Resistencia a la acción de la insulina. Evolución histórica del
concepto. Técnicas para el estudio in vivo en humanos
J Cabezas-Cerrato, D Araujo
Endoc Nutr Diciembre 2003. Volumen 50 - Número 12 p. 396 - 406
Aunque fue Himsworth quien, en 1936, hizo por primera vez referencia explícita a
la sensibilidad-insensibilidad crónica a la insulina de esta forma: "diabetes
mellitus its differentiation into insulin-sensitive and insulin-insensitive
types", insistiendo sobre ello en publicaciones posteriores, la expresión no
hacía otra cosa que catalizar en la terapéutica la existencia de dos tipos
mayores de diabetes conocidos desde tiempos remotos y hoy día nominados diabetes
mellitus tipos 1 y 2; y cuando, a caballo entre la década de los sesenta y
setenta, se descubrió que la resistencia a la insulina en la diabetes y en la
obesidad no es sólo para la insulina exógena, sino también para la endógena, y
que la misma constituía un pilar fundamental en el desarrollo de diabetes, la
cuantificación de su grado se ha hecho imprescindible en la investigación
clínica de la diabetes y estados mórbidos relacionados, bien aislados o como
concurrentes integrantes del "síndrome metabólico".
La homeostasis de la glucosa se mantiene dentro de los parámetros de la
normalidad gracias a la estrecha y permanente intercomunicación entre los
tejidos sensibles a la insulina (destacan, por orden de importancia
cuantitativa, el músculo, el hígado y el tejido adiposo) y la célula ß, de modo
que cualquier cambio en la glucemia induce otro adaptativo en la célula ß; luego
la insulina inhibe la producción hepática de glucosa al tiempo que estimula su
captación por los tejidos diana.
Pero para que la insulina ejerza estos efectos, una vez secretada ha de pasar,
vía vena porta, al hígado, difundirse después a la circulación, pasar al
intersticio ("compartimiento remoto del plasma" en la ya antigua terminología),
para, finalmente, alcanzar su receptor intacto en una célula diana intacta. Al
menos, las principales técnicas de determinación de la resistencia a la insulina
in vivo utilizadas en investigación están basadas en esta regulación y hacen
referencia explícita a la misma.
Otras, las más sencillas, también la contemplan, aunque en su aspecto más simple
y último. Se ha de señalar, finalmente, que la sensibilidad a la insulina es muy
variable, aun entre los sujetos normales, y depende de la edad, situaciones
fisiológicas (pubertad, gestación y puerperio, y envejecimiento), el tipo de
dieta, la actividad física, el momento del día y de otros factores desconocidos.
De los métodos para cuantificar la sensibilidad a la insulina in vivo, dirigidos
a la investigación fisiopatológica, el CEH es el estándar oro; y si se le acopla
a las técnicas que se resumen en la figura 5, sus posibilidades en investigación
son extraordinarias. Le sigue en fiabilidad, el MMg, del que varios grupos de
investigación en España se han servido, con resultados notables. Respecto a los
otros métodos basados en la cuantificación basal de la glucosa y de la insulina,
el HOMA es el que ha superado mejor los controles de fiabilidad. En cuanto a los
métodos que utilizan valores de la glucosa y de la insulina post-TTGO, parecen
más robustos que los basados en determinaciones basales, ya que estos últimos
valoran fundamentalmente la sensibilidad a la acción hepática de la insulina,
pero no la captación muscular.