores ingleses, tras revisar las estadísticas de los últimos años, han observado un claro aumento de los ingresos hospitalarios por este causa.
El trabajo, publicado en 'GUT', evidencia además un gran aumento en el consumo de fármacos gastroerosivos, algo que para los autores podría estar detrás de este incremento.
Entre 1950 y 1980, tanto los ingresos hospitalarios como la mortalidad por úlcera péptica, disminuyeron considerablemente en la mayoría de países occidentales. Sin embargo, en la década de los 70, los ingresos por úlcera perforada y la mortalidad por úlcera duodenal se incrementaron entre las mujeres ancianas, algo que fue atribuido al aumento en el consumo de AINES.
La introducción, a mediados de los 70, de la nueva generación de fármacos antagonistas de los receptores H2, consiguió una dramática disminución en el número de intervenciones programadas para el tratamiento de la úlcera péptica. Desde entonces se han producido otros dos grandes avances en el manejo de la enfermedad péptica: los inhibidores de la bomba de protones y el tratamiento antibiótico de erradicación del H. pylori. Por otro lado, se ha establecido recientemente una asociación entre la hemorragia digestiva y los inhibidores de la recaptación de serotonina (IRS) ampliamente recetados para el manejo de los síndromes ansioso-depresivos.
Los investigadores ingleses examinaron las estadísticas nacionales de mortalidad, ingresos hospitalarios, intervenciones quirúrgicas y tendencias en la prescripción de fármacos en relación con la enfermedad ulcerosa péptica. Durante los años 1980/90 y 1998/99 se observó un marcado incremento en el número de ingresos por hemorragia digestiva en pacientes mayores de 65 años, sobre todo la secundaria a úlcera duodenal. Disminuyeron las perforaciones por ulcus gástrico al tiempo que se incrementaron las debidas a ulcus duodenal, en particular en los varones de edad avanzada. Otro hallazgo fue la disminución de la mortalidad a partir de mediados de los 80 para todos los grupos de edad excepto para las mujeres ancianas con ulcus duodenal.
Respecto al consumo de fármacos, el número de recetas de antagonistas H2 permanece constante al tiempo que aumentó la prescripción de inhibidores de la bomba de protones en un 5000%, de aspirina (475 mg) en un 460%, de anticoagulantes orales en un 200% y de AINES en un 13% entre 1990 y 1999. Finalmente, desde la introducción de los IRS en 1991, su consumo se ha multiplicado por 15.
Para los autores del estudio, tanto el descenso en el número de ingresos por enfermedad ulcerosa entre la población joven, como el aumento entre los mayores de 65 años estarían en relación con el descenso en las tasas de infección por H. pylori unido al incremento en el consumo de fármacos ulcerogénicos. Los primeros se beneficiarían más de la erradicación con antibióticos mientras que los pacientes geriátricos se verían más expuestos a recibir aspirina (se ha estimado que por cada 1.000 pacientes antiagregados con aspirina se producirá una o dos hemorragias digestivas anuales), AINES o antidepresivos.
El estudio concluye reconociendo la necesidad de nuevos estudios que profundicen en las causas que subyacen a estas modificaciones en la incidencia de la enfermedad ulcerosa que tiende cada vez más a ocurrir en la población anciana. Debe investigarse la contribución relativa de cada fármaco (tanto los empleados en el tratamiento como los que favorecen la aparición de úlceras) y sus repercusiones en los diferentes rangos de edad de la población.
Gut 2002;50:460-464
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