Introducción
Las modificaciones en el sueño forman parte del proceso normal de
envejecimiento. Por ejemplo, es común que el sueño se torne más fragmentado y
que aumenten los episodios de despertar, como consecuencia de lo cual se eleva
la somnolencia diurna. La enfermedad de Alzheimer (EA) también se asocia con
trastornos de los patrones del sueño y algunos estudios han sugerido que dichos
problemas aumentan en relación con la gravedad de la demencia.
El insomnio es la sensación subjetiva de falta de sueño o de sueño no reparador;
la alteración también es más común en personas de edad avanzada. El insomnio es
un problema particularmente subjetivo, difícil de objetivar. Por su parte, esta
“sensación subjetiva” también puede modificarse con la edad. Por el contrario,
los trastornos del sueño involucran muchas anormalidades que pueden observarse y
valorarse objetivamente, por ejemplo mediante el Pittsburg Sleep Quality Index y
el Sleep Disturbance Symptom Questionnaire (SDSQ). Previamente se comprobó una
relación marginal, aunque significativa, entre el tiempo de sueño y los síntomas
atribuibles a los trastornos del sueño. Sin embargo, el tiempo de sueño nocturno
y el tiempo de sueño, sin bien son parámetros objetivos, no parecen asociarse
con los trastornos del sueño que el paciente per se refiere. El objetivo del
estudio actual es comprender mejor el sentido subjetivo de la expresión
“problemas del sueño” en una cohorte de individuos con EA y en otro grupo de
personas ancianas sin demencia. En otras palabras, se intentó establecer qué
parámetros determinan la percepción individual de los trastornos del sueño y
comparar los resultados entre pacientes y controles.
Métodos
Se incluyeron 399 sujetos sanos y 263 enfermos con demencia. Los pacientes
reunían criterios de demencia probable (n = 210) o posible (n = 53) según la
escala NINCDS-ADRDA. Los participantes completaron la Mini-Mental State
Examination (MMSE) que permite determinar el estado cognitivo. La funcionalidad
se valoró con las escalas de actividades diarias (ADL y IADL). También
completaron la Cornell Depression Scale que indica el estado de humor y el
afecto, las alteraciones cognitivas, síntomas físicos de depresión,
manifestaciones diurnas y del sueño y pensamientos depresivos. El SDSQ incluye
21 síntomas sobre trastornos del sueño en el mes previo, por ejemplo, número de
despertares por la noche, somnolencia diurna, necesitar más de 30 minutos para
dormirse, caminar durante la noche, levantarse demasiado temprano, sueño no
reparador, ronquidos fuertes, problemas para respirar, levantarse con cefalea,
despertarse por la noche con dolor, tomar medicación para dormir mejor y
presentar calambres musculares durante el sueño. Cada cohorte se clasificó según
la presencia o ausencia de problemas del sueño en función de 21 síntomas.
Resultados
Los problemas del sueño entre pacientes fueron más comunes en sujetos con
demencia de mayor duración y con peor puntaje en la escala ADL (aunque no en la
IADL). En ambos grupos, los participantes con problemas del sueño presentaron un
puntaje significativamente más alto en el SDSQ y en el número de síntomas
referidos; asimismo presentaron mayor puntaje en la escala de depresión; en
cambio no se constataron diferencias en términos del tiempo de sueño.
La comparación entre subgrupos reveló que los controles con problemas del sueño
fueron sustancialmente más ancianos, tuvieron menor nivel educativo, menos
síntomas depresivos y menos tiempo de sueño; asimismo, los puntajes en la MMSE,
ADL y IADL fueron significativamente más altos respecto de los observados en
pacientes con problemas del sueño. Al comparar los síntomas del SDSQ que
permiten diferenciar presencia y ausencia de problemas del sueño –en términos de
frecuencia y diversidad– se observaron diferencias claras: los pacientes con
demencia y los individuos normales difieren en su sintomatología y en la
relación entre los síntomas y los problemas del sueño.
Se registraron diferencias en la frecuencia promedio de 10 síntomas en los dos
grupos (pacientes y controles) entre los participantes que referían trastornos
del sueño y los que no los referían; 6 de estas 10 manifestaciones fueron las
mismas en ambas cohortes. En conjunto pudo constatarse que entre los grupos, las
diferencias entre personas con y sin trastornos del sueño fueron bastante
marcadas mientras que las diferencias en los síntomas específicamente
relacionados con el sueño entre controles y enfermos no fueron tan notables.
Discusión y conclusiones
Los autores recuerdan que el Sleep Disturbance Symptom Questionnaire incluye
síntomas clínicamente importantes del comportamiento nocturno, particularmente
asociados con la calidad del sueño. El estudio demostró diferencias claras entre
los participantes que referían trastornos del sueño y aquellos que no
presentaban este problema y estas diferencias se observaron tanto en pacientes
como en controles, independientemente de la persona que fuese entrevistada (por
ejemplo, la persona a cargo, en el caso de los sujetos con demencia). Se
encontraron diferencias marcadas en la diversidad de los síntomas y en la
frecuencia de los mismos entre las cohortes con y sin trastornos del sueño; sin
embargo, en ambas, los mismos reflejaron latencias prolongadas para dormirse
(más de 30 minutos) y una tendencia a despertarse con preocupación, al sueño no
reparador, a despertarse demasiado temprano, a caminar por la noche durante por
lo menos una hora y a utilizar medicación para lograr dormirse. Los problemas
intestinales y vesicales también fueron frecuentes en ambos grupos. Sin embargo,
se identificaron algunas manifestaciones más específicas para cada cohorte. En
opinión de los expertos, aunque los resultados no pueden considerarse
concluyentes, parecen indicar que la somnolencia diurna es la manifestación más
frecuente en pacientes con EA y problemas del sueño. Las investigaciones futuras
deberán intentar esclarecer mejor las diferencias entre pacientes y controles.