Introducción
La prevalencia de diabetes y de síndrome metabólico (SM) aumentó considerablemente en los últimos años en todo el mundo. Este fenómeno sin duda traerá consecuencias importantes en términos de la salud cardiovascular ya que el 70% de los fallecimientos en individuos con diabetes obedece a enfermedad vascular. Además, las muertes por infarto de miocardio y por accidente cerebrovascular (ACV) en diabéticos representan el 20% y el 15% del total de los fallecimientos atribuibles a estas enfermedades. La mortalidad por enfermedad coronaria es tres veces más alta en diabéticos en comparación con la población general. En este artículo, el doctor Rothwell del Radcliffe Infirmary del Reino Unido revisa los mecanismos para prevenir el ACV en pacientes con diabetes y síndrome metabólico (SM).

Diferencias en la patología vascular entre diabéticos y no diabéticos
Debido a la elevada prevalencia de patología microvascular en pacientes con diabetes (retinopatía y nefropatía) se suele considerar que el ACV por enfermedad de los pequeños vasos cerebrales es más común en individuos con diabetes. Sin embargo, un meta-análisis reciente no encontró asociación entre la diabetes y ninguno de los subtipos de ACV isquémico según los criterios TOAST. Sin embargo, no existen dudas de que la diabetes representa un factor de riesgo de ACV isquémico de cualquier subtipo. Por lo tanto no parecen existir motivos para pensar que las etiologías del ACV en diabéticos sean especialmente diferentes a las de los ACV en no diabéticos; así, los resultados obtenidos en la población general serían también aplicables a individuos diabéticos. Sin embargo, la gravead del ACV parece mayor en pacientes con diabetes. Por ejemplo, algunos estudios sugirieron que la arteriosclerosis de grandes vasos es más grave en pacientes con diabetes y que los individuos diabéticos suelen tener con mayor frecuencia arteriosclerosis bilateral de carótida interna y de la arteria cerebral media proximal. También se sugirió que los enfermos con diabetes están expuestos a mayor riesgo de hemorragia intracerebral, un fenómeno que de confirmarse podría tener consecuencias importantes en términos de tratamiento, especialmente con drogas antiplaquetarias y con anticoagulantes. No obstante, una revisión sistemática al respecto no mostró una asociación significativa entre la diabetes y la hemorragia intracerebral. El panorama es el mismo en términos de microsangrados cerebrales. En conjunto no existen indicios firmes de que los enfermos con diabetes tengan mayor riesgo de sangrado intracerebral.

Diagnóstico del ataque isquémico transitorio (AIT) y del ACV en diabéticos
El diagnóstico preciso del ACV y del AIT es fundamental para adoptar las medidas adecuadas para prevenir un nuevo episodio. Lamentablemente, el diagnóstico de estos trastornos en pacientes con diabetes suele ser más difícil por diversos motivos. En primer lugar, la mononeuropatía diabética aguda puede confundirse con ACV; los síntomas neurológicos transitorios por hipoperfusión cerebral intermitente también pueden simular el AIT en enfermos con neuropatía autonómica. Sin embargo, la causa más frecuente y común de diagnóstico erróneo es la falla para reconocer la posibilidad de una disfunción neurológica focal, habitualmente atribuible a manifestaciones de hipoglucemia. El diagnóstico también se complica en sujetos con neuropatía autonómica. Los dos escenarios clínicos más comunes son el de un paciente con hemiparesia y con disfasia en las primeras horas de la mañana y el enfermo derivado por múltiples ACV en los que la resonancia nuclear magnética es completamente normal. Sin embargo, cualquiera de estas situaciones obliga a pensar en una posible disfunción neurológica focal, especialmente en los enfermos en los que las manifestaciones se mantienen durante cierto tiempo después de la corrección de la hipoglucemia.

