La incidencia de los trastornos gastrointestinales funcionales no se conoce, y su prevalencia tiene grandes variaciones de acuerdo con las diferencias metodológicas y geográficas. Es necesario mejorar y estandarizar los estudios epidemiológicos.


La expresión "trastornos gastrointestinales funcionales" (TGF) se usa para definir algunas combinaciones de síntomas gastrointestinales recurrentes que no pueden explicarse por alteraciones estructurales o bioquímicas. En la opinión del autor sería más correcto usar "trastornos de la función gastrointestinal" porque se evitaría así el término "funcional" y la contraposición entre etiología orgánica y no orgánica.


En ausencia de marcadores objetivos, para describir los TGF sólo se pueden usar síntomas. Los pacientes con TGF se identifican por su pertenencia a algunos de los subgrupos sintomáticos, basados en opiniones de consenso. Los "criterios de Roma" definieron y clasificaron 24 TGF en seis subcategorías basadas en regiones anatómicas (esofágicas, gastroduodenales, intestinales, biliares, y anorrectales, además del dolor abdominal funcional). Esta clasificación en grupos homogéneos permite la realización de estudios epidemiológicos y facilita el diagnóstico y el tratamiento. Sin embargo, esto inevitablemente excluye algunas características clínicas bien definidas que no se adecuan a ninguno de los grupos de clasificación, como el dolor abdominal con urgencia defecatoria en el período posprandial, por lo que deben ser clasificados como inespecíficos. Son muy frecuentes, además, los síndromes superpuestos, como dispepsia funcional junto con otros trastornos intestinales funcionales o reflujo gastroesofágico en pacientes dispépticos; asimismo, existe la posibilidad de cambios de un trastorno a otro a lo largo del tiempo.


Dado que la mayoría de los pacientes con estos trastornos no buscan atención médica, para poder reunir datos epidemiológicos es imprescindible realizar estudios basados en la población, y con la incertidumbre sobre los síntomas y su naturaleza fluctuante es muy difícil obtener datos de incidencia. Los estudios epidemiológicos determinan la presencia de síntomas o grupos de síntomas. pero éstos pueden corresponder a varios diagnósticos de TGF. La diarrea crónica, por ejemplo, obliga a realizar un estudio diagnóstico completo.


La búsqueda de atención médica depende especialmente de los síntomas dolorosos y socialmente debilitantes, como dolor abdominal funcional o incontinencia rectal, mientras que son menos los pacientes que buscan atención por síntomas mucho más frecuentes, como aerofagia y distensión abdominal. Los estudios poblacionales encuentran una predominancia femenina de 2 a 1 para el dolor abdominal crónico, distensión abdominal y trastornos abdominales del tipo de estreñimiento e incontinencia, valores similares para ambos sexos en síntomas esofágicos y predominancia masculina de 1,5 a 1 para aerofagia y meteorismo; en contraste, los estudios clínicos revelan predominancia femenina, con relación de 3 o 4 a 1 para el síndrome de intestino irritable (SII) y síntomas de estreñimiento.


Síndrome del intestino irritable (SII)
Los estudios poblacionales identifican un síndrome consistente en dolor abdominal aliviado por la defecación, junto con cambios en la frecuencia y consistencia de las heces. Estos datos, en ausencia de otros síntomas de alarma, son válidos para identificar a pacientes con SII. La mayoría de los estudios indica que la prevalencia es mayor en las mujeres y menor en los ancianos. En el SII con predominancia de diarrea y en el tipo alternante la prevalencia es similar entre los sexos; pero es más frecuente entre las mujeres el cuadro con predominancia de estreñimiento.


Existe un subgrupo de pacientes en los que el SII aparece después de un episodio de gastroenteritis infecciosa; entre los predictores de este tipo de SII se señalan la duración de la infección, el sexo femenino, el estado psicológico y el tipo de patógenos involucrados.


Dispepsia funcional
En el consenso Roma II se definió a la dispepsia funcional como molestia persistente o recurrente en el abdomen superior, sin evidencias de enfermedad orgánica y no aliviada exclusivamente por la defecación o asociada con el comienzo de un cambio en la frecuencia o consistencia de las deposiciones. La molestia abdominal puede describirse como plenitud en el abdomen superior, saciedad precoz, distensión, eructos, náuseas, arcadas o vómitos. Varios estudios han demostrado que no tiene validez intentar formar subgrupos sintomáticos. Los síntomas no están relacionados con la presencia de Helicobacter pylori y gastritis crónica. La prevalencia de dispepsia con endoscopías negativas en distintos estudios oscila entre 25 y 83%.


Estreñimiento funcional
El estreñimiento funcional se considera una manifestación de larga evolución expresada por reducción de la frecuencia de deposiciones o alteración en el acto de evacuación, en personas sin alteraciones orgánicas; deben reunirse las características de esfuerzo en la defecación, heces de mayor consistencia o duras, sensación de evacuación incompleta, o dos o menos evacuaciones semanales. La prevalencia del estreñimiento funcional varía según las diferentes definiciones y poblaciones estudiadas; se ha señalado que oscila entre el 20 y el 27,2% de la población general. Además, se incrementa con la edad y es más frecuente en mujeres que en hombres. En un estudio poblacional italiano se estimó la prevalencia de constipación funcional en niños en un 10%.


Trastornos funcionales esofágicos
Este grupo incluye la sensación de globo esofágico, síndrome de rumiación, dolor torácico de origen esofágico, disfagia y pirosis. Con la excepción del poco frecuente síndrome de rumiación, los otros síntomas son altamente prevalentes en adultos, a menudo se superponen y frecuentemente están causados por reflujo gastroesofágico. En los países occidentales se ha señalado que entre el 20 y el 30% de la población sufre pirosis al menos una vez al mes, comparados con sólo el 9% en China. La dificultad para establecer una división clara entre el reflujo gastroesofágico no erosivo y la pirosis funcional mantiene abierto el debate acerca de si el reflujo gastroesofágico debe ser considerado un TGF. En la opinión del autor, considerar el reflujo gastroesofágico como un trastorno funcional brinda una comprensión más completa y unificadora de los trastornos de la función esofágica.


Resumen
En la última década la aceptación del consenso basado en los criterios de Roma ha favorecido la estandarización de las definiciones y los estudios epidemiológicos. Sin embargo, las actuales categorizaciones funcionales tienen varias limitaciones, considerándose la necesidad de mejorar y estandarizar los futuros estudios epidemiológicos.


   Año VI, N° 105, Abril 2005