El uso de estrategias activas de autotratamiento para el control del dolor crónico se asocia con menores niveles de discapacidad, menor distrés, menor apoyo en la medicación y menor uso de atención médica formal.

El creciente peso de las enfermedades crónicas sobre los sistemas de salud ha atraído la atención de los gobiernos hacia la importancia de un autotratamiento eficaz de este tipo de enfermedades, comentan la Dra. Fiona Blyth y sus colegas de la University of Sydney. Varios estudios en poblaciones clínicas han demostrado que el autotratamiento de los síntomas se asocia con una mejor evolución de los pacientes. Sin embargo, advierten los expertos, este tipo de estudios puede no incluir al modo más típico de autotratamiento, el cual se produce en personas de la comunidad que no solicitan atención médica. Los autores llevaron a cabo un estudio para investigar en el ámbito comunitario el uso de estrategias de autotratamiento en personas con dolor crónico.

Métodos
Los datos fueron obtenidos mediante una entrevista telefónica asistida por computadora (ETAC) usando métodos de llamada al azar. A los fines del estudio se definió como dolor crónico al experimentado todos los días durante 3 meses o más en los 6 meses previos a la ETAC. Se preguntó a los entrevistados si habían tenido dolor en una o más de 8 áreas corporales (cabeza, cuello, hombros, brazos, pecho, abdomen, espalda y piernas). La discapacidad producida por el dolor fue medida con el cuestionario Grado de Dolor Crónico, que contiene 3 ítems sobre intensidad dolorosa y 4 ítems sobre discapacidad por dolor. Las respuestas en ambas escalas fueron combinadas para definir 4 grados de intensidad dolorosa: baja discapacidad-baja intensidad dolorosa (grado I), baja discapacidad-alta intensidad (grado II), alta discapacidad-dolor moderadamente limitante (grado III), alta discapacidad-dolor muy limitante (grado IV). Se solicitó a los participantes que nombraran hasta 5 estrategias que usaran para controlar su dolor, las que fueron clasificadas en estrategias pasivas (cuando el paciente recibe fármacos o tratamientos físicos, o utiliza maniobras de escape –reposo, baño caliente, etc.–) y estrategias activas (actividad iniciada por el propio paciente para evitar el dolor, excluyendo las maniobras de escape). A su vez, la estrategias activas fueron divididas en conductuales activas (corregir la postura, realizar ejercicio, trabajar, etc.) y cognitivas (relajación, distracción, oración, etc.). Las estrategias pasivas se dividieron en conductuales pasivas (dieta, reposo, baño caliente, etc.) y médicas convencionales (fármacos, fisioterapia, acupuntura, etc.). Se midió el distrés psicológico con un cuestionario de 10 ítems referidos al nivel de ansiedad y síntomas depresivos en el último mes.

Resultados
El estudio incluyó a 2092 personas (1169 mujeres), de los cuales 474 (293 mujeres) informaron dolor crónico. La prevalencia de dolor fue máxima en varones de 70 años o más y en mujeres de entre 60 y 69 años. En general, las personas con dolor crónico informaron con mayor frecuencia el uso de estrategias pasivas de control que de estrategias activas. Además del ejercicio, las estrategias individuales más comunes fueron el uso de medicamentos, el reposo y la aplicación local de calor o frío. El número mediano de estrategias utilizadas fue de 2, y muy pocas personas manifestaron no utilizar ninguna estrategia. Cuando se examinaron los tipos de estrategias usadas, los más comunes fueron la combinación médico convencional/conductual pasivo, conductual pasivo solo, convencional médico solo y conductual activo solo. Raramente se usaron estrategias cognitivas como única estrategia. Sólo el 33,5% de los que usaban estrategias conductuales o cognitivas activas las utilizaban solas, mientras que el 67,7% de los que empleaban estrategias conductuales pasivas o médicas convencionales las usaban como estrategias únicas. El hallazgo demográfico más notable fue la asociación positiva entre el uso de estrategias activas en forma exclusiva y un mayor nivel socioeconómico. En términos de características del dolor, el uso exclusivo de estrategias activas se asoció con 4 veces menos discapacidad por dolor, 2 veces menos localización en varios sitios (3 o más), menor necesidad de ayuda en el hogar, y menor alteración del sueño. En términos laborales, las personas que emplearon sólo estrategias activas tuvieron menor ausentismo. En un modelo de regresión logística múltiple con la discapacidad por dolor (grado III o IV) como variable dependiente, las personas que usaban estrategias médicas convencionales tuvieron 2 veces mayor discapacidad que las que no usaban tales estrategias (riesgo relativo 2,15). Cuando se utilizó como variable dependiente un alto número de visitas al médico y otros profesionales de la salud, el uso de estrategias médicas convencionales y conductuales pasivas se asoció con el triple de riesgo de ser usuario masivo de recursos médicos (riesgo relativo 3,62).

Discusión
Los resultados de este estudio confirman en general la hipótesis de los autores de que el uso de estrategias activas para el control del dolor crónico se asociaría con menores niveles de discapacidad, menor distrés, menor apoyo en la medicación y menor uso de atención médica formal. Las personas con dolor crónico usan un amplio espectro de estrategias de autotratamiento, con frecuente combinación de forma activas y pasivas. El uso de estrategias pasivas solas fue 4 veces más frecuente que el uso exclusivo de estrategias activas. En los modelos de regresión logística, destacan los expertos australianos, el uso de estrategias pasivas se asoció con una mayor probabilidad de tener altos niveles de discapacidad por dolor y de realizar un mayor número de visitas al médico. Los autores recomiendan que se preste mayor atención a las estrategias de control del dolor crónico usadas en la comunidad, para promover el uso de las estrategias de tipo activo.


   Año VI, N° 110, Septiembre 2005