Esta revisión permite identificar 2 grandes errores de concepto. El nihilismo
terapéutico, que debemos desechar a la vista de los resultados que la cirugía
proporciona en la actualidad, y la no-centralización, al haberse demostrado
mejores resultados, tanto en términos de morbimortalidad como de supervivencia,
en centros de alto frente a los de bajo volumen.
En cuanto a los errores de tratamiento, esta revisión permite identificar otros
muchos, entre los que destacamos: menospreciar la historia clínica, que posee un
gran valor y sigue siendo el pilar sobre el que afianzar todo el proceso
diagnóstico; el empleo sistemático del drenaje biliar preoperatorio, antes
considerado como obligatorio, y que debe emplearse de forma muy selectiva en
pacientes con ictericias intensas o con infecciones de la vía biliar; considerar
de escasa fiabilidad las pruebas de imagen preoperatorias, cuando las técnicas
radiológicas actuales, en especial la tomografía computarizada helicoidal,
proporcionan una fiabilidad a la hora de establecer la resecabilidad tumoral muy
alta, por lo que debemos confiar en ellas a la hora de planear cualquier
tratamiento (más aun, esa alta fiabilidad radiológica ha hecho que la
estadificación laparoscópica haya perdido valor diagnóstico); disponer de un
diagnóstico histológico preoperatorio, que no es obligatorio excepto en el caso
de que planteemos una terapia neoadyuvante o que sospechemos formas tumorales
que precisen otro tratamiento distinto al quirúrgico; despreciar el empleo de la
paliación biliar quirúrgica, pues ésta posee mejores resultados a largo plazo
que la instrumental, por lo que aún desempeña un papel en pacientes con buen
estado general con expectativa vital prolongada; la realización sistemática de
una derivación digestiva junto a la biliar, pues sólo debe efectuarse en caso de
tumores del uncinado u obstrucción digestiva inminente; el uso de técnicas
quirúrgicas suprarradicales, como la pancreatectomía regional, la total o la
extendida, pues no prolongan la supervivencia tras resección (más aun, el empleo
de las resecciones vasculares sólo se justificarían en caso de que pudiéramos
hacer una resección con márgenes libres); despreciar el control postoperatorio
estricto en el seno de unidades especializadas, pues éste es clave en la
reducción de las tasas de morbimortalidad de esta cirugía, y finalmente, y ante
la presencia de un incidentaloma pancreático intraoperatorio, efectuar maniobras
diagnósticas como la toma de biopsias o la movilización pancreática, pues sólo
dificultarían la interpretación radiológica posterior y una posible intervención
quirúrgica.
Palabras clave: Cáncer de páncreas. Nihilismo. Centralización. Cirugía radical.
Laparoscopia. Drenaje biliar. Paliación.