Nuevas técnicas de imagen en el paciente oncológico

N Eng J Med 2003;348:2487-2488;2491-9;2500-7

El tratamiento del cáncer se ha convertido en una labor multidisciplinar en la que participan activamente oncólogos, cirujanos, radiólogos, patólogos y otros especialistas. La revista 'NEJM'publica esta semana un trabajo que utiliza un nuevo contraste ganglionar para resonancia magnética (RM) que evalúa con más detalle las adenopatías locales del cáncer de próstata, incluso las menores de 1 cm de diámetro. Un segundo estudio demuestra la eficacia de una combinación de PET y CT para el estadiaje del cáncer de pulmón. Los resultados de ambos ayudarán a mejorar el tratamiento de estas neoplasias. 

Las técnicas de imagen en oncología han abandonado su papel tradicional y en el momento actual no sólo se utilizan para el estadiaje inicial del tumor sino también para valorar las respuestas al tratamiento y para la vigilancia ulterior. Para ello ha sido necesario la introducción de técnicas de imagen funcional que nos informan sobre la perfusión de un tejido, su permeabilidad, su grado de hipoxia o su volumen sanguíneo. Si a esto unimos la cada vez mayor resolución de los dispositivos, entenderemos que el radiólogo sea determinante en la planificación del manejo del cáncer. 

En la mayoría de los tumores el tamaño radiológico de las adenopatías es un factor pronóstico independiente y condiciona el tipo de tratamiento que va a recibir el paciente. Sin embargo, la discriminación de este método no es del todo fiable a la hora de predecir si un ganglio es o no maligno. 

Este es el caso precisamente del cáncer de próstata ya que los sujetos con enfermedad local pueden ser tratados con prostatectomía radical, vigilancia y radioterapia. Sin embargo, en los varones con enfermedad local avanzada o metastásica la indicación es hormonoterapia adyuvante y radioterapia. De ahí la importancia de saber si existen o no adenopatías locales patológicas. En el trabajo publicado en 'NEJM', los investigadores utilizan la RM con un contraste específico del tejido ganglionar a base de nanopartículas monocristalinas con un prolongado tiempo de circulación sanguínea que son capaces de pasar al intersticio y ser absorbidas por la circulación linfática hasta depositarse en los ganglios linfáticos. 

Evaluaron 80 pacientes con cáncer de próstata en estadio T1, T2 o T3 y los resultados fueron después confirmados histopatológicamente tras la cirugía. Con este método son capaces de identificar un 71% de adenopatías malignas menores de 1 cm que no habrían sido evidenciadas con las técnicas convencionales. El método tiene buena especificidad y sensibilidad y sobre todo un altísimo valor predictivo negativo. 

La repercusión clínica esta clara: esta técnica permite seleccionar pacientes susceptibles de linfadenectomía ampliada y delimitar los campos de radioterapia. Otra cuestión es la relación coste-eficacia del procedimiento ya que requiere la realización de dos estudios de RM (con y sin contraste) en 24 horas y tendría que ser aplicado a gran cantidad de pacientes antes de ser tratados. 

En el otro trabajo, los radiólogos utilizan la combinación 'integrada' de CT pulmonar con tomografía de emisión de positrones (PET) para el estadiaje del cáncer de pulmón no microcítico. Comparan los resultados con la realización sólo de CT, sólo de PET o la comparación visual de ambos estudios. El nuevo método proporcionó información adicional respecto a las otras técnicas en 20 de los 49 pacientes estudiados (41%). En opinión de los autores, la PET-CT integrada reduce el número de falsos positivos del PET aislado y localiza áreas tumorales, incluido ganglios, inferiores a 1 cm. 

Esto son sólo dos ejemplos de hacia dónde se dirigen las nuevas técnicas de imagen en oncología. Se trata de rentabilizar al máximo los estudios para que repercutan finalmente sobre las posibilidades de supervivencia de los pacientes permitiendo la elección del tratamiento más adecuado. Cada vez localizamos áreas tumorales más pequeñas y somos capaces de describir su situación funcional.