Introducción
Cada vez se acepta más que el asma es un síndrome y no una enfermedad específica. La patogenia subyacente, las manifestaciones clínicas y la historia natural presentan una heterogeneidad sustancial. Las medidas convencionales de funcionalidad respiratoria, tales como la obstrucción de la vía aérea y la reversibilidad bronquial, brindan información asociada con el fenotipo fisiológico del asma. Sin embargo, debido a que existe una superposición considerable entre el asma y otras enfermedades respiratorias, sólo tienen una utilidad limitada. Más recientemente se propuso la incorporación del esputo inducido para conocer los diferentes fenotipos del asma; de hecho, si bien la infiltración eosinofílica es un hallazgo fundamental, en ocasiones los neutrófilos pueden ser las principales células. Este fenómeno tiene una importancia terapéutica decisiva porque el asma con inflamación eosinofílica es la forma que mejor responde al tratamiento con corticosteroides.
Otro marcador es el óxido nítrico espirado (FeON) que, a diferencia del esputo inducido, es una técnica de fácil realización y que brinda resultados reproducibles. La determinación del FeON representa un marcador de la eosinofilia en la vía aérea. Los enfermos con asma atópica tienen mayor FeON en comparación con controles sanos; sus niveles descienden después del tratamiento con corticosteroides. Además, su concentración casi siempre es baja en ausencia de inflamación eosinofílica; en esta situación se deben considerar diagnósticos alternativos, como asma neutrofílica, ansiedad/hiperventilación, disfunción de las cuerdas vocales, rinosinusitis, reflujo gastroesofágico, enfermedad pulmonar obstructiva crónica o enfermedad cardíaca.


Inicio e interrupción del tratamiento con corticoides
La decisión de comenzar el tratamiento con corticoides inhalatorios (CI) en un paciente con tos, sibilancias o disnea suele ser empírica ya que se asume que los síntomas obedecen a la presencia de inflamación no controlada de la vía aérea. No obstante, esta presunción no es del todo correcta; por ejemplo, la correlación entre los síntomas respiratorios y la inflamación bronquial no es exacta y, en segundo lugar, no todos los enfermos con inflamación de la vía aérea responden favorablemente al tratamiento con CI.
Un trabajo reciente reveló que la determinación del FeON podría ser de mayor aplicabilidad en este sentido. En el estudio, la respuesta a los CI fue sustancialmente mayor en los enfermos con FeON de más de 47 ppb. La determinación del FeON también puede ser de ayuda cuando se decide interrumpir el tratamiento con CI. En un estudio, a diferencia de los enfermos que no tuvieron recidiva de la enfermedad después del cese de la terapia, los pacientes que presentaron una recaída tuvieron niveles gradualmente en aumento de la FeON. La ausencia de eosinófilos en esputo en combinación con FeON bajo anticipa buena evolución después de la interrupción del tratamiento con CI.


Optimización del tratamiento antiinflamatorio
En muchos países existe la tendencia a aumentar la dosis de CI cuando no se observa la respuesta esperada (pacientes con asma persistente). Esta conducta se asocia con elevación sustancial del costo del tratamiento y con mayor riesgo de efectos adversos sistémicos. Por ende, cualquier estrategia que permita mejorar la relación entre costo y beneficio es, sin dudas, de gran valor.
El tratamiento debería estar determinado por alguna “medición de inflamación” y no sólo por los síntomas, el uso de medicación de rescate y el pico de flujo, tal como ocurre en la actualidad. Por ejemplo, dos grupos demostraron que la evolución de los pacientes mejoraba cuando las modificaciones del tratamiento se basaban en los resultados del esputo inducido. Sin embargo, este procedimiento no es fácilmente aplicable en la práctica diaria. Al contrario, la medición del FeON podría ser de gran ayuda en el ajuste del tratamiento, en pacientes con asma crónica persistente.


Asma de difícil control
El FeON, además de ser de ayuda en enfermos con síntomas respiratorios inespecíficos, también es de utilidad en la evaluación de pacientes con enfermedad grave o de difícil control. Más aún, actualmente se dispone de bastante información para poder interpretar correctamente los resultados. En resumen, los niveles bajos de FeON (por debajo de 25 ppb) en un individuo asintomático sugieren que puede descenderse la dosis de CI e inclusive interrumpirse la terapia. Los niveles bajos en un individuo con síntomas revelan que, cualquiera sea la causa de la persistencia de las manifestaciones, difícilmente las mismas obedezcan a infiltración eosinofílica en la vía aérea. En este caso debe replantearse el diagnóstico de asma y deben buscarse otras afecciones que pueden contribuir en la persistencia de la enfermedad, tales como rinosinusitis, reflujo gastroesofágico o hiperventilación por ansiedad, a menudo presentes en forma simultánea.
Por el contrario, los niveles altos de FeON en un sujeto sin síntomas deben interpretarse en el contexto de la historia clínica; desafortunadamente, añaden los autores, en los pacientes con asma activa no predicen exacerbación. Finalmente, la concentración elevada de FeON en enfermos con síntomas sugiere que el tratamiento no es el adecuado. En este caso, antes de incrementar la dosis de los CI debe evaluarse la maniobra de inhalación.


Problemas prácticos
Todavía quedan varios interrogantes en relación con la aplicabilidad de la medición de FeON en la práctica. Por un lado deben definirse con mayor precisión los puntos de corte, un aspecto fundamental en el diseño e interpretación de los estudios clínicos al respecto. De hecho, la interpretación de los valores intermedios (entre 25 y 50 ppb) es, aún hoy, incierta. Cabe mencionar que los umbrales que actualmente se consideran fueron obtenidos a partir de sujetos sanos o con asma leve a moderada.


Conclusión
La medición del FeON surge como una interesante herramienta adicional para establecer el tratamiento óptimo en pacientes con asma y cada vez parece más factible su incorporación en la práctica clínica diaria.


    Año X, N° 154, Mayo 2009