Pronóstico después del ACV y del AIT en pacientes con diabetes
Debe considerarse el pronóstico precoz (a corto plazo, durante los primeros 30 días que siguen al episodio) y el pronóstico tardío (después de ese momento). En el primer caso, el riesgo de recurrencia del ACV es muy alto, posteriormente desciende pero existe una probabilidad sustancialmente mayor de eventos cardiovasculares, especialmente síndromes coronarios. En pacientes con diabetes es fundamental la prevención secundaria.

Reducción absoluta y relativa del riesgo
La reducción absoluta del riesgo nos indica cuál es la probabilidad que tiene un paciente de beneficiarse con el tratamiento; por ejemplo una reducción del 25% sugiere que existe una posibilidad en cuatro de que el enfermo se beneficie (número necesario a tratar –NNT de 4). Por el contrario, la reducción relativa del riesgo no brinda información acerca de la probabilidad individual de beneficio. Existen diferencias considerables en la reducción absoluta y relativa del riesgo en relación con los diferentes tratamientos; este fenómeno ocurre sobre todos en pacientes con diabetes (en comparación con los no diabéticos) y en el contexto de la prevención primaria. Así, se considera que el riesgo de eventos vasculares en el contexto de la prevención primaria es tan elevado como el de enfermos no diabéticos que han sufrido un evento vascular adverso (prevención secundaria).

Control de la glucemia
Numerosos trabajos mostraron la importancia del control adecuado de la glucemia en la disminución del riesgo de complicaciones vasculares. El mal control de la glucemia (según los valores de HbA1c) se asocia con mayor probabilidad de complicaciones macrovasculares y microvasculares. Por ejemplo el UKPDS mostró que por cada incremento del 1% en el valor de la HbA1c existe 11% más de riesgo de eventos coronarios. A su vez, el control metabólico inadecuado aumenta el riesgo de mortalidad después del ACV y del infarto de miocardio. En el Reino Unido, las guías del National Institute for Clinical Excelente (NICE) establecen que la concentración de HbA1c debería estar entre 6,5% y 7,5%; el control adecuado de la glucemia se acompaña de reducción de las complicaciones vasculares y de muerte prematura.

Prevención de la diabetes en pacientes con síndrome metabólico (SM)
En enfermos con SM se debe prevenir la progresión a diabetes. Para ello son útiles las modificaciones en el estilo de vida y los fármacos que bloquean el sistema renina-angiotensina. La obesidad visceral tiene un papel protagónico en el SM y en la diabetes tipo 2. Las células adiposas son resistentes a la insulina; estimulan la hiperlipemia, la hipertensión, la trombosis y la inflamación. El Finish Diabetes Study mostró que los enfermos asignados a tratamiento convencional y a un abordaje destinado a reducir el 5% del peso corporal tenían una reducción relativa del 58% de progresar a diabetes.
Numerosos trabajos revelaron el beneficio asociado con el tratamiento con inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina o con antagonistas de los receptores de angiotensina; en la actualidad estos fármacos se consideran de elección para descender la presión arterial en enfermos con SM. Existen pocas diferencias en las estrategias recomendadas en el contexto de la prevención secundaria después de un ataque isquémico transitorio (AIT) o de accidente cerebrovascular (ACV) entre diabéticos y no diabéticos.

Reducción de la presión arterial
Independientemente de la presencia de diabetes es esencial lograr cifras adecuadas de presión arterial, en prevención primaria o secundaria. La reducción del riesgo relativo de ACV y de otros eventos cardiovasculares mayores es proporcional a la disminución de la presión arterial. Sin embargo, los fármacos que actúan sobre el sistema de renina-angiotensina tendrían ventajas particulares. En prevención primaria la presión arterial debe tratar de mantenerse por debajo de 130/80 mm Hg en diabéticos y por debajo de 140/85 mm Hg en no diabéticos. La disminución de la presión arterial es un objetivo esencial en la mayoría de las personas con un AIT o con antecedente de ACV, con o sin diabetes. Una revisión sistemática mostró que el tratamiento antihipertensivo disminuía considerablemente el riesgo de un nuevo episodio neurológico (RR de 0,72) y de eventos cardiovasculares mayores (RR de 0,79). Sin embargo, se sabe que en pacientes con estenosis bilateral de carótidas, la probabilidad de ACV se eleva en presencia de niveles muy bajos de presión arterial sistólica. Por lo tanto, en este grupo el descenso debe estar muy controlado; en casos especiales puede ser necesaria la endarterectomía.

