Informe oficial de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Sociedad internacional de Hipertensión para el manejo de la hipertensión 2003

World Health Organization, International Society of Hypertension Writing Group
Journal of Hypertension 2003, 21: 1983-1992


Se presentan las recomendaciones oficiales de la OMS, elaboradas por la Sociedad Internacional de Hipertensión, para manejar la HTA. Se pretende ofrecer una guía válida para diferentes países y sistemas de salud, especialmente aquellos con menos recursos sociosanitarios.
El informe se divide en tres partes:
1) Valoración del riesgo cardiovascular para establecer los umbrales de tratamiento y los objetivos terapéuticos
2) Estrategias de tratamiento farmacológicas y no farmacológicas
3) Costo-efectividad del tratamiento farmacológico

1) Se consideran tres grupos de riesgo en función del riesgo de ictus o IAM en 10 años:
a. Bajo riesgo (menos de 15%): HTA grado 1 (140-159/90-99) sin otros factores de riesgo asociados
b. Alto riesgo (más de 20%): HTA grado 3 (>180/110) o 3 o más factores de riesgo, o daño a órganos diana, o enfermedad cerebrovascular, diabetes, enfermedad renal o arteriopatía periférica.
c. Medio riesgo (15-20%): el resto de casos

El umbral para iniciar el tratamiento para los individuos de bajo y medio riesgo está en TAS > 140 y/o TAD > 90. No se establece diferencias por sexo ni edad hasta los 80 años. Por encima de los 80 años se debe individualizar el tratamiento ante la falta de evidencias, pero no se deben retirar tratamientos previos. El objetivo terapéutico en estos pacientes no ha variado desde el estudio HOT que mostró reducción óptima de los eventos cardiovasculares por debajo de 139/83. Sin embargo, análisis post-hoc del HOT sugieren que la mayoría del beneficio se obtiene si se consigue TA por debajo de 150/90 y este objetivo puede ser aceptable en algunos sistemas sanitarios con escasos recursos. Por otro lado, datos recientes sugieren menor número de eventos a menores cifras de TA. Finalmente, por encima de los 55 años debe hacerse hincapié en la TAS que debe estar por debajo de 140.
El umbral de tratamiento para los individuos de alto riesgo está por debajo de lo recomendado previamente y se debe realizar tratamiento farmacológico independientemente de las cifras de TA. El objetivo óptimo en los pacientes de alto riesgo no está establecido. Se recomienda en diabéticos TAS < 130 y TAD < 80. No se establece un umbral claro en insuficiencia renal o pacientes con enfermedad cardiovascular previa, probablemente mejor cuanto más bajo.

2) Medidas no farmacológicas: en todos los individuos se deben recomendar las modificaciones del estilo de vida, que incluyen sobre todo dejar de fumar por su beneficio sobre el riesgo cardiovascular global, y respecto al control de la HTA perder peso en obesos, hacer ejercicio, moderar ingesta de alcohol, realizar dieta con fruta fresca, verduras y sin grasas saturadas, disminuir la ingesta de sal y aumentar la de potasio.
Medidas farmacológicas: en los pacientes sin una indicación específica para otra clase de antihipertensivo, un diurético a dosis bajas debe ser la primera elección por sus resultados comparables a las otras clases y su menor coste. No obstante la mayoría de los pacientes necesitan varias clases de fármacos para alcanzar los objetivos terapéuticos y uno de ellos debe ser un diurético. Las indicaciones específicas son similares a las de la guía ESH/ESC.

3) A grandes rasgos y analizando la evidencia de los ensayos disponibles, los antihipertensivos de primera línea son equivalentes en eficacia y seguridad y, por tanto, las tiazidas son de elección porque son las más baratas y por tanto las más coste-efectivas. En determinadas situaciones específicas otros fármacos ofrecen beneficios adicionales y, aunque más caros, son probablemente coste-efectivos. En los pacientes de alto riesgo cardiovascular el tratamiento, incluso con varios fármacos, puede ser coste efectivo. En los pacientes de bajo riesgo el tratamiento probablemente no es coste efectivo salvo que sea muy barato.
Se proponen medidas a nivel poblacional como promulgar leyes que promuevan disminuir la cantidad de sal en los alimentos industriales y en los restaurantes, que serían claramente costo-efectivas.