Científicos argentinos descubren un potente antibiótico

Un antibiótico de origen humano, con gran potencialidad tecnológica para ser utilizado como conservante natural de alimentos, fue descubierto por dos científicos argentinos luego de diez años de investigaciones patrocinadas por instituciones estatales. 

El hallazgo será presentado a la comunidad científica europea este mes. "La Microcina J25 es un antimicrobiano naturalmente producido por bacterias del intestino humano, por lo que puede admi nistrarse sin riesgo de toxicidad para las personas", explicó a la agencia Télam Ricardo Farías, investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT). Farías aseguró que "esto tiene una aplicación casi inmediata en la industria alimentaria, como sustituto de conservantes artificiales que quitan naturalidad a los productos, donde la incorporación de antibióticos comunes como preservantes está mundialmente prohibida por su toxicidad para los consumidores". "Este antimicrobiano representaría incluso un gran ahorro para la producción alimentaria, que hoy importa conservantes del exterior o paga royalties para producirlos localmente. Y podría, en cambio, generar algún día buenos ingresos con el cobro de patentes", se entusiasmó el químico. El descubrimiento del antibiótico, que según Farías es "el primer péptido de estructura circular producido por una bacteria gram negativa descripto hasta ahora", será presentado en un congreso europeo. 
En 1989, Farías, junto a otro investigador del Conicet y la UNT, el bioquímico Raúl Salomón, aisló en las heces de un bebé sano una cepa de una enterobacteria, la Escherichia Coli, productora de un antibiótico al que bautizaron Microcina J25. La Escherichia Coli, una bacteria residente en el intestino de todos los seres humanos, utiliza la Microcina para competir frente a otras bacterias y garantizar su supervivencia, una cualidad que los investigadores tucumanos también pretenden aprovechar como antibiótico de amplio espectro microbiano. 







Fuente: Télam, 3/4/01