Muchas de las personas que se infectan con el virus de la
hepatitis B (VHB) o el virus de la hepatitis C (VHC) desarrollan enfermedad
hepática crónica que puede gradualmente causar un deterioro hepático grave. El
control médico incluye los reconocimientos periódicos, la abstinencia del
consumo de bebidas alcohólicas, y en el caso de algunos pacientes, la terapia
antiviral.
Infección con el virus de la hepatitis B
Alrededor de un 5% de los estadounidenses han contraído la infección del VHB y
1.25 millones sufren de infección crónica de este virus. Alrededor de 73,000
personas contrajeron por primera vez el VHB en los EE.UU. en el año 2000. El VHB
se trasmite al compartir soluciones de drogas, jeringuillas y otros equipos de
uso de drogas (agua, recipientes de soluciones de drogas y filtros de algodón)
contaminados con sangre infectada con VHB. También se propaga a través de las
conductas sexuales de alto riesgo, como el tener relaciones sexuales sin
protección con varios compañeros. Los UDI que practican conductas sexuales de
alto riesgo y usan drogas tienen muchas probabilidades de contraer la infección
del VHB.
Signos o síntomas de infección aguda
Entre un 50% y un 60% de los adultos infectados por el VHB no presentan signos o
síntomas en el período inicial de la infección. Aquellos que sí muestran
síntomas pueden experimentar:
ictericia
cansancio
dolor abdominal
pérdida del apetito
náuseas, vómitos
dolor en las articulaciones
La mayor parte de los adultos y niños mayores de cinco años
que contraen la infección pueden recuperarse completamente y desarrollar
inmunidad protectora contra el virus. Sin embargo, alrededor del 90% de los
bebés infectados durante el nacimiento, 30% de los niños infectados entre el
primer y quinto año de edad y entre un 2% y un 6% de los niños mayores de cinco
años y adultos infectados, no eliminan completamente el virus de su organismo.
Estas personas sufren de infección crónica, lo cual significa que son portadores
del virus durante el resto de sus vidas y lo pueden trasmitir a otros.
En el transcurso de varias décadas, alrededor de un tercio de las personas que
sufren de infección crónica desarrollan una forma entre leve y moderada de
enfermedad hepática crónica que puede producir fibrosis (cicatrización del
tejido hepático). Cerca de un tercio de ellos contraen enfermedad hepática grave
que puede causar cirrosis (fibrosis severa) o cáncer de hígado. Entre un 15% y
un 25% de estas personas morirán a causa de complicaciones de la enfermedad
hepática crónica.
Infección con el virus de la hepatitis C
Alrededor de 3.9 millones de estadounidenses han sido infectados con el VHC y
2.7 millones sufren de infección crónica de este virus. Alrededor de 30,000
personas contrajeron por primera vez el VHC en los EE.UU. en el año 2000. El VHC
se trasmite al compartir soluciones de drogas, jeringuillas y otros equipos de
uso de drogas (agua, recipientes de soluciones de drogas y filtros de algodón)
contaminados con sangre infectada con el VHC. El virus también se propaga a
través de las conductas sexuales de alto riesgo, como relaciones sexuales sin
protección con varios compañeros, pero la mayor parte de las infecciones del VHC
se atribuyen al uso de drogas inyectables. Alrededor de un 80% de las personas
infectadas con el VHC no presentan signos o síntomas en el período inicial de la
infección. Aquellos que sí muestran síntomas pueden experimentar:
ictericia
cansancio
orina de color oscuro
dolor abdominal
pérdida del apetito
náuseas
Existen diferentes cepas del VHC, denominadas genotipos. La
mayoría de los afectados en los EE.UU. están infectados con el genotipo 1. Los
genotipos 2 y 3 son más comunes en Europa.
La infección del VHC se distingue de las infecciones de los virus de las
hepatitis A y B en que sólo un porcentaje relativamente reducido de las personas
infectadas con el VHC eliminan el virus de su torrente sanguíneo. Entre un 75% y
un 85% de los infectados conservan el virus en su organismo y pasan a padecer de
infección crónica.
