Los síntomas dispépticos son muy frecuentes en la población. Se realiza una revisión de los conocimientos actuales acerca de la fisiopatología, patogenia, presentación clínica y posibles intervenciones terapéuticas en la dispepsia funcional.


El complejo sintomático de la dispepsia incluye dolor epigástrico, meteorismo, saciedad precoz, sensación de plenitud, ardor epigástrico, eructos, náuseas y vómitos, síntomas que suelen ser intermitentes. Los más comunes son la sensación de plenitud posprandial y el meteorismo, pero existe considerable heterogeneidad. La perdida de peso se considera tradicionalmente un signo de alarma.


Se han sugerido varios mecanismos fisiopatológicos que tendrían relación con los síntomas dispépticos. Tradicionalmente se considera que el retardo del vaciamiento gástrico es un factor principal, y se ha señalado que la acomodación gástrica, que consiste en la relajación proximal ante el ingreso de los alimentos, se encontraría ausente en el 40% de los pacientes. Otros mecanismos propuestos son la hipersensibilidad a la distensión gástrica, la infección por Helicobacter pylori, la alteración de la sensibilidad duodenal con la infusión de lípidos y ácidos. Se han descrito posibles alteraciones de la motilidad antroduodenoyeyunal y anomalías de la actividad eléctrica gástrica. Además, se describen fluctuaciones fásicas de volumen posprandiales, alteraciones mioeléctricas y de la regulación del sistema nervioso central y autónomo. Finalmente, la relación entre factores psicológicos, funcionamiento gástrico y síntomas de dispepsia funcional podría tener como mediador una baja actividad vagal.

Patogenia
La patogenia de la dispepsia funcional no es clara, pero se ha sugerido un origen inflamatorio o posinfeccioso; se ha encontrado gastroparesia después de infecciones virales. En el 17% de los pacientes se detecta un inicio brusco de los síntomas, lo que sugiere el origen posinfeccioso; en estos casos se advierte mayor prevalencia de trastornos de la acomodación gástrica. Existen varios indicios que apoyan el papel del sistema nervioso central en la hipersensibilidad visceral, tanto en estudios en animales como en humanos. Finalmente, se ha hallado una asociación entre los síntomas dispépticos y un polimorfismo funcional en una subunidad de proteína G. Debe establecerse aún si este genotipo se asocia con algún mecanismo fisiopatológico específico.


Presentación clínica y diagnóstico
El uso de cuestionarios en la práctica clínica es útil para detectar a los pacientes que en realidad presentan reflujo gastroesofágico. También existe considerable superposición entre la dispepsia funcional y el síndrome de intestino irritable. Los análisis de laboratorio suelen incluirse en el estudio del paciente pero no está comprobada su validez clínica. Debe prestarse atención a los llamados signos de alarma: pérdida de peso importante, vómitos recurrentes, hemorragia, anemia, disfagia, ictericia y tumor palpable. Si se trata de pacientes jóvenes (menores de 45 a 50 años), que no reciben antinflamatorios no esteroides, es rara la necesidad de endoscopía en primera instancia y puede considerarse iniciar tratamiento empírico o la estrategia de buscar H. pylori y erradicarlo si está presente. En la mayoría de los casos de dispepsia funcional los síntomas persisten a pesar de la erradicación, y a estos pacientes se les debería ofrecer la endoscopía, pero este enfoque ha sido cuestionado por otros autores que proponen el tratamiento empírico con inhibidores de la bomba de protones. En la práctica clínica también se usan empíricamente medicamentos procinéticos, pero esta opción está menos estudiada.
Los síntomas psicológicos son más frecuentes en los enfermos con dispepsia funcional comparados con los afectados por causas orgánicas de dispepsia, como la úlcera duodenal. En algunas revisiones se han encontrado varios factores psicosociales que determinan la búsqueda de atención médica. La presencia de factores psicológicos debe tenerse en cuenta pero no enfatizarse demasiado, porque hasta ahora no se ha establecido que exista una relación causal.


Tratamiento
Brindar apoyo e información es de capital importancia en estos pacientes. Parece lógico indicar comidas más frecuentes y de menor volumen, y evitar los alimentos que agravan los síntomas, especialmente los ricos en lípidos. Habitualmente se indica evitar el café y las comidas condimentadas, aunque no existen evidencias que relacionen a estos alimentos con los síntomas. En algunos pacientes puede considerarse el tratamiento farmacológico.


Estudios bien controlados demostraron que el tratamiento con omeprazol en dispepsia funcional es aproximadamente 10 a 15% superior al placebo, pero este efecto en realidad está limitado a los pacientes con dispepsia de tipo reflujo, que actualmente no se considera que forme parte de la dispepsia funcional.


Los agentes procinéticos, como metoclopramida, domperidona y cisaprida se usan ampliamente en la dispepsia funcional, al considerarse que pueden mejorar los síntomas que dependen del retardo del vaciamiento gástrico. Se ha intentado el tratamiento con eritromicina y otros macrólidos procinéticos. Los grandes estudios de erradicación de H. pylori en dispepsia funcional no han demostrado en conjunto resultados positivos. Los antidepresivos tricíclicos sólo tendrían efecto en los pacientes con depresión coexistente. Se ha intentado el uso de drogas que tienen acción relajante fúndica (sildenafil, paroxetina, cisaprida, tegaserod, sumatriptan, buspirona).
Paradójicamente, la administración prolongada de pimienta roja es más efectiva que el placebo; esto sería el resultado de que la capsaicina inicialmente produce sensibilización, pero la estimulación repetida sería desensibilizante.
Los factores psicológicos son importantes en la dispepsia funcional, y en un estudio se comprobaron buenos resultados con esta terapéutica; también se señalaron buenos resultados con hipnoterapia. En la práctica, este tipo de tratamientos se reserva para los pacientes con importante sintomatología o enfermedad refractaria.

Conclusiones
La dispepsia funcional es una afección heterogénea con diferentes patrones sintomáticos. Las opciones terapéuticas disponibles son de eficacia limitada y esto posiblemente refleje la falta de comprensión de la naturaleza de la enfermedad. Se propone el tratamiento empírico, con supresores de ácido, procinéticos e identificación y erradicación del H. pylori. En algunos casos refractarios pueden indicarse antidepresivos o intervenciones psicológicas, y se destaca la necesidad de hallar nuevos enfoques terapéuticos.


   Año VI, N° 106, Mayo 2005