Los AINEs no detienen la progresión del Alzheimer

JAMA 2003; 289: 2819-26

Según un estudio publicado en el último número de la revista JAMA en un ensayo clínico, no se ha podido demostrar el teórico beneficio de los antiinflamatorios en los pacientes con enfermedad de Alzheimer, dado que su administración durante un año no sirve para frenar la evolución de la enfermedad. 

Existen evidencias de laboratorio que indican que los mecanismos inflamatorios contribuyen a las lesiones neuronales que producen la enfermedad de Alzheimer, y evidencias epidemiológicas que sugieren que los antiinflamatorios no esteroideos (AINES) pueden tener una influencia favorable en el curso de esta enfermedad. Los autores de este estudio se plantearon por tanto, demostrar si el tratamiento con inhibidores selectivos de la ciclooxigenasa (COX-2, rofecoxib) o un AINE tradicional (naproxeno), podrían ralentizar el deterioro cognitivo en pacientes con Alzheimer moderado. 

Para ello realizaron un estudio multicéntrico, aleatorizado, doble ciego, controlado con placebo en el que incluyeron 351 pacientes que fueron seguidos durante un año. Los sujetos tenían enfermedad de Alzheimer moderada, con un minimental que puntuaba entre 13 y 26. se les permitió tomar simultáneamente y de forma crónica inhibidores de la colinesterasa, estrógenos, bajas dosis de aspirina o vitamina E. Se aleatorizaron en 3 grupos: 25 mg de rofecoxib una vez al día, 220 mg de naproxeno dos veces al día o placebo. 

La variable principal de valoración fue el cambio en la Escala Cognitiva de la Enfermedad de Alzheimer (ADAS-Cog), un instrumento que evalúa la memoria, la atención el razonamiento, le lenguaje, la orientación y la praxis. Se consideró un beneficio significativo una reducción menor del 50% en los pacientes tratados con fármacos comparados con el grupo placebo. Además se midieron otras escalas que valoran también aspectos neuropsiquiátricos o de calidad de vida. 

Tras un año de tratamiento el cambio en la puntuación de la ADAS-Cog fue de 5,8 en los pacientes tratados con rofecoxib, 7,6 en los tratados con naproxeno y 5,7 en los tratados con placebo, sin que esto supusiera diferencias entre los grupos. Tampoco hubo diferencias en las otras escalas utilizadas. En cuanto a los efectos secundarios fueron más frecuentes en el grupo de tratamiento activo (fatiga, mareo e hipertensión fundamentalmente) que en el grupo placebo. 

Los autores concluyen que pese a los teóricos beneficios de los antiinflamatorios en la enfermedad de Alzheimer, su estudio no ha podido demostrar una mejor evolución de los pacientes tratados con AINES o con inhibidores de la COX-2 respecto a los tratados con placebo. Considerando además su riesgo de toxicidad no deben ser recomendados con este fin.