En el transcurso de varias décadas, entre un 50% y un 60% de los que padecen de
infección crónica desarrollan una forma, entre leve y moderada, de enfermedad
hepática crónica que puede producir fibrosis. Entre un 10% y un 20% de ellos
contraen enfermedad hepática grave que puede causar cirrosis y, en algunos
casos, cáncer de hígado. Entre un 1% y un 5% de estas personas morirán a causa
de complicaciones de la enfermedad hepática crónica. La mayoría de los pacientes
no muestran síntomas hasta que la enfermedad está muy avanzada.
Tratamiento de las hepatitis B o C crónicas
Los expertos en salud recomiendan que las personas que padecen de hepatitis
viral crónica sigan estas indicaciones:
Ante todo, abstenerse de consumir bebidas alcohólicas, ya que el alcohol agrava
la enfermedad hepática.
Los UDI deben dejar de inyectarse drogas. Si no pueden dejar de hacerlo, deben
buscar formas seguras para inyectarse (utilizar siempre una jeringuilla estéril;
no compartir solución de drogas, jeringuillas, o equipo de preparación de
drogas).
Todos los individuos con enfermedad hepática crónica deben ser vacunados contra
la hepatitis A. Las personas que padecen de infección crónica del VHC y que
corren riesgo de contraer la infección del VHB también deben recibir la vacuna
contra la hepatitis B.
Las personas que padecen de infección crónica de VHB y VHC deben recibir
supervisión médica.
Se cuenta con una terapia antiviral para las hepatitis B y C crónicas
Aunque existe una terapia antiviral, no es recomendable para todas las personas
que padecen de infección crónica. Se determinará el tratamiento a seguir con
base en exámenes periódicos para determinar la progresión y extensión de la
enfermedad hepática. Tomando en cuenta los progresos en el terreno de la terapia
antiviral de las hepatitis B y C crónicas, las prácticas podrían cambiar, por lo
que aquellos que padezcan de infección crónica deberían consultar con
especialistas entendidos en la materia.
Muchas personas infectadas con el VHB o VHC, especialmente los UDI, también
padecen de otras enfermedades tales como VIH, alcoholismo, diabetes o
tuberculosis) y practican conductas que los ponen en situación de riesgo en lo
que a otras enfermedades se refiere. Sin embargo, mediante un seguimiento
cuidadoso por parte de un equipo de atención médica con experiencia en
hepatitis, adicción, y otras condiciones relevantes, los UDI pueden ser tratados
con éxito.
Terapia antiviral para la hepatitis B crónica
Los individuos con infección crónica de VHB (aquellos que han dado resultados
positivos en la prueba del antígeno de superficie de la hepatitis B (HBsAg)
durante por lo menos seis meses) deberán ser objeto de una evaluación inicial
que incluya:
exámenes de sangre para detectar la enfermedad hepática, tales como aquellos que
miden la alanina aminotransferasa (ALT) y aspartato aminotransferasa (AST),
enzimas segregadas por las células hepáticas deterioradas; y
exámenes de sangre para detectar el virus (HBeAg, anti-HBe, HBV DNA).
La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) ha
aprobado dos fármacos para el tratamiento de la hepatitis B crónica: el alfa
interferón (administrado a los adultos durante 16 semanas y a los niños durante
24) y la lamivudina (administrada durante 52 semanas). El alfa interferón
estimula el sistema inmunológico del organismo para combatir la infección, pero
es costoso, debe administrarse por inyección y tiene muchos efectos secundarios.
La lamivudina se administra en forma de píldoras y tiene pocos efectos
secundarios en caso de haberlos. Sin embargo, la respuesta a la lamivudina
podría no ser tan prolongada como la del alfa interferón. Además, al dejar de
consumir lamivudina, con frecuencia se presenta una recaída, y la administración
en forma indefinida de este medicamento a menudo genera resistencia a los
antivirales.
