Introducción
El accidente cerebrovascular (ACV), las caídas y las demencias son causas principales de deterioro funcional, de pérdida de la independencia y de internación en personas de edad avanzada. Todos estos trastornos son consecuencia de disfunción cerebral lentamente progresiva después de una larga fase preclínica. Las alteraciones cerebrales motoras y cognitivas pueden atribuirse a muchos factores de riesgo, eventualmente modificables. La detección precoz de dichos factores de riesgo sólo está justificada si un programa de intervención puede modificar la historia natural de las alteraciones halladas. El riesgo de ACV puede modificarse mediante una mejor prevención del embolismo cardíaco, mediante el enlentecimiento de la aterosclerosis o con el tratamiento de la estenosis carotídea. El riesgo de caídas puede modificarse con cambios en el hogar, con entrenamiento físico, con mejoría de la capacidad visual y mediante la mejoría del nivel de alerta y del humor. Por su parte, el inicio de la demencia puede retrasarse mediante la estimulación intelectual, con un mejor control de los factores de riesgo de arteriosclerosis y tal vez con la reducción de los niveles de homocisteína en sangre. En 2003, el Department of Neurology del Tel-Aviv Sourasky Medical Center inició un programa de rastreo denominado “Brain Screen” aplicable a la población senil. Este programa incluye un cuestionario y una evaluación médica. En este artículo, los autores refieren los resultados de los primeros 514 individuos consecutivos que participaron en el “Brain Screen”.


Métodos
El programa es aplicable a personas de más de 50 años; participan sujetos sin diagnóstico de enfermedad de Alzheimer (EA), enfermedad de Parkinson o antecedente de ACV con deficiencia motora o cognitiva significativa. Tampoco se incluyen enfermos que sufrieron traumatismo cerebral o que tienen trastornos neurológicos crónicos. Mediante el cuestionario se recoge información general (datos demográficos y médicos, antecedentes familiares de patologías neurológicas y de enfermedad cardiovascular. También se conoce acerca de depresión, problemas del sueño y cambios en el peso corporal. Asimismo se evalúa el rendimiento cognitivo general, los trastornos de la memoria, las dificultades en el lenguaje y en la lectura y la orientación espacial. Se obtiene información sobre caídas en los dos años previos, desempeño en las actividades cotidianas (IADL) y datos sobre depresión y ansiedad (Short Geriatric Depression Scale, GDS y Spielberger Anxiety Scale), respectivamente. Los participantes (59% de sexo femenino) fueron sometidos a un examen neurológico completo, análisis computarizado de la marcha, Doppler de carótidas y determinación sérica de lípidos y de homocisteína.


Resultados

Factores de riesgo vascular
El hallazgo más importante fue la observación de que el 43,8% de los individuos estudiados tenía hipercolesterolemia; en conjunto, el 72,2% tenía elevación del colesterol en suero, de manera tal que representó el factor de riesgo vascular más frecuente. El 19,9% tuvo concentración relativamente alta de homocisteína (por encima de 10 _mol/l). Ningún participante presentó más del 50% de estenosis de las carótidas y ninguno tenía síntomas.


Factores de riesgo de caídas
El 22,6% de las personas interrogadas refirió al menos una caída en el año anterior. El 78,1% de ellos tuvo por lo menos un segundo factor de riesgo de caídas y el 47,6% presentó por lo menos dos factores adicionales. Entre los 360 individuos sin antecedente de caídas, el 66,4% tenía al menos un factor de riesgo para caídas en el futuro; el 25,6% tenía dos factores de riesgo y el 8,6% tenía 3 factores de riesgo. Entre los sujetos sin historia de caídas, los factores de riesgo más comunes fueron los signos depresivos y la locomoción disrítmica. Llamativamente, los pacientes con esta última alteración y sin antecedente de caída tuvieron mayor índice de masa corporal y mayor espesor de la íntima y media de carótida común izquierda en comparación con el resto de la cohorte. En cambio, no se detectaron diferencias en términos de edad, antecedente de hipertensión, diabetes, depresión o puntaje global en las valoraciones neuropsicológicas. El 16% de los participantes solicitó valoración en el programa por “problemas en la marcha”. El 93% de ellos tenía al menos un factor de riesgo de caídas, el 66,2% presentaba dos factores de riesgo y el 37,8%, 3 factores de riesgo.


Factores de riesgo para declinación cognitiva
El “Brain Screen” detectó demencia en el 4,8% de los sujetos; 4 de los 22 pacientes habían recibido el diagnóstico con anterioridad pero no refirieron este hecho en el interrogatorio. Todos habían sido motivados a participar por los familiares. Doce de 18 presentaban pérdida de la memoria. El 79,4% refería trastornos subjetivos de la memoria; el 43,7% tenía declinación progresiva de un año o más. Los enfermos con alteración objetiva de la memoria fueron de más edad y tuvieron puntajes más altos en la escala GDS.

Entre los participantes sin trastorno de la memoria, los sujetos que refirieron alteración en este parámetro tuvieron puntaje más alto en la escala GDS; por lo tanto es posible que exista una relación entre la declinación de la memoria y la depresión. Se detectó alteración cognitiva leve en el 17% de los participantes.


Conclusión
El programa de rastreo de factores de riesgo permitió identificar factores (hasta el momento desconocidos por los participantes) en un número sustancial de sujetos: el 44% presentó hipercolesterolemia; el 20% tuvo homocisteína elevada; el 13% presentó más de 1 mm de espesor en la pared de carótida y el 2,2% tuvo estrechamiento de estos vasos. Asimismo, se detectaron factores de riesgo de caídas en el 66% de los sujetos que nunca se habían caído; hubo deterioro cognitivo leve en el 17% y demencia en el 5% de los casos. Más del tercio de estos factores de riesgo es tratable y de allí la importancia de su detección precoz.


    Año IX, N° 138, Enero 2008