Peterson HB, Geng G, Folger SG y colaboradores.
Division of Reproductive Health, National Center for Chronic Disease Prevention and Health Promotion, Centers for Disease Control and Prevention, Atlanta, EE.UU.

The New England Journal of Medicine 343(23):1681-1687, Ref.: 16, 2000

Muchas mujeres en los Estados Unidos se deciden por la ligadura tubaria (LT) como método de anticoncepción, recuerdan los autores. El procedimiento es sumamente eficaz y seguro. Sin embargo, aún existe cierto grado de incertidumbre en relación con la cirugía como causa de futuras anormalidades menstruales. De hecho, desde 1951, año en que Williams y colaboradores postularon la posibilidad de aparición de sangrado anormal después de la LT, el desarrollo del síndrome posligadura, su naturaleza y existencia continúan siendo motivo de preocupación e incertidumbre.

La respuesta definitiva a los numerosos aspectos pendientes urge a nivel de la salud pública. En forma reciente, los autores comprobaron que las mujeres sometidas a LT tenían una probabilidad cuatro o cinco veces mayor de ser histerectomizadas en el futuro que aquellas a cuyas parejas se había practicado vasectomía. Además, el 41% de las pacientes sometidas a extirpación del útero presentaban antecedente de LT. Con la finalidad de brindar información definitiva sobre este aspecto, los autores evaluaron los datos provenientes de un estudio multicéntrico, prospectivo y de colaboración de los Estados Unidos, iniciado en 1978 con el propósito de analizar la seguridad y eficacia a largo plazo de la esterilización por LT (grupo LT), y los compararon con los de un grupo de mujeres cuyas parejas fueron sometidas a vasectomía (grupo V).

Entre 1978 y 1987 se incluyeron mujeres asistidas en diversos centros de los Estados Unidos. Aunque las participantes del grupo LT fueron evaluadas hasta 14 años después de la cirugía, las del grupo V sólo fueron seguidas durante 5 años, por lo que el análisis se limitó a la información referida durante ese lapso.

Todas las participantes completaron una historia detallada sobre características menstruales antes de la intervención. Se incluyeron pacientes en quienes se efectuó LT bilateral por el mismo método. Las características menstruales posLT se conocieron a través de entrevistas telefónicas.

Se interrrogó específicamente sobre seis aspectos del ciclo menstrual: duración del sangrado, extensión de los ciclos, presencia o ausencia de pérdida de sangre entre períodos, irregularidades de los ciclos, magnitud del dolor menstrual y cantidad de sangrado. El principal punto de valoración fue la presencia de cambios en forma persistente en cualquiera de los síntomas mencionados a lo largo del seguimiento.

La edad promedio de las mujeres sometidas a LT fue de 31 años mientras que la del grupo V fue de 32 años. Casi un tercio de las mujeres del primer grupo era de raza negra en comparación con el 2% de las integrantes del grupo V. Además, fue más probable que las primeras refirieran utilización de anticonceptivos orales o dispositivos intrauterinos antes de la LT.

En ambos grupos, casi el 97% de las mujeres tenía ciclos menstruales de 21 a 35 días antes de la esterilización y menos del 1% tuvo cambios persistentes en la extensión de los ciclos.

Entre las mujeres con intenso sangrado previo, fue menos probable que las del grupo LT refirieran incremento del sangrado en comparación con las del grupo V. De hecho, las primeras comunicaron con mayor frecuencia disminución del sangrado.

Los informes de modificaciones persistentes en el sangrado intermenstrual o en la extensión del ciclo menstrual no fueron más probables entre mujeres con LT. En cambio, sí lo fueron las comunicaciones de disminución en el número de días de sangrado (índice de riesgo [IR] = 2.4), cantidad del sangrado (IR = 1.5) y magnitud del dolor menstrual (IR = 1.3). Asimismo, fue más común que refirieran aumento en irregularidades de los ciclos (IR = 1.6). Al comparar las mujeres con sangrado inicial intenso en los dos grupos, las participantes del grupo LT presentaron con mayor frecuencia disminución de dicho síntoma (45% versus 33%, respectivamente).

No hubo diferencias significativas, en relación con aumento o duración del sangrado, sangrado intermenstrual y dolor menstrual, entre las mujeres sometidas a LT por cualquiera de los seis métodos y aquellas no sometidas a LT. Pero fue más común que las mujeres a quienes se realizó colocación de siliconas, termocoagulación o extirpación parcial de trompas refirieran aumento en la irregularidad de los ciclos. En cambio, las que recibieron coagulación bipolar o unipolar tuvieron disminución en las irregularidades de los ciclos con mayor frecuencia.

Según los autores, el trabajo no mostró evidencia de que la LT se asocie específicamente con problemas menstruales. Más aún, hallaron que las mujeres sometidas a esterilización refirieron más a menudo disminución en la cantidad del sangrado, el número de días de sangrado y el dolor.

Se ha postulado que la LT causa anormalidades menstruales por afectar adversamente la función ovárica. Sin embargo, los estudios hormonales antes y después de la intervención no avalan tal suposición. La oclusión de las trompas podría, en teoría, alterar el flujo sanguíneo de los ovarios. Sin embargo, el flujo sanguíneo de los ovarios también deriva de la arteria ovárica, la cual no se ve afectada durante la esterilización de trompas. En forma alternativa, la LT podría generar un aumento de la presión en el circuito arterial útero-ovárico, con daño subsiguiente del órgano. Sin embargo, la mayoría de los estudios no encontró cambios menstruales dos años después de la cirugía y los autores del trabajo actual no hallaron, a los 5 años del procedimiento, datos que avalen la suposición del síndrome mencionado anteriormente. Aunque no puede descartarse la posibilidad de aparición de tales cambios después del período de observación, las características biológicas señaladas no parecen respaldar esa posibilidad.