Descenso de la concentración de lípidos en sangre
En numerosas poblaciones se vio que las estatinas reducen el riesgo de ACV. Un meta-análisis mostró que el tratamiento con simvastatina, pravastatina y atorvastatina reduce considerablemente el riesgo de ACV fatal y no fatal, en comparación con placebo. En virtud del elevado riesgo cardiovascular presente en individuos con diabetes, en prevención primaria se recomienda un descenso del colesterol de lipoproteínas de baja densidad (c-LDL) semejante al que se pretende en enfermos con patología cardiovascular establecida. Más aún en la actualidad, algunos grupos consideran apropiado un descenso más marcado todavía. El Heart Protection Study comparó el efecto de la simvastatina y del placebo en más de 20.000 personas (3.280 con antecedente de AIT o de ACV). La simvastatina se asoció con una disminución importante del riesgo de ACV a los 5 años (RR de 0,75). Se considera que las estatinas representan la elección de primera línea en pacientes con diabetes pero en algunos enfermos se requiere terapia combinada ya que en pacientes diabéticos suele observarse una dislipemia mixta con elevación de los triglicéridos y descenso del colesterol de lipoproteínas de alta densidad (c-HDL); la combinación con ácido nicotínico o con un fibrato (los nuevos fibratos, bezafibrato y fenofibrato parecen ser más seguros) puede ser de ayuda en estos casos.

Agentes antiplaquetarios
Habitualmente en individuos no diabéticos y en el ámbito de la prevención primaria no suele indicarse el tratamiento con agentes antiplaquetarios a menos que el riesgo vascular sea muy elevado. Esta conducta se basa en que no existen indicios firmes de que la reducción del riesgo de eventos isquémicos exceda al de sangrado, en el paciente típico. No obstante, en enfermos particulares con diabetes, el escenario puede ser distinto. La American Heart Association recomienda el uso de aspirina en sujetos con un riesgo de eventos coronarios de por lo menos un 10% a los 10 años; esta pauta incluye a la mayoría de los enfermos con diabetes y a muchos pacientes con SM. La American Diabetes Association recomienda el tratamiento con dosis bajas de aspirina en todos los adultos con diabetes que no tienen contraindicaciones específicas. En términos generales no hay motivos para un uso diferentes en enfermos diabéticos o no diabéticos, en el contexto de la prevención secundaria. En pacientes con antecedente de AIT o de ACV se observó que el tratamiento antiplaquetario prolongado reduce el riesgo de nuevos eventos. En estos enfermos, el beneficio en términos de prevención de un nuevo ACV supera el riesgo de sangrado. La dosis de aspirina puede ser diferente y no hay evidencia firme que avale el uso de ticlopidina o clopidogrel o la terapia combinada.

Anticoagulación y endarterectomía de carótida
No hay indicios de que la anticoagulación (respecto del tratamiento antiplaquetario) sea de más beneficio en la prevención de un nuevo ACV en personas con ritmo sinusal normal, con o sin diabetes. La anticoagulación, en cambio, puede ser muy útil en enfermos con fibrilación auricular.
La enfermedad de carótidas es muy prevalente en sujetos con diabetes; el abordaje debería ser semejante al de individuos sin diabetes.
En conclusión, la prevención primaria de enfermedad vascular debe ser más intensa en sujetos con diabetes y con SM; en términos de prevención secundaria, las medidas son por lo general similares a las que se adoptan en pacientes sin diabetes.


    Año IX, N° 148, Noviembre 2008