La terapia antiviral podría ser recomendable en los casos de pacientes que:
tienen niveles anormales de enzimas hepáticas (ALT);
tienen virus en división activa en la sangre (HBeAg positivo o niveles elevados de VHB ADN); y
se han practicado una biopsia de hígado cuyos resultados muestran presencia de actividad moderada de la enfermedad y fibrosis.
Las metas del tratamiento de la hepatitis B crónica son una
supresión sostenida del VHB y el cese de la enfermedad hepática activa. Se
considera que los pacientes con hepatitis crónica HBeAg positiva con un descenso
notable en el nivel de HBV DNA, así como la desaparición del HBeAG al final de
la terapia, han experimentado una respuesta virológica al tratamiento. Una
respuesta sostenida es aquella que persiste de 6 a 12 meses después del final de
la terapia. Se considera que los pacientes con desaparición sostenida del HBsAg
han tenido una respuesta completa a la terapia antiviral, pero esto no ocurre
con mucha frecuencia.
La tasa de respuesta al interferón alfa o a la lamivudina es superior al 50% en
los pacientes con niveles de ALT que exceden más de cinco veces el límite
superior normal, pero inferior (20% a 35%) en los pacientes con niveles de ALT
que exceden de dos a cinco veces el límite superior normal. En los pacientes con
niveles de ALT que exceden menos de dos veces el límite superior normal, la
respuesta es deficiente y se debe aplazar la terapia.
Terapia antiviral para la hepatitis C crónica
Los individuos que den resultados positivos en la prueba del anticuerpo al VHC (anti
HCV) deberán ser objeto de una evaluación inicial que incluya:
exámenes de sangre del tipo practicado en caso de enfermedad hepática, tales como aquellos que miden los niveles de enzimas del hígado; y
exámenes de sangre para detectar el virus (HCV RNA).
La FDA ha aprobado tres terapias antivirales para el tratamiento de hepatitis C crónica que se puede administrar a partir de los 18 años de edad: alfa interferón, interferón pegilado, y alfa interferón o interferón pegilado en combinación con ribavirina. Todos se administran durante un máximo de 52 semanas. En la actualidad, esta terapia es complicada y eficaz en menos de la mitad de los pacientes tratados. La terapia antiviral podría ser recomendable para los pacientes de 18 años de edad o más que:
tienen niveles anormales de enzimas hepáticas (ALT);
tienen virus en la sangre (HCV RNA positivo); y
cuya biopsia de hígado muestra fibrosis portal o fibrosis en puente o como mínimo niveles moderados de inflamación y necrosis.
El objetivo principal de la terapia es eliminar el virus de la
hepatitis C. El hecho de que no se pueda detectar el virus al final del
tratamiento se conoce como respuesta de final de tratamiento (ETR). Sin embargo,
sólo se considera que la terapia ha tenido éxito si no es posible detectar el
virus seis meses después del final del tratamiento. Esto se conoce como
respuesta virológica sostenida (SVR).
En el caso de las personas con VHC de genotipo 1, la tasa de respuesta a
cualquiera de los interferones administrados por sí solos es de 20% o menos,
pero la tasa de respuesta en combinación con el alfa interferón y ribavirina es
de 30% a 40%, y la de interferón pegilado y ribavirina de 40% a 50%. El alfa
interferón y el interferón pegilado se administran por inyección, la ribavirina
se ingiere en forma de pastillas. Todos estos regímenes de medicamentos tienen
muchos efectos secundarios, algunos de los cuales pueden ser graves.
Debido a que mucha gente con hepatitis C crónica no tiene síntomas y por ello no
se da cuenta de que está infectada, es muy difícil practicarles exámenes y
administrarles atención médica. El interés en la hepatitis viral, especialmente
la hepatitis C, está aumentando pero todavía existe una gran necesidad de educar
al público en general y a los profesionales de la salud acerca de la prevención,
detección y tratamiento de la hepatitis C. Esto es especialmente cierto por el
hecho de que el tratamiento es costoso y seguirlo durante los seis a doce meses
que normalmente dura puede ser difícil.