Las alteraciones en el eje cerebro-intestino están involucradas en los síntomas de los trastornos funcionales del tracto gastrointestinal y en la modulación de la actividad inmunitaria en el síndrome de colon irritable.


En condiciones de buena salud las interacciones entre cerebro e intestino desempeñan un papel crucial en la regulación de los procesos digestivos, en la modulación del sistema inmune asociado al intestino, y en la coordinación entre el estado físico y emocional general del organismo y la actividad del tracto gastrointestinal. En la enfermedad, es probable que las alteraciones en la interacción cerebro-intestino estén involucradas en la generación de síntomas en los trastornos funcionales del tracto gastrointestinal (TFGI) y en la modulación de la actividad inmunitaria en el síndrome de colon irritable (SCI). Los autores revisan las estrategias farmacológicas actuales dirigidas a distintos blancos del eje cerebro-intestino, las que pueden desembocar en nuevos tratamientos para el SCI y los TFGI.


Base racional para la modulación de las interacciones cerebro-intestino
Las señales aferentes generadas en la luz intestinal, explican los autores, son transmitidas por diversas vías aferentes viscerales (entéricas, espinales y vagales) hacia el sistema nervioso central (SNC). Los reflejos homeostáticos, que generan respuestas apropiadas a los estímulos viscerales fisiológicos y patológicos, se producen a nivel del sistema nervioso entérico (SNE), la médula espinal y los núcleos pontomedulares y las regiones límbicas. Mientras que los circuitos de reflejo en el SNE pueden regular y sincronizar, en principio, todas las funciones gastrointestinales básicas, la coordinación de las funciones intestinales con el estado homeostático general del organismo requiere una comunicación continua entre el SNC y el tracto gastrointestinal. Influencias cortico-límbicas descendentes pueden modificar esos reflejos o imponer distintos patrones de respuesta motora a los circuitos inferiores. Esas influencias descendentes pueden ser disparadas por eventos cognitivos o emocionales.


Fármacos que actúan sobre el eje cerebro-intestino

Sedantes y ansiolíticos
Probablemente, señalan los expertos, la base racional para el uso de ansiolíticos para tratar los TFGI deriva de la observación clínica de que la mayoría de los pacientes presentan síntomas psicológicos concomitantes, particularmente ansiedad. Sorprendentemente, no hay ensayos clínicos bien diseñados acerca del uso de estos fármacos en los TFGI. Uno de los tratamientos más comunes en pacientes con SCI ha sido la combinación de los denominados antiespasmódicos con benzodiazepinas de acción prolongada o barbituratos. A pesar de su amplio uso, nunca se ha obtenido evidencia a partir de ensayos clínicos de diseño adecuado. La buspirona es un agonista parcial del receptor 5-HT1A de serotonina utilizado para tratar la ansiedad. A pesar de sus propiedades ansiolíticas, el interés en este fármaco se ha centrado recientemente en sus posibles efectos periféricos sobre la motilidad intestinal. Un estudio de sección cruzada en pacientes con dispepsia funcional sugiere que la buspirona reduce los síntomas de dispepsia.


Antidepresivos
Se han sugerido diversos mecanismos centrales y periféricos como mediadores de los efectos beneficiosos de distintas clases de fármacos sobre los síntomas de SCI, comentan los autores. Los mecanismos centrales incluyen la reducción de la depresión comórbida, la restauración del sueño, la analgesia y la antihiperalgesia, mientras que los mecanismos periféricos incluyen efectos anticolinérgicos, normalización del tránsito gastrointestinal, relajación fúndica y los efectos antineuropáticos.
La mayoría de los estudios han demostrado que los antidepresivos tricíclicos mejoran los síntomas de los pacientes con TFGI, aunque la calidad de los ensayos ha sido variable. De los 3 metaanálisis recientes sobre el tema, 2 concluyeron que estos fármacos son beneficiosos en el SCI, mientras que el tercero no halló diferencias con un placebo. En el ensayo aleatorizado y controlado de mayor envergadura, realizado en 431 mujeres con SCI y dispepsia funcional, el tratamiento con desipramina fue superior al placebo en el análisis por protocolo pero no en el análisis de intención de tratar. Esto se debe probablemente al elevado perfil de efectos adversos de los antidepresivos tricíclicos en dosis máximas.
Durante mucho tiempo se ha postulado que los inhibidores de la recaptación de serotonina (IRS) pueden ser beneficiosos en pacientes con SCI por su efecto sobre la depresión y la ansiedad asociadas. Sin embargo, resultados preliminares de varios ensayos clínicos sugieren un posible efecto directo sobre los síntomas de SCI. Un estudio reciente demostró que el citalopram es beneficioso en pacientes con SCI sin depresión. Se ha propuesto que los nuevos inhibidores de la recaptación de serotonina y noradrenalina, como duloxetina y venlafaxina, pueden ser más eficaces para tratar el dolor crónico asociado a la depresión. Aunque en teoría estos fármacos podrían ser también más eficaces que los antidepresivos tricíclicos y los IRS para tratar el SCI, todavía no se dispone de evidencias derivadas de ensayos clínicos.


Antagonistas del receptor 5-HT3
Es sabido, señalan los expertos, que la serotonina tiene efectos sobre la motilidad, secreción y sensación intestinales, probablemente actuando a nivel central y periférico. Más del 80% de la serotonina del organismo se almacena en las células enterocromafines del tracto gastrointestinal. Los receptores 5-HT3 se expresan en grupos de neuronas intrínsecas del SNE y en aferentes primarias extrínsecas. Varios ensayos aleatorizados y controlados han demostrado que el alosetrón, un antagonista 5-HT3, es eficaz para reducir la frecuencia de defecación y la urgencia intestinal y para aliviar el dolor y las molestias intestinales en pacientes con SCI a predominio diarreico. Los esfuerzos para tratar de entender los mecanismos de acción de los antagonistas del receptor 5-HT3 han tenido un éxito parcial. No obstante, advierten los autores, la ocurrencia de efectos adversos graves, tales como obstrucción e impactación fecal por constipación y colitis isquémica, ha motivado que se restrinja el uso de alosetrón a los pacientes con SCI más grave, en los que han fracasado otros tratamientos.


    Año X, N° 156, Julio 2009