Mercurio, aceites de pescado y riesgo de infarto de miocardio
Eliseo Guallar, M.D., Dr.P.H., M. Inmaculada Sanz-Gallardo, M.D., M.P.H., Pieter van't Veer, Ph.D., Peter Bode, Ph.D., Antti Aro, M.D., Ph.D., Jorge Gómez-Aracena, M.D., Ph.D., Jeremy D. Kark, M.D., Ph.D., Rudolph A. Riemersma, Ph.D., José M. Martín-Moreno, M.D., Dr.P.H., Frans J. Kok, Ph.D., for the Heavy Metals and Myocardial Infarction Study Group
NEJM 2002;347:1747-54;1755-60
El presente trabajo relaciona el riesgo cardiovascular con los niveles de mercurio. Si se confirman estos resultados, la recomendación tan en boga de aumentar el consumo de pescados ricos en ácidos grasos omega-3 por sus efectos cardioprotectores, podría quedar obsoleta. Al fin y al cabo, el consumo de especies marinas es la principal vía de entrada de mercurio al organismo.
El mercurio es un metal pesado con efectos tóxicos bien conocidos en el ser humano, en especial sobre el sistema nervioso. La fuente principal de este metal es el pescado de nuestra dieta; salvo los peces procedentes de zonas con elevadas tasas de contaminación, no todas las especies contienen la misma cantidad de mercurio. En general, los especies más longevas como el tiburón, caballa, pez espada o besugo, son las que contienen cantidades más altas.
El trabajo relaciona el riesgo cardiovascular con los niveles de mercurio. El ensayo, un estudio de casos y controles en varones, evalúa la relación entre niveles de mercurio en las uñas – un método de cuantificación muy fiable – con el riesgo de sufrir un primer infarto de miocardio (IAM). Los casos incluyeron a 684 varones con un diagnóstico de infarto de miocardio y los controles fueron 724 varones representativos de esa misma población y sin enfermedad coronaria.
Los resultados fueron inequívocos en este caso: los niveles de mercurio fueron un 15% más elevados en los pacientes con IAM que en los controles. Visto de otra manera, el OR de IAM es de 2,16 para los sujetos en el quintil de mercurio más elevado comparado con los del quintil con niveles más bajos. El ensayo no se queda sólo en esta afirmación, ya que los autores midieron además la cantidad de ácidos grasos omega 3 mediante la determinación de ácido docohexaenoico en el tejido adiposo. Esta medida se correlaciona bastante fielmente con la cantidad de lípidos consumidos derivados del pescado. En este caso se observó una relación directa entre la cantidad de lípido y la ausencia de infarto.
Puede decirse, afirman los autores, que existe una relación directa entre mercurio y riesgo de infarto. Dada la recomendación actual de consumir peces ricos en ácidos grasos omega-3 por su efecto cardiprotector y la presencia de mercurio en el pescado como fuente principal de contaminación por este metal en la población general, los investigadores se plantean la posibilidad de que el efecto beneficioso de este mayor consumo de pescado pudiese verse contrarrestado por los efecto nocivos del mercurio que trasportan estos animales.
Como casi siempre, las cosas no acaban de estar claras. En este mismo número de NEJM se publica otro trabajo que también determina niveles de mercurio en la uña de dentistas y otros profesionales sanitarios. En este caso, los autores no encuentran ninguna relación entre el mercurio corporal y el riesgo de enfermedad coronaria en esta amplia cohorte de más de 33000 sujetos seguidos durante 5 años. Sin embargo, los autores opinan que esta falta de correlación podría explicarse porque este grupo de población está expuesto – a través de las amalgamas, fundamentalmente a mercurio elemental y no al metilmercurio encontrado en los peces.
Los niveles elevados mercurio son capaces de producir alteraciones neurosensoriales como trastornos de la visión o sordera y lo que es más grave, interfieren con el desarrollo neurológico normal, algo especialmente grave para las mujeres embarazadas, las lactantes o los niños de corta edad.
Debido a su toxicidad, existe una legislación relativamente rígida sobre las cantidades máximas de mercurio permitidas en el agua y en los alimentos. Sin embargo, las últimas evidencias científicas adjudican una mayor capacidad del metilmercurio para alterar el desarrollo del sistema nervioso fetal de forma leve pero significativa, algo que ha llevado a las autoridades americanas a reducir aún más los niveles tolerables de mercurio y a emprender nuevos estudios que evalúen el problema. Por el momento, y a falta de trabajos más extensos, se ha desaconsejado el consumo de determinadas especies de pescado, con alto contenido en este metal, a mujeres en período de lactancia y a niños de corta edad.
La pregunta se centra ahora en cuáles son las cantidades adecuadas de pescado que se deben consumir, sobre todo de algunos productos tan comunes como una simple lata de atún en niños. Según los expertos, incluso para mujeres embarazadas, parece relativamente seguro consumir entre 2 y 4 raciones semanales de pescado ricos en omega-3 y bajos en mercurio como el salmón o la sardina.