El bisturí ultrasónico o armónico se está convirtiendo en una herramienta fundamental para los cirujanos que operan mediante laparoscopia, ya que, según los especialistas, es más preciso, limpio y seguro.
"El bisturí armónico trabaja a una temperatura que no suele superar los 80 grados, mientras que el eléctrico supera los 200. Por lo tanto, existe menos riesgo de producir calcinaciones de tejidos que pasadas unas horas de la intervención pueden degenerar en lesiones graves", señaló el jefe del servicio de Cirugía del hospital Ramón y Cajal de Madrid, Virgilio Fresneda.
Este instrumento tiene además la capacidad de coagular las heridas al mismo tiempo que disecciona, lo que permite trabajar en un campo sin hemorragias y limpio de sangre.
Por su parte, el jefe del área de Cirugía de la Fundación Hospital Alcorcón, Antonio Quintans, destacó la facilidad en el manejo y la seguridad de los cortes, agregando que, como casi no produce humo al cortar, permite tener controlada la operación en todo momento y facilita la labor en la cirugía laparoscópica.
El bisturí ultrasónico consta de un generador, un transductor y los terminales -el bisturí en sí-, que son intercambiables y están diseñados para cortar, coagular o disecar (el corte se produce al vibrar los terminales a una gran frecuencia). El generador es la fuente de energía ultrasónica que se acciona mediante un pedal y produce las ondas que mueven el bisturí. El transductor es la pieza que transforma la energía ultrasónica en energía mecánica; se coloca entre el generador y los terminales, y tiene, en general, un sistema de ventilación.
Está especialmente indicado en cirugía general, ginecológica y urológica, aunque su uso se expande últimamente en neurología, traumatología, cirugía cardiovascular y torácica.
Un factor importante es que no se necesita un entrenamiento especial para usarlo, ya que se maneja prácticamente igual que el eléctrico. Otros beneficios para el paciente son la precisión de los cortes y la coagulación, que reducen la posibilidad de hemorragias y aumentan la velocidad de cicatrización, acortando el postoperatorio.
En Suecia se utiliza actualmente para el 70% de las intervenciones, mientras que en España más de un centenar de hospitales ya lo cuentan en sus quirófanos.
Por otra parte, destacados cirujanos españoles coincidieron que tiene algunas ventajas con respecto a otro bisturí existente en el mercado: el láser.
Los profesionales afirmaron que este último presenta entre sus inconvenientes el de ser más caro, requerir medidas de protección especiales para los médicos y el enfermo (uso de gafas para evitar las radiaciones, por ejemplo) y ser menos preciso.
Fuente: El País.
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