Introducción y objetivo:
Los síndromes depresivos son comunes en personas de edad avanzada. Se estima una prevalencia global del 0,4% al 35% y una frecuencia de depresión mayor del 1,8%. En pacientes con enfermedad de Alzheimer (EA), se han comunicado cifras aún más altas. El reconocimiento y el tratamiento de la depresión en sujetos con EA son importantes por diversos motivos. Se sabe que los pacientes con EA y depresión tienen mayor incapacidad en las actividades de la vida diaria, mayor posibilidad de agresión física y reducción considerable de la calidad de vida. Asimismo, en estos enfermos, la depresión se asocia con internación más precoz en instituciones especiales, con mayor riesgo de suicidio y con aumento de la mortalidad. Por todos estos motivos es importante conocer los factores de riesgo de depresión en individuos con EA para garantizar las medidas terapéuticas necesarias en términos de prevención primaria (prevenir la depresión) o prevención secundaria (reconocimiento y tratamiento precoces).
En la población general se sabe que el sexo femenino, la edad avanzada, el ser soltero, un bajo nivel de educación, la presencia de incapacidades físicas, la declinación funcional, el antecedente de eventos adversos en la vida, la muerte de un ser querido y la falta de contacto social, entre otros, son factores de riesgo de depresión. Lo mismo ocurre con la historia personal de depresión. Sin embargo, sólo unos pocos trabajos analizaron la presencia de marcadores de depresión en pacientes con EA. Los más importantes fueron el sexo femenino, el antecedente familiar de un trastorno del humor en parientes de primer grado y la historia de depresión. Empero, ninguna investigación evaluó sistemáticamente marcadores específicos de enfermedad para depresión en EA, objetivo del estudio actual.

Materiales y métodos:
Entre 1986 y 2002 se estudiaron 217 pacientes con EA probable según criterios del National Institute of Neurological and Communicative Diseases and Related Disorders Association (NINCDS-ADRDA). Para el análisis, los autores eligieron 5 factores de riesgo establecidos de depresión mayor en la población general y 6 marcadores potencialmente específicos de enfermedad para trastorno depresivo mayor. Los primeros incluyeron edad, sexo, antecedente personal de depresión, historia familiar de depresión y patología somática en curso asociada con alguna limitación. Los marcadores potenciales relacionados con EA consistieron en edad en el momento de inicio de la demencia, duración de la patología, funcionamiento cognitivo e índice de declinación funcional. Se utilizaron las siguientes escalas de valoración: Blessed Dementia Scale (BDS) para la determinación de la incapacidad asociada con la EA; Mini Mental State Examination (MMSE) para establecer el nivel de deterioro cognitivo y la 17-item Hamilton Depression Scale (HAMD) para identificar depresión mayor. En este estudio, los autores hacen una diferencia entre marcadores y factores de riesgo. En su opinión, un marcador simplemente se asocia con una evolución específica pero no tiene necesariamente una relación causal o temporal con dicha evolución. Para que un marcador se considere un factor de riesgo es necesario realizar estudios prospectivos.

Resultados:
La cohorte de análisis estuvo integrada por 217 enfermos, 90 hombres y 127 mujeres de 71,6 años edad promedio. El 29% presentaba depresión mayor según criterios del DSM-IV. En el primer modelo de regresión logística (con los 5 factores de riesgo establecidos de depresión en la población general) se observó que sólo el antecedente de depresión fue un marcador significativamente asociado con depresión en pacientes con EA.
En el paso siguiente se creó un modelo que incluyó el antecedente de depresión como marcador general de depresión en EA. Este modelo se asoció sustancialmente con depresión. Los marcadores que se relacionaron significativamente con depresión fueron el antecedente del trastorno psiquiátrico y la incapacidad atribuible a la EA, valorada con la BDS. Con este modelo se clasificó correctamente al 72,3% de los enfermos. En el paso final, los marcadores potenciales, específicos de enfermedad se agregaron individualmente al antecedente de depresión, con la finalidad de optimizar el resultado. El agregado de “incapacidad atribuible a EA” y el “antecedente de depresión “se acompañó de una mejoría importante en el valor estadístico del modelo pero el significado pronóstico se mantuvo sin cambios.
Por lo tanto, el modelo de variables múltiples con los 5 factores de riesgo de depresión en la población general no fue apto para predecir depresión en sujetos con EA. El único marcador específico fue la incapacidad atribuible a la demencia y se constató una interacción entre ambos marcadores.

Discusión:
Mediante un abordaje de variables múltiples, se demuestra que únicamente el antecedente de depresión es un marcador independiente de trastorno psiquiátrico. Asimismo, la única variable específica de enfermedad que mejoró los resultados del modelo logístico fue la incapacidad atribuible a EA. No obstante, este marcador no puede considerarse específico de la EA.

Conclusiones:
La influencia de variables específicamente relacionadas con la fisiopatología de la EA sigue sin comprenderse. La investigación futura en términos de factores de riesgo para depresión en sujetos con EA debería tener un diseño prospectivo y de variables múltiples. Además, debería evaluar con mayor precisión las posibles interacciones entre los factores generales y particulares de enfermedad.


    Año VIII, N° 135, Octubre 2007