El hanta, un enemigo invisible que ha causado cientos de muertes en toda América, ha sido aislado vivo por primera vez desde su identificación en 1993.
Un grupo de científicos del Instituto de Salud Pública de Chile ha logrado aislar las primeras copias del virus a partir del cuerpo de un paciente. "Estuve en cama por unos tres días. No podía respirar. Sentía que alguien estaba poniendo un peso alrededor de mi pecho y una almohada sobre mi boca". Este testimonio corresponde a Gloria, una mujer que logró sobrevivir al ataque del virus hanta, que se ha detectado en toda América, desde Canadá a Chile y Argentina. A lo largo del continente existen diversas cepas de este patógeno, que habitan en distintas especies de ratones y provocan un cuadro conocido como síndrome cardiopulmonar por hanta, que conduce a la muerte en un 50 por ciento de los casos. A pesar de que no existe todavía una vacuna contra el hanta, el trabajo de los investigadores chilenos representa un gran paso hacia la prevención de la enfermedad. "Una posibilidad es modificar una parte de su material genético para generar una respuesta de inmunidad en el organismo", señaló Héctor Galeno, jefe del laboratorio de virus del Instituto de Salud Pública, que trabaja en conjunto con la Universidad Católica de Chile y la Universidad de Nuevo México, en Estados Unidos. El especialista explicó que en agosto del año pasado fueron notificados de un caso fatal de hanta en el sur de Chile. Inmediatamente se tomaron muestras de todas las personas cercanas a este paciente, entre ellas un niño de diez años de edad que no presentaba signos de enfermedad, pero que a los pocos días murió víctima del síndrome cardiopulmonar. El lado positivo de esta tragedia fue que la muestra de sangre se tomó justo en el período de incubación, en el que hay una gran cantidad de virus circulando por el torrente sanguíneo, pero todavía no atacados por las defensas del organismo. Los científicos comenzaron entonces las pruebas de laboratorio para confirmar la presencia del patógeno trabajando con un alto nivel de bioseguridad, que incluyó el uso de cámaras de ventilación y trajes protectores. "Como no hay una vacuna ni una cura efectiva, es un riesgo que uno asume voluntariamente, pero tomando el máximo de precauciones", comenta Galeno. A comienzos de este año los esfuerzos dieron frutos: se identificó el virus e incluso se pudo comparar su material genético con la cepa Andes, presente en Argentina. Ambos coincidieron en un 91 % de su genoma. La diferencia restante se explica por la separación geográfica y la mutación propia del virus, que complica el desarrollo de una vacuna contra todas las variedades presentes en América. La historia del síndrome se remonta a mayo de 1993, cuando se inició una misteriosa epidemia de enfermedades pulmonares, que atacó con especial saña a la región estadounidense de Four Corners, donde confluyen los Estados de Arizona, Nuevo México, Colorado y Utah. En ese momento, un hombre joven y saludable perteneciente a la tribu de los indios navajos fue ingresado a un hospital de Nuevo México, donde murió poco después. Paralelamente una serie de casos similares despertó la alarma del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades en el estado de Georgia, y tras semanas de análisis de laboratorio y trabajos en terreno, los expertos descubrieron la causa de la enfermedad: un microbio desconocido que era transmitido por roedores. Los científicos también examinaron muestras de tejidos congelados provenientes de personas que habían fallecido por complicaciones respiratorias de origen desconocido. Se encontraron con la sorpresa de que el mismo virus era el responsable de tales muertes. Incluso se pudo rastrear la infección más antigua documentada hasta ahora, que corresponde a un hombre de 38 años que murió en 1959. Ahora se sabe que este síndrome acompaña al ser humano hace miles de años, y que su reaparición depende del mayor o menor contacto que tengan las personas con determinados grupos de ratones. Asimismo, las temporadas de lluvias o sequías también parecen jugar un papel clave, debido a su influencia en la población total de roedores. De hecho, el hanta ha atacado con más fuerza justo después de la corriente de El Niño, que aumenta las precipitaciones en gran parte de América. Se cree que el período de incubación del hanta dura entre una a cinco semanas después de producido el primer contacto con ratones infectados, sus heces u orina. La forma de contagio más común es respirar aire contaminado con el virus. Los síntomas iniciales incluyen astenia, fiebre y mialgias. También pueden presentarse cefaleas, mareos, náuseas, diarrea y dolor abdominal. Alrededor de diez días después comienza la fase final del síndrome, donde aparecen las manifestaciones respiratorias.Aún no existe una terapia efectiva contra la enfermedad. No obstante, si el paciente es llevado con celeridad a una unidad de cuidados intensivos tendrá más probabilidades de sobrevivir.
Fuente: Bioplanet.net
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